- ámbito
- Edición Impresa
Intento imposible para enamorar a la clase media
«En Venezuela nos están infectando con la enfermedad de la polarización», dijo a Ámbito Financiero desde Caracas el periodista y sociólogo Jesús Torrealba. Para él, Chávez no se aparta un ápice de la estrategia «repolarizante y revolucionaria prometida después de las elecciones legislativas del 26 de septiembre, por la que busca reavivar la brecha entre ricos y pobres, entre izquierda y derecha».
Consultoras como Ecoanalítica señalan que desde el día posterior a los comicios el Gobierno aceleró la ola expropiadora, al tomar el control de 26 empresas. En lo que va del año, suman 79 las que pasaron a manos del Estado, mientras que llega a 266 el total de expropiadas en la década del cha-vismo.
Política de Estado
Desde Ciudad Guayana, el economista y dirigente sindical José Luis Alcocer señaló a este diario que para el chavismo «la apropiación es una política de Estado y también lo es la decisión política de quedarse con puestos de trabajo». Se estima, extraoficialmente, que con las últimas estatizaciones, 6.000 obreros de la construcción quedarían sin empleo. Además de señalar que «técnicamente el Gobierno no está expropiando, sino apropiándose», ya que no respeta los procedimientos y no paga un precio justo, Alcocer añade que «muchos de los propietarios ya habían cancelado con anterioridad el precio de los inmuebles, por lo que trataron de expropiar a los ciudadanos y no a las constructoras».
Para el sindicalista y economista, las medidas se tomaron de manera atolondrada, ya que nunca «el Ejecutivo investigó las causales que llevaron a los constructores a retrasar las obras, las cuales son imputables al mismo Gobierno, como por ejemplo, la escasez de materiales en un país donde el Estado es dueño del 80% de la producción de cabilla (acero largo) y cemento».
«Todo lo que toca Chávez lo echa a perder», resume desde Caracas el analista Alfredo Maldonado, editor de Venezuela Analítica. «La expropiación de las cementeras y las acereras vino después de que hace tres años, el Gobierno, para maquillar el índice inflacionario, prohibió la indexación en la construcción», observa.
Negociación
De acuerdo con el analista, la paralización del crédito que trajo esta medida «hizo que varios constructores negociaran bajo la mesa esa indexación de precios con los propietarios e inversores».
«Por causa de la inflación y de la escasez de materiales básicos para la construcción es que el mismo chavismo intervino en lo que el mercado autorregulaba», dijo. «De allí que una vez anunciada la expropiación y ocupación de los proyectos inmobiliarios, la gente saliese a defender, furiosa, sus inversiones y su propiedad», agregó.
No fue la única reacción: trascartón, el Gobierno hizo su corrección verbal y recalificó esa expropiación y ocupación como «intervención» y aclaró en un comunicado que no se trataba de «un atentado contra la propiedad privada».
Pero el disfraz verbal no alcanzará para «atraer a esa clase media que siempre será impermeable al chavismo», según dice Torrealba. Además, «ahuyenta todavía mas la inversión privada y acentúa el déficit de viviendas», señala el economista Alcocer, cifrado históricamente en dos millones de unidades.
¿Error táctico o un giro más radicalizado en la política chavista? En Venezuela dicen que habría un plan detrás de todo esto: es el de Jorge Giordani, ministro de Planificación, calificado por muchos como el ideólogo que mayor influencia tiene hoy sobre Chávez, frente al devaluado binomio Noam Chomsky y Heinz Dieterich, este último creador del «socialismo siglo XXI».
Reforma fiscal
El «plan Giordani» daría vuelta como un guante el proyecto chavista-bolivariano previo al 26 de septiembre. Éste propone una reforma fiscal para «reducir la dependencia del petróleo» para lo cual, en el Presupuesto 2011, se prevé que el crudo represente sólo el 27,7% del total de los ingresos (hoy supera el 83%). Esto resultaría en una mayor presión fiscal, en especial, sobre la clase media.
Para Dieterich, es «evidente que el presidente Chávez está sumergido en las contradicciones y agotamiento de su modelo», y, al igual que Obama, «para invertir la tendencia electoral» que le viene siendo adversa, sólo le queda «cambiar el modelo de gobierno». Sin embargo, advierte que «una expropiación generalizada de la burguesía con la mitad de la población y el imperialismo en contra no puede triunfar».


Dejá tu comentario