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24 de julio 2023 - 00:00

La Fed y otra suba de tasas: por qué no es el final de la dureza monetaria

Wall Street se convenció de que ya pasó lo peor (también para Wall Street). El mercado bull de la Bolsa, que arrancó en octubre, y estrenó su chapa patente en junio, continúa su avance.

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¿Quién ignora que la Fed coronará su reunión de martes y miércoles con un aumento de tasa? Los futuros de Chicago consideran un retoque de un cuarto de punto 99,8% probable. Retomaría así la cruzada que inició de cero en marzo de 2022 tras la pausa agresiva que intercaló en junio. Nadie perderá el sueño con la noticia del turbador, en cambio, que el banco central se abstuviera de actuar. ¿Por qué? ¿Cuál será el problema? Así de potente es la herramienta de la comunicación anticipada que utiliza la Fed que conduce Jerome Powell. La pausa de junio fue clave. Su mensaje en código: la inflación está bajo control. No se rindió pero se desangra. Con el diario del lunes, y el detalle de la información posterior, se advirtió la aceitada precisión de la maniobra. La suba de tasa de un cuarto de punto confirmará que todo marcha según lo previsto. Es decir, que la hoja de ruta del aterrizaje suave está despejada. Una señal tranquilizante. La canasta de indicadores líderes y la curva de bonos no se cansan de predecir una recesión inminente. Pero se trata de un espejismo en el camino, una ilusión visual siempre a corta distancia que al ojo de la Fed no lo engaña. O, al menos, eso se querrá creer.

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¿Qué nos espera después? Wall Street se convenció de que ya pasó lo peor (también para Wall Street). El mercado bull de la Bolsa, que arrancó en octubre, y estrenó su chapa patente en junio, continúa su avance. Lo guía la convicción creciente de que la Fed se saldrá con la suya, y sin rasguños. La política monetaria fue indolente en 2021 y super agresiva en 2022. Importó más rescatar a la economía de las garras de la pandemia. La inflación se convirtió en la prioridad oficial recién el año pasado, cuando ya medía 7% (tres veces y media su meta). La política fiscal, por caso, se utilizó como nunca. Y después, cuando hubo que bajar la fiebre, hizo mutis por el foro. Sin embargo, la inflación al consumidor descendió de 9,1% a 3% en los últimos doce meses a junio. Las expectativas de inflación a mediano y largo plazo siempre se mantuvieron estables. Esa es la razón principal del ajuste suave de la trayectoria real. La actividad económica no se resintió sobremanera. Amagó una recesión en el primer semestre de 2022 pero la sorteó. El consumo se sostuvo firme. De marzo 2022 a mayo 2023, la Fed izó las tasas de cero a 5,25% y levantó un muro cortafuegos. Sin embargo, la tasa de desocupación era más alta en febrero de 2022 (3,8%) que en cualquier momento posterior. Y fue apenas 3,6% en junio. La creación de empleo se desacelera (+1,8%), y aun así es más que suficiente para empujar una expansión saludable.

La economía y la inflación aterrizan sin entrar en colisión, aunque no exentas de peligros. La retracción de la actividad manufacturera podría devenir en una recesión industrial. EE.UU. es, sin embargo, una economía de servicios. Allí anida el vigor y los excesos de precios que aún restan domesticar. En ese afán, la Fed gatillará una suba de tasas que bien podría ser la última. Aunque prometió otra antes de fin de año. Pero si la inflación baja rápido (en junio fue menor que la de Japón), el aumento automático de las tasas reales -la opción favorita de Bostic y Goolsbee- podrá rematar la faena sin necesidad de aplicarla. Julio sería así el final de la cruzada de alza de tasas, no de la política monetaria astringente. La Fed debe alcanzar sí o sí a la meta de 2%, pero sin urgencia. Tal vez demore hasta 2025. Es prueba y error. Y un apuro podría provocar recesión. De ahí, la pausa de junio y otra presumible en la reunión de septiembre. Noviembre será una historia diferente. Existe una chance en cuatro de que recién allí se despache la última salva, según los futuros de Chicago. Sin embargo, hay tres elementos que sugieren una probabilidad mayor y no se los está tomando en cuenta. No opera una contracción violenta del crédito bancario como se temió en marzo. Al revés, las condiciones financieras se relajan sustancialmente con el auge de Wall Street. Pero, sobre todo, la recesión inmobiliaria tocó fondo. Repuntan las ventas, la nueva construcción y los precios de la vivienda. Este es un sector ultrasensible a la tasa. Una resurrección muy vigorosa justificará otra suba. Si es más vigorosa aún y no se achica ante una hoja de balance de la Fed más chica, si las Bidenomics concretan una bonanza de proyectos de infraestructura, no será tampoco la última.

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