3 de agosto 2012 - 00:00

La capitulación de Macri, el desvelo mayor de Cristina

«Ya puse 300 millones y no pienso poner más». Aldo Roggio repitió la frase, más como un lamento que como una amenaza, por separado al menos frente a dos interlocutores oficiales. Un clásico K de estos tiempos: fue escuchado, pero lo despidieron sin certezas.

Roggio, que los últimos dos meses advirtió que en agosto estallaría la crisis sindical -porque la paritaria del verano fue parcial-, se transformó en un instrumento de presión de Cristina de Kirchner contra Mauricio Macri, en torno a zigzagueo por el subte.

La emboscada de la Casa Rosada involucra, además, a las dos vertientes gremiales: la UTA de Roberto Fernández y los Metrodelegados cuyo mando se reparten Roberto «Beto» Pianelli y Néstor Segovia que programan una secuencia de medidas de fuerza.

En el Gobierno reina, por estas horas, la intuición de que Macri está arrinconado. Lo adivinan enredado en cálculos e estimaciones como escala previa a aceptar, forzado, el traspaso de subterráneos. El porteño se concentra en un diagnóstico sobre daños.

En reserva, en un ring con reglas difusas, hay conversaciones. El último paper habla de cincuenta vagones nuevos, quince remodelados y el permiso para que el Gobierno de la Ciudad pueda tomar créditos en el exterior para inversiones en la red de subtes.

Entre sospechas, el macrismo se ilusiona con una negociación pero cada tanto se despabila: en enero pasado, vía Juan Pablo Schiavi, discutió múltiples variables y cada vez que el ahora exsecretario hacía una concesión, la contraorden de Olivos era romper.

¿Por qué, esta vez, con Florencio Randazzo y Eduardo Sícaro como intermediarios, la película no se repetiría?, interroga Macri a su equipo y nadie se anima a darle una respuesta definitiva. Ni siquiera Emilio Monzó, su ministro de Gobierno, alguna vez asociado a Randazzo.

Costos

El hartazgo de Roggio y los paros en cadena son el cóctel que preparó la Casa Rosada. Cinco días sin subtes, aunque dañen a la Presidente, generarían un malestar intenso contra el intendente porteño, puntualmente en su principal mercado electoral.

Una eventual salida de Roggio -que advierte, además, que arrastra una deuda cercana a los 150 millones- del negocio, como ya contó este diario, dejaría de facto el manejo del subterráneo en manos de la Ciudad, a través del SBASE.

Simple: una salida negociada, aun perdidosa, sería menos costosa que tener que hacerse cargo del servicio si la empresa rescinde el contrato. Ante eso, en el macrismo son varios los que sugieren que hay que avanzar, como se pueda, hacia un acuerdo.

Es decir: por las buenas o por las malas. La Casa Rosada especula con esa alternativa con la misma convicción que el macrismo la teme.

Así y todo, Macri en persona se resiste. Toma la libreta de almacenero y hace números: anualizado, el subte le costaría 1.000 millones de pesos, que sin subsidios nacionales -ninguna oferta K contempla aportes federales-, lo obligarían a disponer un aumento de tarifas.

Pero aun asumiendo el costo de una suba, ese renglón es incierto. Elevar el boleto a, por caso, 4 pesos le permitiría recaudar entre 600 y 700 millones de pesos. La oscilación está atada, de rebote, a qué resuelva Cristina de Kirchner respecto del costo del boleto de colectivo.

El verano pasado, cuando llevó a $ 2,5 la tarifa proyectó una recaudación mensual de 30 millones, pero como se redujo un 20% el tráfico de pasajeros (por la suba) también fue menor el ingreso. Ese desfase fue el que acusó Roggio para reducir, semanas atrás, las frecuencias.

La hipótesis de un aumento futuro se enlaza con aquel antecedente porque sin cambios en el boleto de colectivo, la cantidad de pasajeros y los ingresos previstos, para financiar el subte, también serían menores. Ante eso, los «ajustes» en otras áreas para cubrir el déficit del subte, deberían profundizarse.

Capitulaciones

Unos pocos días atrás la Presidente tensó con Daniel Scioli. Lo empujó hasta el borde del precipicio porque interpretó como un desafío que el gobernador precipite la discusión de 2015 y, además, porque en su esencia, el kirchnerismo requiere de batallas diarias.

Adormecida la tirria bonaerense, a partir de la misma lógica de someter a sus rivales, la Presidente apuesta a la capitulación de Macri en la pulseada por el subte.

Scioli y Macri aparecen hermanados. Así como el porteño festejó el tironeo entre la Presidente y el gobernador porque en esa disputa los dos resultaron heridos, ahora el bonaerense celebra que Cristina de Kirchner se enfoque en el jefe de Gobierno porteño.

Así y todo, la Presidente entre ambos tratos diferenciados. Hasta ahora ninguna propuesta K contempla anexar subsidios al potencial traspado del subte. A Scioli, en cambio, el primer semestre le giró 2.400 millones en subsidios, y garantiza un piso similar para la segunda parte de 2012.

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