- ámbito
- Edición Impresa
La Fed se toma una pausa ante los malos datos económicos
Tras el sorpresivo informe de empleo de agosto, ahora Wall Street apuesta a más cautela por parte del banco central norteamericano. Los contratos de futuros esperan una suba de tasas en diciembre.
Stanley Fischer
¿Qué se barrunta? No es un secreto. Si uno piensa que la Fed perdió credibilidad por el cuento de la buena pipa -insistir tanto con la suba de tasas y despachar tan poco, una solitaria vacunación de un cuarto de punto- y si además entiende que la institución está urgida por recuperar reputación, pues bien, es la ocasión ideal para dar el zarpazo y acallar las críticas. La economía repuntó en el tercer trimestre, y crecerá el 3% o más (3,5% asevera la Fed de Atlanta). Los mercados, avisados de las intenciones filosas de las autoridades, revelan templanza. Wall Street remó con éxito el chubasco imprevisto del "brexit" y cortó después una sequía de más de un año clavando una ristra de récords históricos. El Russell 2000 -una canasta de compañías pequeñas y tránsito agitado- es el índice más riesgoso, y el que más trepa. Y mientras se debate si la Fed apretará o no el gatillo, la volatilidad esperada -medida por el índice VIX-, lejos de encabritarse, transcurre una placidez de calma chicha. Que la economía y los mercados se alineen es un fenómeno que no se debería desaprovechar porque rara vez ocurre bajo presión. Por supuesto, el problema adicional de septiembre -de todo septiembre en un año electoral- es su interferencia con la campaña de los candidatos. ¿El derrumbe de Trump -no muy evidente en las encuestas, como sí en las proyecciones de electores que se derivan de las mismas- no señala acaso que el magnate inmobiliario se pegó un tiro en los pies, y que la carrera ya está definida? En cuyo caso, paradójicamente, la Fed podría demostrar que se desentiende en absoluto de todo cálculo político. El banco central administra riesgos. Y la coyuntura es propicia; los riesgos, así descriptos, no son desmesurados. Bastaría con tensar más las clavijas del discurso, desde acá hasta la reunión, para verificar que los nervios no se agrietan a último minuto.
Si la Fed está urgida por hacerse notar (creemos que no, pero se insiste con eso), podrá sacudir a la legión de escépticos que dejó de prestarle atención. ¿Y si la maniobra sale mal? Si eso le preocupa, lo lógico sería, como pensamos que hará, patear todo para diciembre. Pero, de vuelta, si la urgencia manda, y se quiere actuar y reducir los riesgos a un mínimo, ambos a la vez, lo que el banco central debe hacer es tomarle prestada a James Bullard la última página (ojo, la última, y no las anteriores) del libro de la Fed de Saint Louis. La que reza "one and done". Esto es, "una (suba) más y no embromamos más". ¿Lo hará?


Dejá tu comentario