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Juró Nilda Garré para estrenar receta cristinista contra la inseguridad
Cristina de Kirchner tomó la jura a Nilda Garré para el Ministerio de Seguridad y a Arturo Puricelli para Defensa. Todo el mismo día que firmó un DNU para crear el nuevo ministerio y cambiar funciones. Gerardo Zamora, Daniel Scioli, Carlos Tomada y Alicia Kirchner supervisaron.
A cinco días de que anunciará, de manera sorpresiva y por cadena nacional -justo el día de los Derechos Humanos; mientras ardía el Indoamericano-, la creación de ese ministerio, Cristina de Kirchner le tomó juramento, entre abrazos, a quien lideró el Ministerio de Defensa.
Esa doble jugada -la conformación de la cartera y la elección de Garré para ocuparla- estrena, o pretende estrenar, una receta puramente cristinista en la lucha contra la inseguridad, un tema crítico que fue sistemáticamente negado en los siete años de gestión K.
Ese giro, sobre el que Néstor Kirchner había dado algunos indicios, se precipitó por el conflicto de Soldati pero estaba desde hacía tiempo en el laboratorio oficial, como parte del menú de medidas para encarar la aventura reeleccionista de la Presidente.
Garré, que viene de cinco años de gestión en Defensa -fue la primera mujer en la historia nacional que ocupó ese ministerio- deslizó, antes de jurar, algunas pautas: habló, como prioridad, de «lograr» lo que «en definitiva a la gente le interesa: vivir en una sociedad tranquila».
La ministra, de militancia setentista, una temporada en la trinchera pejotista de Vicente Saadi y en los 90 artífice del peronismo díscolo que alumbró el Frente Grande, también reforzó el criterio kirchnerista, instaurado por el patagónico, de «no represión» ante conflictos sociales.
«Cuando hay problemas sociales -precisó- se resuelvan por una vía que no sea la represión». La Policía Federal en Soldati se salió de ese libreto y el costo lo pagaron, no sólo los seis uniformados puestos en disponibilidad, sino también -y sobre todo- Aníbal Fernández.
El traspaso del mando de las fuerzas de seguridad de Fernández a Garré -que además de arrastrar una antigua riña encarnan, a priori, visiones encontradas sobre verticalidad policial- supone un gesto preciso sobre la táctica presidencial en ese rubro espinoso.
Ayer, al confirmar a Cristina Caamaño, fiscal del caso Ferreyra, como su viceministra, Garré dio otra señal: recurrió a una funcionaria judicial, de perfil garantista, como espada visible para encarar la «democratización» de la Federal, Gendarmería y Prefectura.
Su paso por Defensa -y su «reforma» de las FF.AA.- fue, según confiaron en Gobierno, el dato clave para que la Presidente la elija como la figura para instrumentar el estilo cristinista en Seguridad.
Anoche, sin embargo, no había certezas sobre los tiempos de ese proceso que se anuncia como «inevitable». Y, aunque la comparación no resulte del todo amable a los oídos de Garré, la referencia es la gestión de León Arslanián, en dos etapas, en la Policía Bonaerense.
El descabezamiento de la Federal, que se considera inminente, será -cuando se produzca- la segunda señal. ¿Un jefe civil? Arslanián lo hizo en Buenos Aires: creyó que al suprimir un mando único abortaba el mal manejo pero, en vez de eso, generó mandos regionales autónomos.
Garré compartió ayer, acto de jura con Arturo Puricelli, que era interventor en Fabricaciones Militares y ascendió a ministro de Defensa de la mano de Julio De Vido.
El ministro de Planificación, hasta ahora el principal ganador de los cambios en el gabinete -por Puricelli y por el retroceso de su mayor rival, Aníbal Fernández- explicitó ese reacomodo positivo, distendido y calmo, y en charla reservada con el nuevo ministro.
Fernández, a su vez, sobreactuó efusividad al saludar a Garré a quien, anteayer, por radio, definió como «mi amiga» pero a la que, acto seguido, dijo que no criticaría sin antes verla actuar. Dicho así, en boca de un locuaz defensor K, sonó llamativo.
Puricelli, que planea un desembarco cauto y sin estridencias en Defensa, al punto que decidió «heredar» los mandos que ascendieron de la mano de Garré, ayer le dedicó varios párrafos elogiosos a su antecesora.
«El Ministerio de Defensa no es un ministerio difícil porque está muy consolidado desde los derechos humanos y la subordinación de los militares al poder civil», dijo el santacruceño. «Ahora lo que se debe hacer es trabajar para consolidar lo hecho en derechos humanos y en la educación».


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