20 de septiembre 2011 - 00:00

La campaña se coló en el discurso

Santa Fe - Hermes Binner recibió ayer a Cristina de Kirchner como candidato a presidente y convirtió la inauguración de un centro de investigación científica en un round de campaña. «Sepa que es recibida en Santa Fe como mandataria de todos los argentinos y no de un 50 por ciento», lanzó primero en referencia al resultado de las internas de agosto. Y en otro tramo le advirtió que «la primera lección que aprendimos es que en la división, el enfrentamiento entre hermanos y el país de blanco y negro, no podremos realizarnos como argentinos».

Ese giro en su estrategia responde al asesoramiento del publicista uruguayo Esteban Valenti, conocido por haber llevado a Tabaré Vázquez a la presidencia y al propio Binner a la gobernación en 2007. Valenti es, precisamente, el responsable de haber bautizado como Frente Amplio Progresista la fuerza con la que el gobernador de Santa Fe encarna su cruzada política, amoldando el título al Frente Amplio uruguayo en el que Binner se referencia.

Creyó entender Valenti que para garantizar el éxito de la campaña del socialista era necesario imprimirle una dosis de confrontación de la que, hasta el momento, Binner carecía.

Había ganado aquel jueves de julio previo a las elecciones en su provincia en el acto en el que Cristina de Kirchner le achacó no haber logrado un crecimiento similar al del resto de las provincias. El gobernador no respondió ese día, pero sí el siguiente.

Ayer la pirotecnia fue en vivo y en directo, sin reparos. Y Binner esta vez no cosechó respaldo, incluso su propia tropa pareció no acompañar su afrenta. Si hasta el intendente socialista de Rosario, Miguel Lifschitz, ponderó el discurso de la jefa de Estado: «Cristina hizo la defensa del proyecto económico y político de su gestión y el desarrollo de la Argentina. Fue un buen discurso», dijo.

Aunque su estrecho asesor está convencido de que Binner no gana en octubre y que la apuesta es de aquí a diez años, sorprende la soledad política en la que se refugió a partir de su ruptura con Ricardo Alfonsín primero, y con Pino Solanas después. Una soledad similar a la del propio senador Carlos Reutemann, víctima de sus propios berrinches políticos.

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