14 de julio 2010 - 00:00

Kirchner: “Ojalá haya muchos candidatos”

Néstor Kirchner junto a Florencio Randazzo, Horacio González y Raúl Pérez, anoche en La Plata.
Néstor Kirchner junto a Florencio Randazzo, Horacio González y Raúl Pérez, anoche en La Plata.
«El que quiera ser candidato, que camine, que construya consenso y se lance. Pero siempre dentro del peronismo».

Néstor Kirchner declaró, anoche, abierta la temporada electoral. Autorizó, in voce, que el PJ apure la carrera de postulaciones y posicionamientos.

Lo hizo como parte de una autocrítica por lo ocurrido en 2009, cuando, dijo, hubo una «construcción sin mística y llena de especulaciones». Por eso, planteó, el peronismo tiene que «discutir internamente»; y si eso deriva en una grilla múltiple de candidatos, «en buena hora».

«Lamentablemente a nivel nacional sólo miden dos candidatos», sostuvo el patagónico sin dar nombres pero, en referencia implícita, a su figura y la de su esposa. «Ojalá hubiera muchos candidatos», aseguró para sostener su actitud aperturista en el partido.

En esa línea, envió un mensaje a los disidentes. «Las puertas están abiertas para todos. Sé que a algunos puede no gustarles, pero no tenemos que ser mezquinos. Los que quieran volver que vuelvan. Nosotros los aceptamos».

Fue, al enunciar esa postura, todavía más lejos: pidió discusión y debate porque, afirmó, «no quiero ser yo el que tenga que meter el dedo en las listas». La síntesis de ese giro la resumió en otra frase: «El peronismo tiene que defender este proyecto popular».

Para eso, insistió, el PJ tiene que recuperar «amplitud» y si eso deriva en la existencia de «muchos candidatos» a gobernador, intendentes o presidente, «en buena hora».

En un raro juego de compensaciones, mientras una multitud rodeaba el Congreso para manifestar en contra del proyecto de matrimonio gay que cuenta con el OK del Gobierno, Kirchner se dedicó a adoctrinar en La Plata a un puñado de diputados del peronismo.

Son dos planos que, a simple vista, al ex presidente le cuesta compaginar: supone que alinear legisladores funciona como el abracadabra para revertir el malestar social que, ayer, estalló otra vez en la cara del Gobierno con la marcha contra la boda gay.

O, quizá, la bondad que ahora manifiesta el patagónico -que emite indultos como cheques voladores- tenga justamente que ver con el fenómeno social que, más allá de las euforias de palacio, sigue reflejando un nivel de malhumor que aleja cualquier sueño eternista K.

Ayer, para continuar con una secuencia de amnistías que reflejan la admisión de una vulnerabilidad, el ex presidente viajó hasta La Plata para verse con los diputados del bloque del PJ que, casi en su mayoría, en el verano pasado cuestionaron sus modos y su conducción.

Ahora, sabedor de que necesita a todo el peronismo dentro del esquema K para anidar alguna expectativa de ser electo en 2011, el patagónico perdona y hasta promete a sus antiguos críticos -lo mismo ocurrió con Sergio Massa- espacios de conducción en una futura mesa coordinadora del PJ.

Reflejo de ese cambio de actitud es la foto de ayer: Kirchner escoltado por Horacio González, presidente de la Cámara, y Raúl Pérez, jefe del bloque del FpV, convocantes del asado en Pinamar donde se profetizó que el patagónico llevaría a la derrota al PJ.

Paradójicamente, los legisladores festejan el gesto de Kirchner de visitarlos y relatarles la Biblia K, sin percibir que esa actitud no hace otra cosa que confirmar sus temores de verano: el patagónico los absolvió porque se sabe -hoy- derrotado y, por eso, necesita colectar lo poco o mucho que le aporte cada dirigente.

Para tentarlos, de todos modos, Kirchner invocó encuestas que hablan de un repunte de la imagen del Gobierno y de la intención de voto del oficialismo. No dijo, en cambio, que esos indicadores son iguales a los de noviembre de 2008, cuando todavía debía soportar una derrota electoral.

Pidió, además, acompañamiento al Gobierno de Daniel Scioli y respaldo a los intendentes. «Gobernabilidad» es la nueva muletilla del patagónico que tuvo entre los convocados. Kirchner llegó a La Plata junto al ministro del Interior, Florencio Randazzo; el titular de la SIDE, Héctor Icazuriaga, y el secretario de Gestión Pública, Juan Manuel Abal Medina. Lo esperaban González junto a la cúpula del bloque K en la residencia del presidente del cuerpo.

Kirchner expuso, escuchó planteos y respondió con calma. Repitió el «speach» del buen momento económico del país en contraposición a la crisis europea y defendió, como es habitual, cada medida del Gobierno; 60 kilómetros al norte, una marcha masiva inundaba la Capital.

Y no era pro K.

Dejá tu comentario