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La Cámpora abre, estilo “Coqui” y la OTAN conurbánica
Eduardo “Wado” De Pedro
La resurrección política de Amieiro, sostenida por sus índices de imagen positiva, trafica un factor pragmático: las encuestas lo señalan como el mejor rival de Andreotti, y en la lógica electoral el neocamporismo no dudó en bendecirlo como su apuesta K en San Fernando, donde enfrenta a quien es casi una extensión política de Sergio Massa.
El caso Amieiro, deslizan en Casa Rosada, anticipa un criterio. Frente a un escenario electoral complejo, con números acuosos y resultado incierto, La Cámpora moderó su hostilidad y mandó mensajes a los caciques territoriales de que la intromisión en las listas será, esta vez, menor que la imaginada.
Los intendentes quizá deban agradecer el giro utilitario a los devaneos de Massa, a los movimientos por ahora preventivos de Darío Giustozzi, lord mayor de Brown -primera baja del dispositivo K en la cerradísima Tercera Sección- y a la inesperada osadía de Daniel Scioli que liberó, o empujó, a dirigentes cercanos a engordar las boletas de Francisco de Narváez.
La aparición de esas dos ventanillas -Massa y, en menos medida, De Narváez- parió el relato contenedor, la promesa de que no habrá invasión en las boletas locales y de que se considerará la demanda del territorio en las esenciales boletas de legisladores provinciales.
Eduardo "Wado" De Pedro es el encargado de decantar dónde y cómo se aplicará ese aperturismo que, claro está, no será uniforme. "Wado", que opera en línea con Andrés "Cuervo" Larroque, hará en este turno lo que en 2011 hizo José Ottavis, ahora invisible o invisibilizado, en la mesa de arena ultra-K.
La charla entre Carlos Zannini y Alberto Pérez, el jefe de Gabinete sciolista, es sintomático porque Zannini es en el primer círculo cristinista el vocero de la pureza K.
"Los candidatos a diputados deben ser nuestros: no vamos a poner a nadie al que después tengamos que convencer de que vote una ley mandada por Cristina", le dijo, un mes atrás, a un intendente del FpV. Fue la forma de avisar que el alcalde de Tigre no sería candidato oficial de la Casa Rosada.
Máximo Kirchner es, a su vez, invocado como artífice de una apertura hacia el PJ convencional, por mero reflejo de hacer lo que hacía su padre. Eso implica contener a todos: respetar a los caciques leales, darle una porción de las listas provinciales y ceder algún casillero al sciolismo que antes de pedir lugares para Iván Budassi y Alejandro"Topo" Rodríguez, entre otros, congeló el hermanamiento explícito con De Narváez, aunque siempre se puede reactivar.
Es una jugada de espejos. Los caciques del conurbano deben pagar con su propio nombre. La idea es que sean candidatos como primer concejal suplente sin la obligación de asumir, una especie de pseudo testimonial ideada por Jorge "Coqui" Capitanich en Chaco, donde irá como primer senador suplente sin el peso de renunciar, pero con su nombre impreso en la boleta.
El esquema se explora en el conurbano sur, donde el FpV tiene, como en 2009, su último refugio, la única sección donde no perdió en aquella elección. Los caciques piden, además, cancelar cualquier posible colectora -en particular del sabbatellismo- porque advierten que si avanza el frente Massa-Giustozzi, la fuga de votos podría ser letal.
Anteayer, Massa y Giustozzi se sentaron a charlar largo. El de Brown quiere que la fusión se entienda como el ensamble de dos sectores y no como su incorporación lineal al massismo, además de resistir cualquier pacto con el macrismo, variable que Massa no descarta aunque sea como opción en las primarias del Frente Renovador.
Massa y Giustozzi gestan un pacto norte-sur, una especie de OTAN peronista y conurbánica, con la premisa ficcional de no hacer campaña anti-K y con el objetivo inicial de competir en las PASO del FpV.
De esa charla salió como hipótesis más sólida la boleta Giustozzi y Malena Massa. Pero en la noche, ambos se sospechan.


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