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Jimena Hernández, en donde ganó la impunidad
El 12 de julio de 1988 se realizó una competencia deportiva en el colegio Santa Unión de los Santísimos Corazones. Era de tarde cuando algunos docentes empezaron a buscar a Jimena, que debía estar en el predio, pero les había llamado la atención que no se había presentado a competir en natación. Ella había llegado a la escuela, pero nadie sabía dónde estaba. Dijeron que la buscaron por todos lados.
El rector Jorge Sobrino llamó a la Policía Federal y le avisó a la madre, Norma Monfardini. Después de las 18, un alumno encontró el cuerpo, estaba sumergido en la piscina. Fue poco después de que terminaran las competencias.
La causa recayó en el juez de instrucción Luis Cevasco. Se tomaron declaraciones testimoniales, se hicieron algunos informes periciales y se concluyó, a los pocos meses, que había fallecido ahogada. Un trágico accidente en un colegio. Pero todo era demasiado extraño.
Lo que dio vuelta la investigación fue una información que surgió del laboratorio de la Policía Federal. Por un lado, los pulmones de la niña no tenían agua, lo que es un indicio que permite suponer que cuando cayó, o más precisamente fue arrojada al agua, ya había fallecido. Pero hubo otro dato que fue clave: la malla que vestía la niña tenía una mancha de "fluido seminal".
Debido a que el agua tenía cloro, no se pudieron extraer espermatozoides que hubiesen servido para identificar al violador y asesino. O sea, se supo que fue abusada, que la asfixiaron y la arrojaron a la pileta. Pero no se pudo determinar claramente quién pudo haber sido el autor.
El padre de Jimena, Jorge, también pidió la intervención del FBI estadounidense. Mucho no pudieron avanzar: el ADN, que por entonces recién se comenzaba a utilizar en causas penales con asistencia de los EE.UU., no se pudo encontrar. Sí fueron indagados, por distintos grados de responsabilidades, un profesor de natación, un guardavidas, docentes y hasta el mismo rector del colegio.
Es más, hubo una declaración que indicaba que dos profesores habían sido vistos marchando en dirección a la pileta llevando un bulto sospechoso. También hubo acusados de encubrimiento.
Con el correr de los meses, había una certeza en la causa: el cadáver de Jimena había sido "plantado" en la pileta. Después, eran decenas las preguntas que no tenían respuestas. Con el paso del tiempo, uno a uno los acusados fueron sobreseídos. También, en medio de la investigación se mencionó la posibilidad de que la nena hubiese visto un supuesto tráfico de drogas, pero esa versión tampoco arribó a resultado alguno.
Pero después de muchos intentos en la Justicia, los abogados que representaban a la familia no pudieron hacer mucho más. La causa se cerró en 2007 y con esta medida ganó la impunidad.


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