28 de enero 2009 - 01:52

Kirchner arma partido único y planea fin de “colectoras”

Néstor Kirchner, Carlos Reutemann, Daniel Scioli y Mao Tse-tung.
Néstor Kirchner, Carlos Reutemann, Daniel Scioli y Mao Tse-tung.
Verticalista, peronista al fin, Néstor Kirchner planea sepultar la multiplicidad de caudillajes en el FpV: ya comenzó a bendecir a jefes únicos en cada territorio y hasta estudia, como alternativa extrema, impulsar la eliminación de las «colectoras».
Táctica de contraofensiva o de supervivencia, Kirchner ausculta la teoría del partido único -no del proclamado por Stalin y adaptado por Mao y Castro- sino el de Hugo Chávez: que el oficialismo se exprese, al menos en las urnas, a través de una sola marca electoral.
Para el patagónico, la matriz de ese movimiento debe ser el PJ que él comanda aunque en lo formal el sello es el Frente para la Victoria (FpV). El giro, luego de años de animar disidencias y rebeldías, es hacia la alineación K en un frente político único.
Las citas en Olivos con el cordobés Juan Schiaretti el lunes y, el jueves último con Daniel Scioli y el chubutense Mario Das Neves, son manifestaciones de ese vuelco. El ex presidente quiere en 2009 un FpV de mandos verticales comandados por los gobernadores.
Los contactos con Carlos Reutemann -que avisó que no quiere condicionamientos- se expresan en la misma línea. Hay, en tanto, dos escenarios brumosos: uno es Entre Ríos, donde Kirchner debe lograr la convivencia entre Sergio Urribarri y Jorge Busti.
El otro es Buenos Aires, donde Scioli quiere incidir, aclara que «positivamente» en el armado de las listas, lo mismo pretenden Alberto Balestrini y los caciques del conurbano, pero todo aparece bajo un mismo manto: Kirchner avisa que tendrá la exclusividad de la lapicera.
Retoques
La cereza de ese operativo es más pretenciosa: introducir una reforma en la Ley de los Partidos Políticos para suprimir las colectoras, recurso electoral que utilizó en 2007 pero que, dicen cerca de Kirchner, en este turno podría resultar dañino para el Gobierno.
Hay una jugada más aventurada. En el Congreso, con la firma de Jorge Landau, hay un proyecto para exigir a los partidos un número de afiliados equivalente al 4 por mil del padrón electoral. Si se impusiera en la actualidad, el 90% de los partidos desaparecía.
El diputado Landau, habilidoso apoderado del peronismo, sostiene en los argumentos de la iniciativa que deberían convertirse en permanentes los «adherentes» eventuales que cada partido debe presentar, como requisito, en la Justicia electoral antes de cada votación.
Sin ir tan lejos, en el PJ nacional -que atiende en Olivos- y en el bonaerense de Balestrini, que prepara su mudanza al segundo y al tercer piso de la sede partidaria de La Plata, apuntan por ahora a la eliminación, o al menos limitación, de las boletas «colectoras».
Hay un argumento integral, si se quiere estratégico, y otro doméstico:
- Quitarle, por un lado, una herramienta a la oposición que enfrenta, como en 2007 el kirchnerismo -en aquel turno, habilitada por Kirchner, el FpV abusó de las colectoras- la complicada tarea de reunir a grupos, partidos y tendencias diferentes en una misma boleta. Mientras eso se logra a nivel provincial, con las listas de diputados por caso, es más difícil a nivel local y seccional, por lo que las colectoras pueden servir como solución. Es, por caso, lo que planea Eduardo Duhalde para el acuerdo -que él insiste en decir, aunque pide no difundirlo, que está «cerrado»- entre Felipe Solá, Francisco de Narváez y el macrismo: hacer un pacto para diputados, pero dejar en las secciones y los municipios que haya boletas del felipismo, otras de De Narváez y, quizá, también de PRO para hacer un efecto embudo invertido: varias listas locales y seccionales que tributan a una sola boleta provincial. Esa alternativa es explorada, también, por sectores de la UCR que advierten la conveniencia de unificar una lista con sus primos de otros sectores en el plano de legisladores nacionales, pero sostienen que podría ser mejor «negocio» electoral ir separados en algunas secciones para obtener más bancas. En ese marco, la supresión de las colectoras sería una forma de complicar posibles acuerdos en la oposición.
- En lo doméstico, hay quienes sugieren no hacer internas para cargos electivos en el PJ si luego se permitirán las colectoras. El motivo es simple: un perdedor de la primaria luego decide, con otro sello -propio, comprado o alquilado- presentarse a las generales a pesar de haber perdido la interna. En ese caso, tras el desgaste (y el gasto) que suponen esas elecciones interperonistas, se evalúa la posibilidad de directamente no convocar a internas para cargos electivos en 2009. Ya no las hubo en 2007, cuando el «dedazo» no sólo impuso a los candidatos del PJ, sino que fue quien decidió dónde había listas únicas y dónde se permitía la competencia de colectoras K.

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