10 de junio 2011 - 00:00

La extraña parábola del candidato que no quiso postularse

Políticas de Estado en el bolsillo. Eduardo Duhalde presentó ayer en un hotel de Retiro la fórmula presidencial de Unión Popular junto al chubutense Mario Das Neves.
Políticas de Estado en el bolsillo. Eduardo Duhalde presentó ayer en un hotel de Retiro la fórmula presidencial de Unión Popular junto al chubutense Mario Das Neves.
Eduardo Duhalde no quería ser candidato. Pensaba, para sí, un oficio de otro volumen: patriarca de un bloque anti-K, que enlace PJ disidente y macrismo, contuviese una pizca de UCR y se nutriera de ese universo intermitente, o ficticio, llamado independientes.

Pacto de La Moncloa

Una versión criolla, y parcelada, del Adolfo Suárez que gestó el Pacto de La Moncloa en la España post-Franco. Pero en la imaginación de Duhalde, esa unidad estratégica establecía, de arranque, una exclusión: los Kirchner. Jamás ocultó esos límites.

Luis Barrionuevo desperdigó una frase, pronunciada por el caudillo de Lomas, que explicitaba la pasión revanchista: «Yo traje al loco y yo lo voy a sacar». El plan requería, incluso, que por sus altos índices de rechazo, Duhalde no sea candidato a nada.

Su destreza como operador invisible tropezó con una objeción: por prejuicios, recelos añejos o la simple presunción de que el bonaerense era un par y no su jefe, los otros caciques desconocieron su entidad «superior» y hasta despreciaron sus consejos.

Francisco de Narváez
desratizó de duhaldistas, salvo uno o dos casos, las listas con que derrotó a Néstor Kirchner en 2009. Mario Das Neves lo mandó a tramitar la jubilación, Mauricio Macri dejó de verlo en público y Felipe Solá lo catalogó como protagonista del «pasado».

Tras esa colección de desplantes, asumió que su retorno le demandaba visibilidad: en diciembre pasado, en Costa Salguero, se juró presidenciable. Todavía elucubraba un megafrente anti-K en nombre del cual, tarde o temprano, sacrificaría su candidatura.

No tuvo oportunidad de hacerlo. En marzo, primero en Catamarca y luego en Chubut, el kirchnerismo degolló dos rivales: Julio Cobos, ya en baja, y Das Neves. Entre abril y mayo, se bajaron Pino Solanas y Mauricio Macri. Solá se autolicuó y Rodríguez Saá volvió a la periferia.

Entre tanto, implosionó un intento por anudar un acuerdo con Ricardo Alfonsín. Duhalde responsabilizó a Macri de haber abortado, con una infidencia y luego un show televisado, esa confluencia opositora. El radical cortó el diálogo antes de que empiece.

Encerrona

La sucesión de deserciones dibujó una encerrona: Duhalde terminó, forzado, en una candidatura que en verdad jamás quiso. Diagnosticaba, de hecho, que sólo Macri o Cobos podían derrotar a los Kirchner. Tarde, por descarte, agregó a Alfonsín a ese pelotón.

Parió otro doble fenómeno: por un lado, acaparó el grueso de los votos de Macri y creció en las encuestas (citan dato de Aresco: 22,7%); por otro, se recortó como única opción de centro o centroderecha; una isla en un mar de candidatos autodeclarados progresistas.

En el camino, colectó al menemismo residual, el apoyo oficioso de Solá y el macrismo, sectores de la Iglesia y simpatías de las FFAA. Completó el ciclo al patrocinar la resurrección de Das Neves como su vice, elección de matriz menos política que económica.

Tiene un trato dual con Alfonsín: lo elogia en público -sus colaboradores le piden que lo castigue- con el foco puesto en un eventual balotaje pero debe vencerlo en la primaria: quien quede segundo en ese turno, tiene más chances de atraer el voto útil anti-K.

Rastrea, en tanto, formatos en un territorio esencial como es Buenos Aires. Graciela Camaño milita una candidatura bonaerense que no despega. Es más: «La Negra» quiere reelegir en el Congreso y sondeó la posibilidad de una doble postulación, como gobernadora y como diputada.

En esa búsqueda, el caudillo de Lomas tentó a Solá y rebotó; mide, en estos días, a Carlos Ruckauf. El excanciller reza, cada noche, para que al amanecer lo despierte un llamado que le proponga un destino diplomático. Duhalde, el candidato que no quería ser, no consigue candidatos.

Dejá tu comentario