16 de abril 2010 - 00:00

Hasta el yerno “pinchado” bailó por los 80 de Macri

Hundirle el rostro en la torta de cumpleaños al padre es una vieja costumbre de los Macri. En la foto -incluida en el libro álbum familiar «Francisco Macri»- lo asiste su hija Sandra. Se repitió ayer a la madrugada en un local de San Telmo.
Hundirle el rostro en la torta de cumpleaños al padre es una vieja costumbre de los Macri. En la foto -incluida en el libro álbum familiar «Francisco Macri»- lo asiste su hija Sandra. Se repitió ayer a la madrugada en un local de San Telmo.
No se salvó Franco Macri ayer a la madrugada que uno de sus hijos le festejase el cumpleaños con esa infantilada de hundirle el rostro en la crema de la torta alusiva. Tampoco de algunas presencias que pueden hasta tener prolongaciones judiciales, como la de su yerno, el parapsicólogo Néstor Leonardo, quien denunció que el suegro había mandado a espiarlo y pinchar sus teléfonos. La alegría familiar mitigó los reproches. La intención de los cinco hijos del empresario, organizadores de la fiesta, que se hizo en el barrio porteño de San Telmo en el Zanjón de Granados, era superar las inquinas familiares que los separan por estas incidencias que terminaron en el llamado a indagatoria del hijo más famoso, Mauricio. Y también dar por terminadas otras historias sobre el destino del patrimonio familiar.

La fiesta consistió en un alucinante buffet de parado con islas de shushi, frutos de mar, piernas de todos los animales imaginables para servir en sanguchitos y el infaltable video; en realidad, dos.

La primera proyección en decenas de televisores dispuestos en las galerías del Zanjón mostró imágenes y leyendas del libro que mandó Macri a editar para regalarles a los invitados con historias vividas por el empresario a lo largo de su vida. Ese libro «Francisco Macri» relata éxitos y fracasos, hasta el mítico y frustrado proyecto de desarrollar un «Puerto Madero» en los viejos muelles de la terminal fluvial de Nueva York a finales de la década de los años 70, en el cual trabajó el famoso arquitecto Rafael Vignoly, quien prologa el volumen biográfico editado por la consultora Doris Capurro.

Ese libro, que les llegará a los invitados en la semana próxima, no incluye el rico anecdotario que relató Macri en una recordada biografía que le escribió hace 20 años el novelista Eduardo Gudiño Kieffer. El segundo video fue una serie de saludos de amigos, empresarios y, especialmente, de sus hijos. Mauricio ensayó éste: «Ochenta años son muchos, pero tenemos que prepararnos para lo que papá va a hacer en los próximos años». Cerró Florencia, la hija menor, con cantos «al mejor papá del mundo», tan emotivos que hicieron llorar a las damas.

Apenas terminó ese recuerdo, comenzó a tocar la orquesta, y la concurrencia se lanzó al baile. El primero de todos en salir a la pista fue el parapsicólogo Leonardo que hizo trencito con su esposa Sandra Macri y el resto de sus cuñados (Mauricio, Gianfranco, Mariano y Florencia). «Se ve que se amigó con mi viejo», fue el único comentario de Mauricio Macri al ver el espectáculo.

La lista de invitados incluyó a todas las capas geológicas de la biografía de Franco, quienes trabajaron con él y los habitués de sus fiestas familiares con pasta y baraja y las celebraciones de fin de año en Manantiales con panettone traído de Italia. No estaba quien traficaba esas delicias todos los años, su amigo Giorgio Nocella, quien se recupera de una enfermedad (se hizo representar por su hijo). Estaba el otro Giorgio, Di Lorenzo, amigo de Mauricio. De los afectos, sólo la esposa del festejado, Nuria Quintela.

Se emocionó cuando saludó a viejos socios, en particular, cuando ingresaron los integrantes de la primera sociedad que formó en los comienzos de su actividad como empresario.

Casi no hubo políticos, salvo Daniel Scioli y Enrique Nosiglia. Al gobernador lo saludó como hijo de quien fue un gran amigo y a quien conoce desde hace 30 años.

Las invitaciones de la noche del miércoles eran todo un compromiso, porque había competencia: a la misma hora, el Gobierno agasajaba en el Palacio San Martín al presidente de Rusia, Dmitri Mevdévev, y también un grupo de amigos celebraba el 92° cumpleaños de Julio Werthein en el local de los Castañón en el Bajo Flores. Muchos de los presentes hicieron doblete y hasta triplete de cenas, entre ellos, Eduardo Eurnekian, Ernesto Gutiérrez, Cristiano Rattazzi, Aldo Roggio, Gregorio Chodos, Luis Cetrá, Alejandro Bulgheroni, a quienes se agregaron amigos de la infancia de Mauricio, como Nicolás Caputo o José Torello, lo más parecido a políticos en el entorno macrista, y el ministro Néstor Grindetti, ex gerente de Socma. Triscaron también Valeria Mazza con Alejandro Gravier, Patricia Miccio, Alan Faena, toda la etnia de los primos Calcaterra y Patricia Awada, la nueva relación de Mauricio. Pese a la competencia, hubo 320 asistentes.

La reciente singladura del empresario con los chinos, entre otros proyectos la fabricación de autos, justificó la ambientación de la fiesta (el salón estaba cargado de lámparas y lienzos con motivos orientales que estuvo a cargo del relacionista público Wally Diamante, amigo de Mauricio, y del caterer Tommy Perlberger).

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