7 de marzo 2014 - 00:00

IRA DE MORENO: Catenaccio en Via Veneto 7

Refunfuña. Frunce el ceño casi ya como un tic. Insulta más que nunca. Da vueltas alrededor de su nuevo escritorio y da una y otra orden para que lo reacomoden. Contra la pared. No, mejor contra la ventana. Déjelo en el medio. Protesta por todo y, lo más curioso de todo, no llega a primera hora a su oficina. Sólo se relaja cuando habla con Buenos Aires y le cuentan críticas contra el equipo económico de Axel Kicillof. Qué pendejo..., dice desde Roma. Luego vuelve al malhumor. Y sólo baja la cabeza cuando su esposa, Marta Cascales, lo reta y lo llama al orden. Puede ser vía telefónica desde el domicilio diplomático que tiene en la capital italiana, o en persona, cuando la escribana (su profesión) lo visita en la oficina de la Agregaduría Comercial argentina ante Italia, que funciona en la muy elegante y, para la ciudad, moderna sede que el país tiene en Roma. Queda en Via Veneto 7, un lugar inmejorable, que además está a una distancia caminable del gran objetivo del funcionario: un encuentro privado con Francisco para hablar de política. Al fin y al cabo, él fue el primero que, cuando hace un año Bergoglio fue elegido sucesor de Benedicto XVI, lo defendió ante los jóvenes de su gran enemigo de hoy, La Cámpora, que planificaba una embestida contra el papa argentino.

Así pasa hoy sus primeros días como responsable de aumentar las exportaciones a Italia el exsupersecretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Llegó a Roma 87 días después de ser designado, y aún no se ubica en tiempo y forma en su nuevo destino. Añora la hiperactividad que le demandaba ser el mandamás de gran parte de la política económica de Cristina de Kirchner y el hombre a temer por los empresarios de todo el país. Aún no entiende la lógica de la vida diplomática: hacer poco, esparcir actividades a lo largo del día y ocuparse de pormenores domésticos que en sus días de Buenos Aires hubieran sido delegados a terceras y cuartas líneas.

Recuerda Moreno el sábado 15 de febrero, cuando partió a Roma por Aerolíneas Argentinas, despedido por unos cientos de militantes que se le colgaban de la camisa Ralph Lauren (importada) y lo vivaban mientras entonaban un utópico y poco ensayado No se va, Moreno no se va.... Sólo un día antes había sellado el boleto de retorno, en un acto político en San Telmo, en la sede del Sindicato de Encargados de Edificios (SUTERH), donde brindó todo su apoyo a Víctor Santa María. Ese día bendijo a su nuevo padrino afirmando: Queremos darte la llave del PJ de la Ciudad que te va a llevar a la victoria, y quiero que sepas que contás con todo nuestro apoyo.

Llegó la hora de que a cada ministro de Macri le aparezca un ministro de este lado que le diga: 'No sólo sabemos lo que hay que hacer, sino cómo hacerlo', dijo después colocando en su mira al jefe de Gobierno porteño. Habló nuevamente de amor, de Perón y Evita, y recordó a Néstor Kirchner como su única guía.

Un día después se fue a Roma y comenzó su malhumor casi inmediatamente. No puede con su genio y cuando considera que ya es hora prudente (dada la diferencia horaria), llama a un puñado de colaboradores fieles que le cuentan las novedades de Buenos Aires y lo mantienen al tanto de las andanzas del equipo económico. Entre otros fieles mantiene una comunicación directa con Yolanda Durán, contadora mendocina que dirige la cámara de supermercados chinos, que está ahora peleada con el secretario de Comercio Interior, Augusto Costa, que a su vez selló una alianza con la otra central de súper orientales que maneja Miguel Calvete. También habla con su excolaboradora María Lucila Pimpi Colombo, gerente de los acuerdos de precios de 2013. Mucho mejores y más eficaces que el actual, se piropean ambos. También habla con colaboradores fieles que ahora trabajan formalmente para Costa, pero que hoy son sus informantes.

Estos pendejos, suspira para sus adentros Moreno cada vez que escucha los comentarios sobre cómo maneja Axel Kicillof las oficinas donde él acostumbraba a reinar. Como si su oficina de Via Veneto fuera una especie de nueva Puerta de Hierro, Moreno mira la avenida romana y piensa en su propio retorno.

@cburgueno

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