23 de julio 2012 - 00:00

Juego, el ring que eligen los K para embestir contra Scioli

Gabriel Mariotto, José Ottavis, Mario Caputo, Guido Lorenzino
Gabriel Mariotto, José Ottavis, Mario Caputo, Guido Lorenzino
Al extender en forma automática la licencia de 14 bingos, Daniel Scioli le abrochó el cascabel a un expediente ultrasensible: el monumental negocio del juego de azar, el Santo Grial que alimentó la política bonaerense durante las últimas tres décadas.

La tregua que se inauguró la semana pasada tras la cumbre de Cristina de Kirchner y el gobernador dinamitó las hipótesis afiebradas sobre un «putch» en la provincia, pero no clausuró, al menos por ahora, la ofensiva K, que encontró un nuevo ring: el juego.

Mientras Gabriel Mariotto se encerró con un equipo de abogados para buscar «huecos» en la resolución de Loterías que extendió las licencias -y que el gobernador ratificó, el sábado, con un decreto-, otro club K se abocó a la redacción de un proyecto de «estatización» del juego.

Ese escrito, muy germinal, anduvo rodando de mano en mano los últimos días. La autoría del proyecto se atribuye a Mario Caputo, diputado provincial que reporta al ministro del Interior, Florencio Randazzo, funcionario que maneja un subloque dentro del FpV.

El texto plantea, en dos de sus puntos, que el «Estado provincial se reserva la explotación, regulación, control y administración de los juegos de azar» y prohíbe taxativamente «la privatización, la concesión y la tercerización bajo ninguna modalidad».

Se trata, por ahora, de un bosquejo, pero anticipa la postura de sectores del kirchnerismo respecto del fenomenal negocio del juego que resucitó, en estas semanas, frente a la necesidad de recursos del Gobierno provincial, como una alternativa de financiamiento.

De hecho, al resolver la extensión de las licencias por 15 o 10 años, Scioli se garantiza ingresos extras por 1.480 millones de pesos, de los cuales unos 700 ingresarán en los próximos días mientras el resto se acreditará, en cuotas, en los meses sucesivos.

Mariotto en el Senado y Fernando «Chino» Navarro, legislador del Movimiento Evita, en Diputados, se enfocaron en explorar la eventual «ilegitimidad» de la resolución que prorrogó la explotación de 14 salas de bingo. Es una forma de abrir una discusión más amplia.

El episodio habilitó, además, una doble argucia: Scioli, apremiado por la falta de fondos, encontró una llave mágica para extender las licencias mientras que el kirchnerismo se abrazará a esa cuestión para tratar de imponerle métodos al gobernador.

Simple: la propuesta del randazzismo para «estatizar» el juego de azar, en lo referido a bingos, casinos, hipódromos, lotería y demás actividades, es la aventura de máxima detrás de la cual irrumpe, al acecho, una multitud de alternativas menores, pero de alto impacto.

El fin de semana Caputo planteó que la pretensión de los diputados es «poner en revisión todo el sistema» desde los mecanismos de control hasta el canon, pasando por los horarios en que pueden permanecer los bingos y la rentabilidad de las empresas.

Aplica, en cierto modo, la teoría de Axel Kicillof respecto de que la ganancia de la actividad privada es un componente para poner en consideración a la hora de definir las políticas públicas. «Si se negocia desde la necesidad, se negocia mal», dictamina Caputo.

Detrás de esa mirada anida una cuestión más delicada: ¿cómo, y en qué términos, Scioli decidió avanzar en el acuerdo con los bingueros? Hace meses, la idea de modificar el esquema tributario y de canon está en debate, pero al final Scioli actuó urgido por la necesidad de dinero fresco.

Es más: cuando el gobernador evaluó la alternativa de declarar la emergencia económica y financiera en la provincia, el sciolismo sondeó entre referentes K y de la oposición la posibilidad de abrir el debate a temas como el aumento del canon de los bingos.

A través de José Ottavis, referente de La Cámpora y embajador del kirchnerismo explícito, la Casa Rosada tuvo noticias de esa posibilidad. Cuando Mariotto objetó la declaración de Emergencia y planteó que la provincia ya estaba adherida, esa discusión tuvo que cambiar de contexto.

Así y todo, la puerta sigue abierta. El propio Scioli avisó por intermedio de uno de sus legisladores, Guido Lorenzino, que está dispuesto a debatir distintos mecanismos que permitan mejorar los ingresos de la provincia provenientes del sistema de juegos de azar.

¿Elevar el canon al 40% o 45%, del 34% actual? ¿Llevar la alícuota de Ingresos Brutos, que fue del 2% y ahora es del 8%, al 12%? Hubo, en estas horas, señales en ese sentido, aunque son los primeros escarceos de una negociación más rugosa que implicará cambios en la ley.

El planteo es el mismo en las dos trincheras. El sciolismo y el kirchnerismo se despabilaron ante un dato obvio: las ganancias monumentales de los bingueros operan a partir de un llamativo «statu quo» que recién ahora, ante una crisis extrema que impidió el pago del aguinaldo, se pone bajo revisión.

En ese marco, cualquier variante aparece en el radar: la idea de estatización que echó a correr el randazzismo no se topó con una negativa expresa de ningún sector, aunque Lorenzino hizo observaciones respecto de la funcionalidad del Estado para operar ese negocio.

«Si se estatizó YPF, ¿no vamos a poder estatizar el juego?», planteó, anoche, Caputo.

La Legislatura seguirá una semana más en receso invernal, un estadio oportuno para el manto de descompresión que le puso a la interna del PJ la reunión de Cristina y Scioli. Pero la agenda y la forma del debate están sobre la mesa. Bola en el aire.

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