8 de octubre 2009 - 00:00

La Argentina, lejos de ganar el Premio Nobel en información

Enrique Blasco Garma
Enrique Blasco Garma
La Academia Sueca concedió el Premio Nobel de Física a tres científicos que encontraron la forma de transmitir mejor la información. Lo hicieron a través de fibras ópticas y la cuestión central que descubrieron era la pureza del cristal, el medio de transmisión.

La Argentina está en el proceso inverso. El Gobierno procura oscurecer la información de las más diversas maneras. Fundamentalmente, deforma los datos, ocultándolos, impidiendo su difusión, propalando cifras y noticias no confiables, imponiendo regulaciones que distorsionan los procesos de decisión de los agentes económicos (prohibiciones de exportación, cuotas de importación, tarifas reguladas, impuestos sobre la producción de energía y bienes agropecuarios, subsidios, compras directas), cambiando las reglas de juego, las leyes y regulaciones, impidiendo auditorías y controles independientes. El Gobierno puede hacerlo porque la población y el sistema institucional lo toleran. Los ciudadanos no encontraron los medios para impedirlo y no bregan lo suficiente para corregir esas distorsiones. No se dieron cuenta de la vinculación entre la calidad de la información y capacidad de decisión individual con el valor de sus activos e ingresos, el producto de sus actividades.

La riqueza es el resultado de decisiones individuales y colectivas. Las naciones pobres resuelven deficientemente sus conflictos; las naciones prósperas lo son porque resuelven mejor. No puede asombrar que la pobreza -la ausencia de riqueza- avance donde la información que sirve para decidir está distorsionada y las capacidades de decisión personales restringidas. Por mejores que fuesen sus intenciones, la Presidente no puede conocer mejor que cada uno de nosotros qué nos conviene a cada uno; y no puede decidir por nosotros mejor que lo haríamos nosotros, sin trabas, en libertad de hacerlo. Esa es la conclusión central de los sistemas sociales, políticos y económicos.

Las sociedades progresan según la calidad de la información y las decisiones. Estas mejoran en la medida que quienes más valorizan el resultado sean quienes puedan decidir. Según participen los interesados en las decisiones, en proporción a su contribución en el producido. Un arte complejo que las visiones individuales conflictivas entorpecen resolver. Si el diputado o representante es elegido por un caudillo, no le importa defender los intereses de sus representados, la gente de su provincia, municipio, o gremio. Si el productor no puede decidir a quién y en qué condiciones vender, la producción se desalienta. El principio general es la mayor libertad individual, sujeta a restricciones necesarias para proteger las decisiones de otros. Para ello, los humanos han ido encontrando organizaciones, sistemas institucionales, que les fueron accediendo al progreso en paz. Gracias a lo cual, el planeta hoy puede albergar más gente, mejor alimentada y provista con bienes más que nunca en la historia.

Pero no todas las sociedades progresan al mismo ritmo. Unas se rezagan y otras avanzan a pasos agigantados. Unas son ricas, otras misérrimas. Las mejor informadas, las que tienen una estructura institucional de decisiones más alineadas con los intereses y visiones de su gente, progresan más. La democracia republicana representativa, con división de poderes políticos y económicos, con plena libertad individual y acceso a la información, es el sistema más exitoso en todo el planeta. Ese sistema no alienta empresarios amigos ni la corrupción.

La Argentina tiene que rectificar el rumbo, si quiere retomar el progreso que la enorgulleció y distinguió entre todas las naciones.

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