En lo que va del año hemos tenido sólo tres seguidillas de más de cuatro subas consecutivas, dos en enero y la última terminando el 14 de abril. Con el 0,06% que cedió al cerrar en 15.291,66 puntos, el Dow quedó ayer apenas un 0,76% debajo del máximo que marcó el 28 de mayo pasado. Puestas así las cosas es evidente que las señales que está mandando la Reserva Federal y su gente poco y nada le importan a los inversores. De hecho lo peor de la rueda pasó por American Express y el Bank of America, lo que da idea del poco efecto que tuvieron las minutas de la reunión del mes pasado (fueron recibidas con una suba que rápidamente hundió al mercado accionario en lo peor del día, antes de una recuperación hacia el final de la sesión), revelando que los gobernadores querrían pruebas más claras de que la situación laboral está mejorando antes de "cerrar el chorro". Luego del cierre de las operaciones, Ben Benake realizó declaraciones prácticamente en el mismo sentido, casi como queriendo alimentar la suba de los activos financieros, lo que fue acompañado en el "after hours" de una suba del 0,6% para el Dow y subas en el precio del oro y los bonos del tesoro (durante la rueda la tasa a 10 años trepó al 2,68% anual). Si se repite la historia, en las próximas horas podríamos ver comentarios en un sentido contario para tratar de atemperar la relativa "exuberancia" del mercado norteamericano. Decimos relativa, porque el volumen diario negociado en lo que va del mes es el más bajo desde mayo de 2007. Tal vez lo más llamativo y más fácil de explicar de la jornada fue el 2,55% que ganó el precio del petróleo al cerrar en u$s 106,17 por barril. ¿La explicación?: la crisis en Egipto, que si bien no acaparó títulares sigue profundizándose.
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