La Argentina, ante la chance de ganar la confianza de Obama

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Para la tarde del lunes 12, cuando se inaugure en Wala Cumbre sobre Seguridad Nuclear convocada por Barack Obama y a la que asistirán 35 jefes de Estado y de Gobierno, los de la Argentina y Brasil pondrán sus cartas (nucleares) sobre la mesa. Si bien ninguno de los dos países lleva en el mazo una posición distinta de la que vino manteniendo hasta ahora, sí hay un contexto nuevo -Irán y su rearme nuclear- que enmarca a esta cumbre como un punto de inflexión para la relación con EE.UU.

Con matices, claro. Por un lado, Luiz Inácio Lula Da Silva va firmemente decidido a mostrar que optó por barajar de nuevo en lo que hace a su política exterior. Esto es, ir por un carril diferente al de Washington. Que implica no sólo aceitar la relación comercial con Teherán (ése, al menos, es el eslogan esgrimido por Brasilia para traducir la visita del iraní de fines de 2009 y la que Lula hará a Irán a mediados de mayo) sino también apadrinar al Estado persa en su poco transparente política nuclear.

El idilio del lulismo con el ahmadineyadismo no es un dulce agradable ni tampoco digerible para todos: al ponerse la camiseta proiraní, el Gobierno brasileño tuvo que soslayar «detalles» como los derechos humanos violados por el régimen teocrático, o la ayuda a los grupos terroristas Hizbulá y Hamás, y, regionalmente, hasta la conexión de elementos de ese país con el atentado a la sede de la AMIA en Buenos Aires. Y con tal empeño, encabezado por el canciller Celso Amorim, que en Brasil ya se refieren a Itamaraty, el Ministerio de Relaciones Exteriores, como «Iranmaraty», aun cuando gran parte de la tradición diplomática brasileña se niegue a lucir esa camiseta.

En lo específicamente nuclear, Brasil va a pasar las 22 horas que durará la cumbre de Washington parapetado en su atalaya de no firmar el Protocolo Adicional (PA) al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). El PA significa mayores controles, y sin aviso previo, a las plantas nucleares: son ya 95 los países que han suscripto esta addenda, y en esa lista no están todavía ni la Argentina ni Brasil. Justamente, el cónclave presidencial del 12 y 13 será la instancia de convencimiento para lograr más firmas entre las delegaciones que vayan a la cumbre del TNP de mediados de mayo en Nueva York.

Susceptibilidad herida

Es tal la firmeza de la posición brasileña que ayer Amorim la dejó, de nuevo, bien en claro: «El punto más controvertido del PA es el hecho de diferenciar a los países con armas nucleares de los que no tienen arsenal nuclear», dijo. «O todo el mundo está en las mismas condiciones, o no firmamos», agregó, en referencia a la nueva doctrina nuclear anunciada por Obama esta semana, que incluye la promesa de no atacar con armas atómicas a los países no sólo suscriptores sino que sigan las reglas del TNP. Un anuncio que, de más está decirlo, hirió la susceptibilidad brasileña.

En cambio, según fuentes consultadas por este diario en Washington y en Buenos Aires, la posición argentina no sería tan taxativa como la de nuestros vecinos. En principio, la Argentina no tendría reparo en firmar un PA pero, de hacerlo, rompería con el ABACC (Agencia Brasileño Argentina de Contabilidad y Controles Nucleares) el acuerdo bilateral firmado en 1991 que, según dicen en la capital estadounidense, es en estos momentos un chaleco de fuerza -regional- para que Brasil no se corte solo. Así que no habrá un cambio de postura al respecto. «A la Argentina le cabe hoy el papel de controller frente a Brasil»; tal es la etiqueta que ponen y, por sobre todo avalan, en EE.UU.

Tracción

En cuanto a cuán ancha es la hendija para que eventualmente el Gobierno de Cristina de Kirchner se avenga a firmar un PA, la respuesta es la misma en ambas capitales: «No, por ahora, pero no hay que descartarlo». Frente a ello, algunos memoriosos recuerdan que en los 90 se dio una situación en la que la Argentina traccionó la posición brasileña en materia nuclear. Fue cuando Brasilia, al revés que Buenos Aires, se negaba a refrendar una prórroga al TNP. La Argentina se mantuvo firme y finalmente Brasil suscribió en consonancia con nuestro país.

«Brasil adopta una nueva posición política en el tema nuclear y también en el tema Irán, que puede modificarse después de las elecciones presidenciales de este año», confían a este diario, no sin preocupación, desde oficinas del Gobierno de Obama.

Por eso, de acuerdo a cómo la Argentina pueda interactuar con su vecino Brasil y de cuán arteramente juegue ahora sus cartas nucleares, el Gobierno de Cristina de Kirchner podrá aprovechar la oportunidad de «vacío» que deja Brasil para recolocarse con Washington. Y entibiar una relación con el país del Norte que, si bien es correcta, es una perilla que hasta ahora no se movió de «fría».

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