7 de mayo 2009 - 00:00

Historias dramáticas en un hospital del Distrito Federal

México DF - Los síntomas de la gripe porcina le impiden dormir, pero tampoco puede abrir los ojos, jadea y aunque está acostado se sostiene con una mano del trípode del suero. Es una de las trágicas escenas en las salas de aislamiento de un hospital mexicano que registró muertos por el virus H1N1.

Enfundados con trajes especiales que incluyen lentes y zapatos aislantes, los enfermeros y médicos son los únicos que tienen acceso a las salas de aislamiento del pabellón número cinco del estatal Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), creado a raíz de la epidemia.

«El tiempo de aislamiento es de siete días una vez que han iniciado su tratamiento», explica frente a los pacientes aislados Alejandra Ramírez, neumóloga en jefe del pabellón, una menuda mujer de voz firme de unos 40 años.

Los 23 pacientes que tiene el pabellón están divididos de cuatro en cuatro en las salas de aislamiento y los grupos responden a su estado de salud.

En algunas los pacientes leen, en otras conversan entre ellos, en otras simplemente parecen inconscientes, desplomados, respiran sólo con ventilación mecánica.

«Tenemos dos casos graves, llegaron muy tarde, el resto de los que tenemos acudió con mayor prontitud y están reaccionando muy bien al tratamiento, y eso fue lo que no sucedía cuando explotó la epidemia, llegaban demasiado tarde», añade la neumóloga del INER, que atiende primordialmente a personas pobres.

Los estudios de laboratorio que confirman la presencia del H1N1 en el paciente comenzaron a realizarse en el INER el domingo pasado, por ello la neumóloga dice con parquedad que no tiene el número preciso de contagiados internados ni los muertos en el pabellón, y también asegura que no hay ningún paciente en posibilidades de dar entrevistas.

Los médicos del INER, pacientes y el resto del personal fueron víctimas de un acoso mediático sin precedentes durante los primeros días de la epidemia. Decenas de periodistas se apostaban día y noche en la puerta del instituto abordando a cualquier persona que saliera o pasara por allí, mientras que helicópteros de televisoras y radiodifusoras sobrevolaban las instalaciones del instituto.

«Para nosotros no es determinante la cuestión epidemiológica del paciente, lo único que nos importa es por lo que llegaron al hospital: una neumonía atípica grave porque el tratamiento es el mismo si tiene o no» H1N1, dice tajante la médica.

Para evitar el contagio cualquier persona ajena que tenga que entrar al pabellón debe lavarse exhaustivamente las manos, usar después un potente gel antibacteriano y una bata desinfectada y, por supuesto, la mascarilla.

Agencia AFP

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