31 de julio 2023 - 00:00

La Fed no tiene prisa: la inflación aterriza más rápido que la economía

Con la pausa de junio le bajó la persiana a la ofensiva relámpago. Y a la era del vértigo le sucede la sintonía fina y un manejo más sutil de los tiempos. El mercado bull luce tan cómodo como Powell. Gracias al aterrizaje suave, tiene un aliado y ya no un agresor.

Jerome Powell

Jerome Powell

La Fed cumplió lo prometido. Izó su tasa un cuarto de punto a 5,50%. Y no hizo nada más. Ni siquiera un discurso ligeramente áspero que dejara en claro que la suba no es la última. En septiembre el banco central podrá volver a aumentarla o no tocarla, su mandamás, Jay Powell dixit. Se verá. Para ese entonces habrá masticado un par de lecturas mensuales extra de inflación y empleo. Y sopesará la tensión o el relajo de las condiciones financieras del momento. Pocas veces -nunca en este ciclo- se vio a Powell tan cómodo que ni siquiera se ocupó de bajar línea. La Fed ya no corre detrás de la inflación. En rigor, ya no corre, camina mientras la economía y la inflación aterrizan con dispar suavidad.

La montaña viene a Mahoma y la Fed no tiene prisas. Ni en subir la tasa ni (mucho menos) en bajarla. Pero tampoco en devolver la marcha de los precios al corral de su meta anual de 2%. Powell no la imagina antes de 2025. Con la pausa de junio le bajó la persiana a la ofensiva relámpago. Y a la era del vértigo le sucede la sintonía fina y un manejo más sutil de los tiempos. Ya no trabaja en soledad y puede darse ese lujo. La tasa real positiva es ahora el socio del silencio. Un perro de presa. La Fed se tomó una pausa en junio (y repetiría en septiembre, aunque no quiera decirlo). Sabe que la tasa real igual comprime sin dar respiro. Más rápido merma la inflación más ajusta el cinto.

El aterrizaje suave no es un proceso uniforme. La inflación baja la nariz más rápido que la economía (y ni que decir del empleo). Y lo hace contra todos los pronósticos. Incluyendo las proyecciones (revisadas en junio) del propio banco central. La recesión no solo no se produjo (el staff ya la quitó de sus previsiones, dijo Powell) sino que la actividad económica debería sosegarse. EE.UU. creció 2% en el primer trimestre y aceleró a 2,4% en el segundo. En marzo, la FDIC, la corporación que administra el seguro de los depósitos, liquidó a los bancos Silicon Valley y Signature y cundió la zozobra.

Sin embargo, no hay rastros tampoco de la temida contracción brusca del crédito. ¿De qué aterrizaje se habla? Es un descenso con respecto a 5,5% de 2021 y 2,9% de la segunda mitad de 2022. Es una resurrección si se compara con el primer semestre del año pasado cuando se registró una recesión “técnica”, un bache transitorio de producción absorbido sin problemas por la firmeza sostenida del consumo y las ventas finales. ¿Y qué esperaba la Fed? En marzo, un crecimiento de 0,4% en el año. En junio, lo elevó a 1%. Igual se quedó corta. La realidad hasta el presente es el doble de velocidad: 2,2%.

El PBI se desplaza por arriba de la tasa de crecimiento potencial de 1,8% y más allá del pleno empleo. La tasa de paro –3,6% en junio– está anclada por debajo del 4% que marca la ocupación plena en la visión oficial. La inflación aterriza más rápido. En los doce meses a junio bajó de 9,1% a 3%. Medida por el deflactor del consumo personal ya se encuadró debajo de lo que preveía la Fed en 2023: 3,2%.

En la versión núcleo, el exceso es mínimo: 4,1% versus 3,9%. Sin embargo, todavía el banco central conserva una suba de tasa sin aplicar. Junio fue excepcional. La variación anualizada de precios empardó la meta de 2%. Está bien, una golondrina no hace la estabilidad, pero la Fed puede sentarse a ver y esperar. En tanto, la política monetaria en piloto automático no dejará de apretar.

El mercado bull luce tan cómodo como Powell. Gracias al aterrizaje suave, la Fed es un aliado y ya no un agresor. ¿Cuál fue el sobresalto esta semana? Que la economía rugiera tan fuerte. Y un malentendido sobre el Banco de Japón. Al final, la política monetaria mantiene su grado de relajación pero el esquema de control de la curva de bonos se hace más flexible.

Bien pensado, es lo mejor de los dos mundos (aunque es una espina para la renta fija). Wall Street acusó el golpe el jueves y retrocedió. Pero la caída se aprovechó el viernes. Fue otra oportunidad de compra. Si las acciones festejan, los bonos la tienen espesa. La tasa de diez años volvió a rozar 4%. La recesión que vaticinaban no llegó y pasa factura. El S&P escaló 19% en el año y los bonos del Tesoro a 10 años, 1%. La Fed no está hachando las tasas cortas como creían. La inflación en baja también los rescatará pero quizá antes haya que cortar clavos.

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