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Kirchner recibe a todos, pero sólo espera a Lole
Juan Schiaretti, Guillermo Moreno, Carlos Reutemann
Dicen, en Olivos, que la cumbre podría producirse en estos días. No parece la idea del ex gobernador. Hay un factor que podría jugar a favor de la oportunidad: la semana próxima, Cristina de Kirchner viajará a España y subirá al avión a Agustín Rossi.
A Reutemann no le simpatiza la posibilidad de llegar a Olivos y encontrarse con el diputado. Mejor dicho: no quiere que, hacia afuera, Kirchner lo equipare en medallas y bondades con el legislador santafesino. Por eso, quizá se aparezca cuando Rossi esté a 12 mil kilómetros.
Inconveniente
El caso santafesino intriga al ex presidente. Su plan de «partido único», sin colectoras y con estrategias locales para salvar la elección, presenta un inconveniente feo en Santa Fe. Reutemann es el mejor candidato, pero Rossi ha demostrado una lealtad casi mística.
No parece posible, por caso, que autorice un combate interno en el PJ. A Kirchner le llegó un dato que lo preocupa más: este año, en Santa Fe, se eligen más de 200 jefes de comunas, 8 intendentes y 42 concejos deliberantes. Hermes Binner evalúa si le conviene anticipar esa elección.
Desde siempre, el socialista ha cuestionado el desdoblamiento de elecciones -muy habitual en la provincia- con el argumento de que genera más gastos. Pero ahora, el gobernador explora la alternativa de separar la votación provincial de la nacional pautada para octubre.
La lógica es lineal: le teme a Reutemann, por lo que si anticipa la elección local, puede disminuir el «arrastre» que genera el ex piloto y, en caso de una victoria, inyectar un clima de derrota en el PJ que, especulan a su lado, podría afectar la candidatura de Lole.
El punto crítico, de todos modos, siguen siendo los roles que en Olivos se les otorgan a Reutemann y a Rossi, que no parecen compatibles con los que cada uno se otorga a sí mismo ni, mucho menos, con el que los protagonistas de la novela les otorgan a los demás.
No ocurre lo mismo en Córdoba. Juan Schiaretti logró de Kirchner lo que pocos: que el patagónico interprete, y por ahora acepte, que la estrategia electoral de la provincia debe ser digitada desde la gobernación, junto a los intendentes, y no desde Olivos.
La razón de esa concesión de Kirchner quizá sea inconfesable: no hay dispositivo electoral, al menos visible, que aleje al oficialismo de una derrota en Córdoba. Ese parece el motivo central de la decisión del ex presidente de tomar distancia del caso cordobés.
Sin embargo, Córdoba y Santa Fe tienen algo en común: además del malestar chacarero, contra el que deben remar los candidatos del PJ, la aparición de Moreno como «donante» de beneficio a productores. Esa irrupción irritó como pocas cosas a Reutemann.
No alineados
Esta semana, Kirchner seguirá activo en el besamanos de Olivos. Puede que tenga unas visitas inimaginables: intendentes de una provincia de peso alineados en otro partido. La excusa, vía Florencio Randazzo y José López, son las obras públicas. La cuestión de fondo es otra.
El esquema de jefaturas únicas, con un cacique por territorio, impone salvedades: en Río Negro, por caso, además de continuar su alianza con el radical K Miguel Saiz, Kirchner autorizó a Miguel Angel Pichetto para que construya un esquema propio con la chapa del PJ.


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