Aunque coinciden en que en líneas generales el paquetede medidas anunciadas por Cristina de Kirchner es positivo, los economistas no creen que el impacto en la economía vaya a ser tan significativo como lo plantean en ámbitos oficiales. Particularmente en cuanto al blanqueo de capitales, mientras en el gobierno aspiran a un ingreso de más de u$s 10.000 millones por la repatriación de fondos, los estudios privados bajan la expectativa a la mitad.
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En las consultoras aseguran que, aun así, lo importante es que el gobierno haya dado señales de que apura decisiones a nivel local porque la crisis internacional afectará a la Argentina, y principalmente al crédito y al empleo. Pero coinciden en que hace falta generar un clima de estabilidad y confianza general para que los inversores vuelvan a creer en el país. «No creo que sea una traba impositiva la razón por la que se fueron los capitales del país. Por eso no habrá un impacto significativo en cuanto a los montos que vayan a ingresar ahora. Hubiera sido mejor que la repatriaciónllegue porque los residentesvuelven a tener confianzaen la Argentina», dijo a este diario Daniel Artana, economista de FIEL.
Cálculos difíciles
Los cálculos en este sentido son difíciles de hacer porque tampoco hay cifras ciertas sobre los fondos de argentinos en el exterior, aunque se estima que superan los u$s 150.000 millones. En el estudio Bein & Asociados hicieron un análisis de qué porcentaje de ese dinero eventualmente volvería una vez que se instale el plan. La economista Marina Dal Poggetto, de ese estudio, explicó a Ambito Financiero que se tomó como muestra lo que sucedió en el último plan de repatriación de capitales implementado en 1992, enmarcado en la Ley N 24.073, que modificaba el Impuesto a las Ganancias. «La norma establecía la posibilidad de repatriar moneda extranjera, títulos y bienes radicados en el exterior, así como también depósitos en cuenta corriente, caja de ahorro y plazo fijo», dijo. En aquel plan, el plazo para llevar a cabo la repatriación de los fondos era de cuatro años a partir de la fecha de la ley. Para poder acogerse al régimen, debía aportarse al fisco el equivalente a 2% anual del monto en cuestión y, al momento del blanqueo, un porcentaje adicional.
Aportes
«Esa medida aportó recursos al fisco durante los cuatro años siguientes por entre el 1,9% y 2,4% de la recaudación entre 1992 y 1994. Hoy, 2,4% de la recaudación equivale a cerca de u$s 6.000 millones», señaló.
Coincide el economista Ricardo Delgado, aunque es aún menos optimista. «Ya hubo medidas similares y no funcionaron aun cuando la Argentina venía en la fase creciente del ciclo, saliendo de la hiperinflación. ¿Por qué capitales van a regresar si huyeron por la volatilidad económica local? Pensar que lo harán solo por incentivo fiscal, sin condiciones que hacen a la inversión (reglas claras, precios relativos estables y normas laborales predecibles) es ingenuo», explicó.
Diana Mondino, economistade UCEMA, puso otros reparos sobre el plan de blanqueo. «Una repatriación de capitales es, entre otras cosas, contraria a la posibilidad de imponer un impuesto a la renta financiera, por lo que habría que ver, una vez que se implemente, la letra chica de la norma», dijo.
Marco
El analista Manuel Solanet fue más terminante aún. «Más allá de la cuestión moral que pueden implicar estas medidas, si no se dan en un marco de generación de confianza, serán escasamente efectivas.
La experiencia histórica para los inversores es dolorosa en materia de derecho de propiedad. Desde el punto de vista práctico, la medida va en buen sentido, aunque será insuficiente sin un marco de confianza que se lograría con un vuelco de 180 grados de las políticas que se implementan».
En cuanto a las medidas con impacto en el ámbito laboral, Artana sostuvo que resultan más novedosas.
«Es razonable condonar deuda a pymes, pero las decisiones siguen siendo tibias. Si se quiere bajar costos a empleadores, lo lógico sería que los aportes sean computados por otros impuestos», explicó.
Para Delgado también en este punto es imprescindible generar más confianza. «El empleo no depende exclusivamente de estímulos fiscales, sino de la demanda, de las perspectivas de crecimiento», concluyó.
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