“La democracia no existe en este país”

Edición Impresa

• ENTREVISTA A MICAH WHITE, FUNDADOR DE "OCCUPY WALL STREET"
El líder del movimiento, que surgió en plena crisis de 2008 y que enarbolaba proclamas contra el sistema, consideró que el magnate es un síntoma del fracaso de sus protestas.

Enviado especial a Nueva York - El colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008 dio inicio a una larga crisis, primero financiera, luego económica y finalmente política en el mundo desarrollado. La pérdida masiva de puestos de trabajo y los desalojos a granel demoraron en llegar a las calles en forma de protesta. El año caliente en ese sentido fue 2011. Desde mayo, con "Los indignados" de Madrid, seguidos en septiembre por un movimiento peculiar: Occupy Wall Street ("Ocupá Wall Street"). Un mes más tarde, el clamor se hacía mundial con manifestaciones en casi un centenar de países. Los blancos, en clave del criollo "que se vayan todos", eran los bancos, las grandes multinacionales, los políticos y "el 1%" más rico.

La consigna era la inorganicidad, la horizontalidad, la convocatoria a través de las redes sociales, la falta de liderazgos, el rechazo a cualquier forma de alianza con la política tradicional. La fascinación por el potencial movilizador de las nuevas tecnologías hizo erupción al mismo tiempo en el mundo árabe, con su "primavera".

Probablemente las bases mismas de un movimiento tan anárquico incubaban su agotamiento inevitable. Sin líderes ni programas, ¿cómo se convierte la protesta en algo más? Pero esa es la mirada externa del analista.

¿Qué dicen los propios inspiradores de esa fugaz "primavera" de 2011, una que, por lo pronto en Estados Unidos, se extendió a las principales ciudades y hasta se hizo campamento aquí cerca, en el corazón del sector financiero de Manhattan?

Ámbito Financiero contactó a Micah White, quien, a través de sus llamamientos desde la revista de izquierda radical Adbusters, que entonces editaba, fue "uno de los cocreadores" del movimiento" Occupy Wall Street, según él mismo se define.

White es doctor en Medios y Comunicación de la European Graduate School en Saas Fee, Suiza, cuyos títulos son reconocidos por el Estado de Malta y cantón suizo de Wallis. Vive en la costa de Oregon, en la otra punta de este país. A continuación, los principales tramos de la entrevista obtenida a través de un intercambio de correos electrónicos:

Periodista: ¿Cuál fue su rol en la emergencia de Occupy Wall Street?

Micah White: La idea se me ocurrió durante una conversación por teléfono con quien entonces era mi colaborador en Adbusters, Kalle Lasn. Entonces escribimos un primer email en el que llamamos a las protestas de Occupy Wall Street.

P.: Después del estallido de la crisis de las hipotecas, la expectativa sobre una amplia reforma y regulación del modo en que operaba Wall Street fue abordada por el Congreso. ¿Qué evaluación hace de las medidas que se tomaron?

M. W.: La democracia no existe en Estados Unidos. Esto quiere decir que la gente, el 99%, raramente consigue lo que quiere, mientras que los superricos dictan las políticas y las leyes. Este es el problema fundamental que tratamos de resolver y la única solución posible es cambiar el modo en que el poder fluye, la manera en que se toman las decisiones.

P.: ¿Le reconoce a Barack Obama algún esfuerzo en democratizar el sistema de toma de decisiones?

M. W.: La administración Obama nunca intentó cambiar fundamentalmente el modo en que funciona el poder.

P.: ¿Por qué Occupy Wall Street, que encarnó ese diagnóstico y llegó a ejercer cierta influencia, decayó de un modo tan abrupto?

M. W.: Occupy fue derrotado dos meses después de su surgimiento en 2011. Nació el 17 de septiembre y fue expulsado del parque Zuccotti el 15 de noviembre. Una vez que eso ocurrió, los campamentos en todo el mundo también fueron erradicados. El movimiento no podía ejercer ninguna influencia cuando sus campamentos eran destruidos.

P.: ¿Entonces ese fue el final para ustedes?

M. W.: Un nuevo movimiento social global como Occupy Wall Street puede emerger, pero no se le parecerá a él y hasta puede que no ponga en la mira a Wall Street. Pero el impulso central, el deseo de una mayor libertad colectiva y de una democracia del pueblo, será el mismo.

P.: ¿Qué significa para usted el fenómeno Trump?

M. W.: Donald Trump es un síntoma del fracaso de Occupy Wall Street. Es un síntoma del hecho de que la gente necesita desesperadamente un cambio pero que ese cambio le es negado. Y por eso algunas de esas personas cometieron el error trágico de depositar sus esperanzas en un individuo carismático. Occupy estaba en lo cierto al rechazar a los líderes. Los desafíos globales que enfrenta la humanidad sólo se resolverán a través de un movimiento social global.

P.: ¿Cómo es la revolución con la que usted sueña?

M. W.: La revolución es un cambio del régimen legal, de quién es realmente el soberano que establece las leyes. Por eso será revolucionario cualquier movimiento de protesta que gane soberanía para el pueblo y le dé a la gente la capacidad de reescribir la ley.

Dejá tu comentario