1 de marzo 2012 - 00:00

La Argentina le apunta al África (como hizo Brasil)

Angola, excolonia portuguesa entre 1483 y 1975, sufrió una prolongada guerra civil desde 1961 hasta 2008 con permanentes intervenciones armadas y diplomáticas de Cuba, Sudáfrica, Rusia, China, EE.UU., la Unión Europea y Naciones Unidas. Cuba llegó a enviar 55.000 soldados (el más notorio, Ernesto Che Guevara). El país tiene 18 millones de habitantes y un ingreso per cápita de u$s 5.800 (con una gran desigualdad de distribución de la riqueza). Es rico en gas, petróleo y diamantes, pero el 85% de la población tiene una economía de subsistencia basada en la agricultura familiar. Con 1.700 km de costa sobre el Atlántico Sur, pesca unas 320.000 toneladas por año. El 99% de la población es cristiana, y Luanda, su capital, tiene 5 millones de habitantes. El 42% de los angoleses está alfabetizado, el 19% concluye el secundario y el 1%, la universidad.

La Argentina exportó a Angola en el último año u$s 150 millones y Angola a la Argentina sólo u$s 5 millones. Ha venido creciendo espectacularmente los últimos tres años. La Argentina tiene en la actualidad cuatro embajadas abiertas en el África Subsahariana (Angola, A. del Sur, Kenia y Nigeria). Es correcto que la Argentina revierta su política de abandono del continente africano practicada durante los últimos 20 años, pero debe tener en cuenta la rica experiencia brasileña en la materia. Brasil fue el primer país en reconocer la independencia de Angola en 1975 y desarrolló una importante política de relacionamiento con los países africanos de lengua portuguesa (Angola, Cabo Verde, Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe y Timor del Este).

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva viajó siete veces a África durante su mandato y la presidenta Rousseff ya visitó Angola en octubre pasado. Las exportaciones brasileñas a Angola superan los u$s 800 millones anuales y Angola exportó a Brasil u$s 500 millones (principalmente en petróleo crudo para pagar sus importaciones y los intereses del crédito de u$s 800 millones que le otorga el Banco do Brasil a través de su Programa de Financiamiento a las Exportaciones (PROEX). Brasil vende maquinarias, electrodomésticos, tractores, aparatos para telecomunicaciones, repuestos automotores y gasolina refinada.

Empresas brasileñas líderes están instaladas en Angola en el área de construcción de obras públicas y en la industria alimentaria. Un punto central a evaluar es que esta política brasileña está apuntalada por el financiamiento brasileño y el seguro a las exportaciones por el cual buena parte de los negocios son solventados por Brasil, que los cobra del Estado angolés a través del suministro petrolero. Esto es fundamental porque si no existe este acuerdo de Estado a Estado, los eventuales proveedores o inversores argentinos no tendrán posibilidad alguna de cobrar por sus productos o contratos.

Brasil definió durante los últimos 30 años que su política africana era «estratégica» y ha perdido enorme cantidad de recursos por ese motivo entendiendo que su vinculación africana le sería muy útil para instalarse como potencia global, sustituyendo a Portugal en esa área del mundo.

Brasil es un permanente vocero de los países luso-africanos en el G-20 y éstos apoyan su candidatura a integrar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En el último concurso de belleza de Miss Mundo realizado en San Pablo, Brasil, fue decisivo el apoyo brasileño para que Miss Angola, Leila Lopes, fuese consagrada Miss Mundo 2011. La «estrategia» brasileña no deja puntada sin hilo.

En nuestro caso, esta primera misión multitudinaria (250 empresarios), encabezada por el secretario Guillermo Moreno, debe tener en cuenta la experiencia brasileña, incluyendo las enormes pérdidas que le ocasionó a Brasil esa decisión geopolítica por muchos años, los severos cuestionamientos por corrupción formulados de uno y otro lado del Atlántico y la falta de mecanismos jurisdiccionales o arbitrales para resolver los conflictos por incumplimiento de las cláusulas contractuales. Ambas partes (la angolesa y la argentina), dados sus antecedentes históricos, deberían ser muy prudentes a la hora de tomar compromisos recíprocos futuros.

Los movimientos espasmódicos de nuestra política comercial externa, basados en éxitos de corto plazo o meramente coyunturales, son más consumidores de recursos humanos y materiales que generadores de riqueza creciente. Pero desarrollar nichos de oportunidades es también un objetivo permanente de nuestra política exterior. La mejor de las suertes para quienes encaran este desafío.

(*) Secretario de Relaciones Internacionales de PRO.

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