5 de noviembre 2013 - 00:00

Izquierdista pondría fin hoy a 20 años de dominio republicano en N. York

Bill de Blasio junto a su esposa Chirlane.
Bill de Blasio junto a su esposa Chirlane.
Nueva York - Tras dos décadas, los neoyorquinos se encaminan hoy a romper la hegemonía republicana en la ciudad, donde el candidato demócrata a la alcaldía de Nueva York, Bill de Blasio, parte como favorito indiscutido para estos comicios. Esta ruptura, no obstante, no ha sido tan llamativa como la historia política del futuro mandatario, que en el pasado ha sido simpatizante del sandinismo y Fidel Castro.

El último sondeo de intención de voto, divulgado ayer por The Wall Street Journal y NBC, colocaba a De Blasio con el 65%, mientras que Joe Lhota se quedaba en el 24%, un margen que se ha mantenido prácticamente sin cambios en las últimas semanas.

Nueva York, la ciudad más grande de Estados Unidos con 8,3 millones de habitantes, es de aplastante mayoría demócrata y tiene una población multiétnica del 33,3% de blancos, un 25,5% negros, el 28,6% hispanos y un 12,7% asiáticos. Sin embargo, en los últimos veinte años ha estado gobernada por el republicano Rudolph Giuliani (1994-2001) y Michael Bloomberg (2002-2013), un independiente de pasado republicano que dejará el cargo a fines de diciembre tras doce años y tres mandatos.

Casado con una afroamericana bisexual, seis años mayor que él y padre de dos hijos adolescentes, De Blasio se presenta como un "progresista" y la antítesis del actual alcalde. Entre sus propuestas se encuentra la de aumentar los impuestos a los neoyorquinos ricos para financiar el jardín de infantes a partir de los 4 años, la construcción de 200.000 viviendas sociales y el mantenimiento de los hospitales barriales.

De Blasio convirtió a las desigualdades en su gran caballito de batalla. Si bien es una de las ciudades con más multimillonarios en el mundo, el 21% de la población de Nueva York vive bajo el umbral de la pobreza (u$s 30.944 anuales para una familia de 4, según el índice de la alcaldía).

Para los 2,3 millones de hispanos que viven en Nueva York, la llegada de De Blasio a la alcaldía debería ser beneficiosa, ya que se trata de un político con sensibilidad por América Latina, que habla español y conoce la región.

De Blasio fue de joven un admirador de la revolución lanzada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) nicaragüense que en 1979 derrocó al régimen dictatorial de Anastasio Somoza. Si su pasado "sandinista" causó cierto revuelo al ser revelado por la prensa a fines de septiembre, Blasio, lejos de negarlo, lo ha defendido.

En aquella época, De Blasio tenía 26 años y el Gobierno sandinista nicaragüense afrontaba a la guerrilla de la "contra", que estaba apoyada de forma ilegal por la administración del entonces presidente de EE.UU., el republicano Ronald Reagan.

Tras volver de ese país, siguió respaldando a los sandinistas colaborando con un grupo llamado Red de Solidaridad con Nicaragua, aunque luego se fue desvinculando progresivamente, según ha dicho porque estaba desencantado por cómo el Gobierno sandinista trataba a la oposición y a la prensa. Además, De Blasio pasó parte de su luna de miel en Cuba, en violación de la prohibición de viajar al país caribeño que entonces existía en Estados Unidos.

Tras doce años de administración Bloomberg, dos tercios de los electores neoyorquinos aspiran a un cambio, a pesar de que reconocen las transformaciones, muchas de ellos positivas, introducidas por el hiperactivo multimillonario de 71 años.

Según Bloomberg, que adora las estadísticas, la Gran Manzana se volvió "la más segura de las grandes ciudades" estadounidenses, con la tasa de asesinatos más baja en 50 años (649 en 2001, 266 hasta el momento este año).

Además, nunca hubo tantos turistas (52 millones en 2012), la esperanza de vida aumentó dos años y medio desde 2002 y se han recuperado cientos de hectáreas de espacios verdes.

Pero muchos acusan también a Bloomberg de haber diseñado una ciudad para los ricos y por ello De Blasio, que vive en el popular barrio de Brooklyn (sureste) y tiene una familia moderna y multiétnica, es visto como una bocanada de aire fresco.

El candidato demócrata, de origen italiano por el lado materno y cuyo padre -de ascendencia alemana- se suicidó, ha sido concejal municipal de Brooklyn (2002-2009) y exdirector de campaña de Hillary Clinton para el Senado en 2000. Sus detractores lo acusan de "populismo" y de haber llevado adelante una campaña "racista", y también le achacan su limitada experiencia en puestos ejecutivos.

A pesar de la gran ventaja que tiene en las encuestas, De Blasio continuó hasta ayer mismo con presentaciones en el Bronx (norte) y Queens (noreste), dos de los distritos más pobres de Nueva York, e insiste en la necesidad de "convencer a la gente para que vaya a votar".

En efecto, Nueva York no se caracteriza por una gran movilización del electorado para las elecciones municipales, y en 2009 votó apenas el 29% del padrón (1,2 millón sobre un total de 4,3 millones).

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero

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