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Heridas de 2012 alimentarán el mal humor en el Congreso
Federico Pinedo, Carlos Kunkel, Elisa Carrió y Claudio Lozano.
Pero como sucedió con la inclusión de un artículo sorpresa en la reforma a la Carta Orgánica del BCRA, que permitió extender los préstamos a otro «10% de los recursos en efectivo que el Gobierno nacional haya obtenido en los últimos 12 meses» (cuando ya existían dos límites similares para calcular la capacidad prestable), en este caso también hubo una inclusión de último momento sin haber notificado a la oposición.
Así, Roberto Feletti anunció a último momento que entre las facultades de la CNV se incluiría la de «designar veedores con capacidad de veto de las resoluciones adoptadas por los Órganos de Administración de la entidad en cuestión, cuyas disposiciones serán recurribles en única instancia ante el Presidente de la Comisión» y «separar a los Órganos de Administración de la entidad en cuestión por un plazo máximo de 180 días hasta regularizar las deficiencias encontradas. Esta última medida será recurrible en única instancia ante el ministro de Economía y Finanzas Públicas». Todo cuando a su parecer se estuvieran vulnerando los derechos de los accionistas minoritarios. Con esa decisión se complicó todo el humor para el fin de año y, de hecho, el debate de esa ley en el Senado terminó en un escándalo con denuncias entre las bancas.
De todo el menú que se vio en el Congreso en 2012, el menos conflictivo fue obviamente el de los códigos. Tras un debate que parece ya una gira de campaña por todo el país, ese proyecto será el que acompañará la rutina legislativa de buena parte de 2013. No es seguro, entonces, que las modificaciones que se introducirán al proyecto oficial (el que por otra parte introdujo fuertes cambios al anteproyecto que había elaborado la comisión presidida por el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti), vayan a tener una rápida votación cuando el Congreso vuelva a sesiones ordinarias a partir del 1 de marzo.
Ese debate, además, pareció complicarse a medida que avanzaban los cruces entre el Gobierno, la Justicia y el Grupo Clarín por la aplicación del artículo 161 de la ley de medios. La reforma salió de la comisión especial integrada por Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco y Aída Kemelmajer de Carlucci. Ese trío planteó una reforma que presentó ante la Casa Rosada. Un mes después, Cristina de Kirchner la giró al Congreso en forma de proyecto y «sugiriendo» que se conformara una comisión bicameral especial para analizar una modificación tan extensa como ésa en forma unificada entre el Senado y Diputados. Y le puso plazo: en 90 días debía haber dictamen.
No sólo eso no sucedió, ya que la bicameral comenzó a girar por el país realizando audiencias públicas para debatir el nuevo Código, sino que con el paso del tiempo comenzaron a detectarse importantes diferencias entre los artículos que redactó la comisión de juristas y los que se presentaron en el Congreso.
Pero el punto que más debate generó y que será centro de las disputas en el Congreso sobre este tema en 2013 son los cambios que la Presidente le introdujo a lo elaborado por Lorenzetti.
El presidente de la Corte mantuvo en estos meses una actitud conciliadora con esas reformas, recordando en todo momento que el Poder Ejecutivo siempre se guardó la opción de tomar caminos alternativos a los propuestos por la comisión especial para la unificación de códigos.
Ahora, con el claro alejamiento entre el Gobierno y de la Corte Suprema, el escenario puede ser otro, por ejemplo, sobre la eliminación que hizo el Ejecutivo del capítulo completo que legislaba sobre la responsabilidad civil del Estado. Esto es, la responsabilidad patrimonial imputable a éste por hechos, decisiones u omisiones de los funcionarios que pudieran perjudicar a un particular. El kirchnerismo creyó que ese tema debía quedar para un tratamiento aparte en el futuro.
Otra diferencia clave y que tendrá efectos prácticos en las conductas contractuales de los ciudadanos está en la marcha atrás que se da con el sistema bimonetario que estableció la Ley de Convertibilidad en el Gobierno de Carlos Menem. El proyecto establece que una obligación estipulada en moneda extranjera se transforma en una obligación de dar cosas que puede cancelarse en moneda de curso legal, es decir, en pesos.
El artículo 765 explica que «la obligación es de dar dinero si el deudor debe cierta cantidad de moneda, determinada o determinable, al momento de la constitución de la obligación. Si, por el acto por el que se ha constituido la obligación, se estipuló dar moneda que no sea de curso legal en la República, la obligación debe considerarse como de dar cantidades de cosas y el deudor podrá liberarse dando el equivalente en moneda de curso legal».
En tanto, el artículo 766 sostiene que «el deudor debe entregar la cantidad correspondiente de la especie designada».
No es lo que Lorenzetti, Highton de Nolasco y Kemelmajer escribieron en el proyecto, cuando decidieron mantener la posibilidad de celebrar contratos en dólares y que éstos fueran cancelados exclusivamente en dólar billete si así quedaba establecido en el acuerdo.
En un año electoral quedarán atrás otras peleas que debió enfrentar el Congreso en 2012. Una de ellas, el rechazo al pliego de Daniel Reposo como nuevo procurador general de la Nación, terminó confirmándose como una de las pocas derrotas del Gobierno en el Congreso este año. Quizás fue poca la capacidad de maniobrar cuando no se tienen votos, o el ímpetu por cumplir con un pedido de la Casa Rosada, pero lo cierto es que el kirchnerismo podría haber evitado ese mal paso si hubiera calculado que para nombrar al reemplazo de Esteban Righi, renunciado en la Procuración tras la denuncia de Amado Boudou, el oficialismo debía reunir los dos tercios de los votos, número que el Gobierno difícilmente pueda reunir en el Senado. Por el contrario, el acuerdo a Alejandra Gils Carbó pasó casi sin trámite.

