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Kirchner operado: 4 horas de pánico en el planeta K
Apoyos admitidos y rechazados. El sacerdote que envió el cardenal Jorge Bergoglio, Juan Torrella, no pudo ingresar para una extremaunción que la familia Kirchner creyó innecesaria. También afiches de aliento de militantes, el ministro Alberto Sileoni y el médico Donato Spaccavento, uno de los responsables de la salud del ex presidente.
Hasta que poco antes de las 20.30 se informó que la intervención -una endaterectomía que duró 75 minutos- había sido exitosa, el mundo Kirchner tembló. Terminaban así intensas cuatro horas de incertidumbre desde que, a las 17, trascendió informalmente el dato de la internación.
Anoche, Marcelo Ballesteros, subdirector de la Unidad Médica Presidencial, confirmó que el ex presidente permanecía «en terapia intensiva con control evolutivo» tras la extracción de una «placa ulcerada».
En paralelo, se especulaba que el alta médica podría producirse dentro de los próximos cuatro días. En tanto, en 48 horas, si la evolución es normal, abandonaría el área de cuidados intensivos.
Por otro lado, una hora después de la intervención, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, aseguró que el ex presidente estaba «totalmente lúcido». De ese modo, el Gobierno buscó apagar las presunciones sobre una complicación severa en la salud del ex presidente.
Tuvo su razón: durante el atardecer, ante la falta de información oficial, se especuló con un «estado de gravedad» y se habló de un accidente cerebrovascular con efectos sobre la motricidad de Kirchner. Anoche, ese riesgo fue desestimado por los médicos.
Reposo en El Calafate
Sin embargo, la indicación médica es que el patagónico se someta a un reposo de, cuanto menos, 20 días. Ayer, fuentes K confiaron que una vez que el posoperatorio sea superado, el ex presidente podría viajar a El Calafate para cumplir con esa prescripción.
La intervención, considerada de «razonable seguridad», requirió anestesia total y fue realizada por Víctor Caramutti, un especialista en cirugía cardiovascular y torácica. Antes, Kirchner fue evaluado por Luis De la Fuente, quien, en 1993, operó por idéntica dolencia a Menem.
En el Sanatorio de los Arcos, establecimiento que sugirió Ballesteros, el ex presidente estuvo acompañado por Cristina de Kirchner, sus hijos Máximo y Florencia, y su hermana y ministra de Desarrollo Social, Alicia. También se hizo presente el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro.
Más tarde, tras la operación, comenzó el desfile de funcionarios: entre otros, llegaron los ministros Julio De Vido, Carlos Tomada, Jorge Taiana, Alberto Sileoni y Oscar Parrilli. Además, frente a la clínica, ubicada en Pa-lermo, se concentró un grupo de simpatizantes K.
Sin embargo, el sacerdote Juan Torrella, que se acercó a la clínica enviado por el cardenal Jorge Bergoglio, para -según dijo- «ofrecer asistencia espiritual a la familia», no pudo acceder al establecimiento.
El relato oficial incluía, una vez pasada la tensión, que el ex presidente había ingresado al quirófano de «buen humor», que hizo chistes con el conductor de la ambulancia que lo trasladó y que incluso minutos antes de comenzar la operación seguía hablando por teléfono. «Para transmitir calma», confió un funcionario.
El episodio, según reconstruyó Ámbito Financiero, comenzó el sábado por la noche, cuando el ex presidente experimentó síntomas de adormecimiento del brazo derecho, malestar que se intensificó el domingo, cuando, finalmente, decidió -se afirma que por insistencia de su esposa- realizar la consulta médica.
Ante la ausencia del jefe de la Unidad Médica Presidencial, Luis Buonomo, el operativo quedó a cargo de su segundo, Marcelo Ballesteros. Fue este profesional quien recomendó, siguiendo el protocolo de la dolencia, una intervención inmediata, previos estudios, y sugirió el Sanatorio de Los Arcos.
Hasta el sábado, Kirchner -según indica-ron fuentes oficiales- no había tenido molestias que remitiesen a un problema cardiovascular. Es más: el viernes, a pesar de la lluvia, participó del clásico partido de fútbol en Olivos con funcionarios, dirigentes y secretarios.
El domingo, incluso, mantuvo varias charlas telefónicas. Quienes hablaron con él antes del episodio coincidieron en la sorpresa: «Estaba muy bien. Hacía chistes. Nadie podía imaginarse esto», precisó, ayer a media tarde, un funcionario de Cristina.
El primer informe médico, firmado por Ballesteros, señaló que el ex presidente «presentó durante la mañana un cuadro clínico causado por una patología de su arteria carótida derecha» que requería «tratamiento quirúrgico».
Luego Caramutti confirmó que «(la placa) se removió en su totalidad» y que fue una «operación de rutina» en la que confesó no sentir ninguna presión extra. «Hay que quitarle dramatismo; se pudo realizar todo satisfactoriamente», señaló el especialista.
De frugales hábitos alimentarios y caminata diaria, Kirchner no tenía antecedentes de patologías coronarias, aunque sí de trastornos gástricos que lo aquejaron mientras fue presidente, al punto de que en 2004 permaneció internado durante seis días en Río Gallegos, luego de sufrir una indisposición mientras descansaba en El Calafate.
En aquella ocasión se informó sobre la existencia de una gastroduodenitis erosiva aguda con hemorragia, aunque circularon rumores sobre problemas de mayor gravedad. De hecho, luego tuvo varias recaídas en 2005 y 2006.
De aquellos días data una frase auténticamente kirchnerista: «Me quieren matar, me quieren enfermar, pero gracias a Dios gozo de muy buena salud», dijo para apagar las versiones. Anoche, tras el pánico, había algunos arrebatos de euforia entre los fanáticos K.
«Sobrevivió a esto -dijo un dirigente que conversó con él durante el fin de semana-; ahora no paramos hasta su segundo mandato».


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