5 de septiembre 2016 - 00:00

La Fed se toma una pausa ante los malos datos económicos

Tras el sorpresivo informe de empleo de agosto, ahora Wall Street apuesta a más cautela por parte del banco central norteamericano. Los contratos de futuros esperan una suba de tasas en diciembre.

Stanley Fischer
Stanley Fischer
Wall Street quiere que le cuenten el cuento de la buena pipa. Y el informe de empleo de agosto le dio el gusto. Se esperaban 180 mil nuevos puestos de trabajo netos, se temía que fueran un alud de más de 200 mil, y aparecieron "apenas" 151 mil. Así, la principal narración en ciernes, la saga de la Fed y la normalización de las tasas de interés, que podía estrenar su segundo capítulo en un par de semanas, quedaría otra vez para mejor oportunidad. Los contratos futuros se inclinan por el ajuste de tasas recién en diciembre. Aunque lo novedoso es que no todos comparten la idea de que habrá (una enésima) postergación. Los halcones de la Fed, por supuesto, a la cabeza. Jeff Lacker, quien preside la Reserva de Richmond, no perdió ni un minuto en ratificar la conveniencia de retocar las tasas ya. Arrimó un buen argumento. La creación de empleo es robusta, pese a no ser lo picante que se vaticinaba. Después de todo, duplica en velocidad a la expansión de la oferta laboral, y la tasa de desocupación, que se mantiene en el 4,9%, está sólo a una décima de la definición actual de pleno empleo según la Fed. Lacker opina rotundo, pero (este año) no vota en el Comité de Mercado Abierto. Sin embargo, sus palabras riman con los dichos de la cúpula, Janet Yellen, Stanley Fischer y Bill Dudley. Inversores avezados (con acceso a la información sutil) como Bill Gross, mánager de carteras de bonos en la firma Janus, o la casa Goldman Sachs, entre otros, olfatean que habrá intervención cuando concluya el mitin el próximo 21. Las acciones de los bancos -hoy el mascarón de proa del rally bursátil- aumentaron sus precios casi el 9% desde agosto apostando a un escalón más elevado de tasas (que abulte sus spreads de intermediación). Y el viernes no perdieron el ánimo.

¿Qué se barrunta? No es un secreto. Si uno piensa que la Fed perdió credibilidad por el cuento de la buena pipa -insistir tanto con la suba de tasas y despachar tan poco, una solitaria vacunación de un cuarto de punto- y si además entiende que la institución está urgida por recuperar reputación, pues bien, es la ocasión ideal para dar el zarpazo y acallar las críticas. La economía repuntó en el tercer trimestre, y crecerá el 3% o más (3,5% asevera la Fed de Atlanta). Los mercados, avisados de las intenciones filosas de las autoridades, revelan templanza. Wall Street remó con éxito el chubasco imprevisto del "brexit" y cortó después una sequía de más de un año clavando una ristra de récords históricos. El Russell 2000 -una canasta de compañías pequeñas y tránsito agitado- es el índice más riesgoso, y el que más trepa. Y mientras se debate si la Fed apretará o no el gatillo, la volatilidad esperada -medida por el índice VIX-, lejos de encabritarse, transcurre una placidez de calma chicha. Que la economía y los mercados se alineen es un fenómeno que no se debería desaprovechar porque rara vez ocurre bajo presión. Por supuesto, el problema adicional de septiembre -de todo septiembre en un año electoral- es su interferencia con la campaña de los candidatos. ¿El derrumbe de Trump -no muy evidente en las encuestas, como sí en las proyecciones de electores que se derivan de las mismas- no señala acaso que el magnate inmobiliario se pegó un tiro en los pies, y que la carrera ya está definida? En cuyo caso, paradójicamente, la Fed podría demostrar que se desentiende en absoluto de todo cálculo político. El banco central administra riesgos. Y la coyuntura es propicia; los riesgos, así descriptos, no son desmesurados. Bastaría con tensar más las clavijas del discurso, desde acá hasta la reunión, para verificar que los nervios no se agrietan a último minuto.

Si la Fed está urgida por hacerse notar (creemos que no, pero se insiste con eso), podrá sacudir a la legión de escépticos que dejó de prestarle atención. ¿Y si la maniobra sale mal? Si eso le preocupa, lo lógico sería, como pensamos que hará, patear todo para diciembre. Pero, de vuelta, si la urgencia manda, y se quiere actuar y reducir los riesgos a un mínimo, ambos a la vez, lo que el banco central debe hacer es tomarle prestada a James Bullard la última página (ojo, la última, y no las anteriores) del libro de la Fed de Saint Louis. La que reza "one and done". Esto es, "una (suba) más y no embromamos más". ¿Lo hará?

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