La industria frigorífica habla en portugués

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Las industrias frigoríficas brasileñas invirtieron más de u$s 500 millones en la Argentina a partir de 2005 para quedarse con el 30% de las exportaciones de carne desde este destino y para terminar de completar el control del 50% de los negocios de la carne en el mundo. Brasil domina hoy operaciones de carne vacuna en Estados Unidos, Australia, Italia, Chile, Paraguay, Uruguay, y no debería sorprender, entonces, el racconto de todas las inversiones realizadas en la Argentina.

Con visión estratégica y de largo plazo, aún soportando pérdidas por las restricciones impuestas al comercio de carne en la Argentina, los empresarios brasileños siguen consolidándose en la plaza local con miras a un «futuro» promisorio que se insinúa aún muy lejano.

La estrategia apunta a afirmarse en todos los nichos que ofrece el mercado de la carne en el mundo y manejar el negocio internacional. La estructura ofrece el siguiente esquema: el mercado japonés -vedado a la carne de Brasil por la fiebre aftosa- sería abastecido por frigoríficos brasileños desde Estados Unidos; la demanda de carne como commodity sería abastecida directamente desde Brasil; los mercados europeos, que demandan mayor calidad y sofisticación, serían provistos desde la Argentina, donde se cuenta -por ahora- con 28.000 toneladas de Cuota Hilton que ingresan con beneficios arancelarios.

Los grupos Marfrig y JBS-Friboi son los mayores operadores de carnes de Brasil y quienes lideraron las compras en el país. La ola de inversiones comenzó en 2005, cuando tanto producción como exportaciones crecían sistemáticamente y nada hacía prever, pese a las dificultades que provocó que muchas empresas fueran ofertadas para la «venta», que finalmente se fueran a cerrar las exportaciones y a iniciar un camino de controles y restricciones como nunca había sido ejercido en el país. JBS-Friboi, que compró en la Argentina la emblemática Swift Armour y sumó plantas de la ex CEPA y Consignaciones Rurales, entre otras, reconoció en el último balance que presenta trimestralmente ante la Bolsa de San Pablo (Bovespa) que las pérdidas acumuladas en la Argentina durante el último período de 2008 alcanzaron a $ 25,9 millones por «ruptura de contratos y pérdidas de ventas por exportaciones debido a la falta de liquidez del mercado internacional». Esta situación curiosamente no ocurrió en otros países; más teniendo en cuenta que la empresa vende desde y hacia todos los destinos, también afectados por la crisis financiera mundial que golpea sobre el consumo.

Para algunos conocedores del mercado de la carne, «los brasileños de JBS-Friboi están muy diversificados y esto puede ser muy bueno, porque en el balance consolidado las pérdidas de la Argentina son compensadas por las ganancias de Australia, por ejemplo. En el país no deberían tener problemas, porque su apuesta es a largo plazo.

Cuando se liberen las exportaciones, como alguna vez va a ocurrir, este conglomerado de frigoríficos va a estar en un lugar expectante. El aspecto negativo es que la atomización de negocios puede, por un efecto dominó, golpear sobre toda la empresa. Compraron Swift Estados Unidos con una deuda de u$s 1.500 millones, y están emitiendo bonos por u$s 700 millones para financiarse». En efecto, las mismas autoridades de JBS dijeron que el dinero será utilizado «para balancear las deudas con las compras y mejorar la liquidez de corto plazo».

Empresarios y operadores de la carne indican que la posición de Quickfood SA, del Grupo Marfrig, es diferente. Pocos cambios en el management estratégico sostienen los argumentos. La histórica empresa de la familia Bameule es conducida ahora por Marcos Antonio Molina Dos Santos, quien opera en constante crecimiento en el negocio de la carne desde 1986, sosteniendo su conglomerado de plantas frigoríficas en Latinoamérica (varias plantas en la Argentina, presencia en Uruguay y en Chile), hecho que le otorga cierta firmeza debido a que la región mostró sostenimiento en la demanda y buenas oportunidades de exportación.

El grupo Marfrig -que posee también en la Argentina las fábricas de Argentine Breeders & Packers, y Estancias del Sur- factura anualmente alrededor de u$s 2.300 millones, según datos públicos. En el balance anual de Quickfood, cerrado en junio de 2008 y presentado ante la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, se declararon ventas por $ 1.090 millones y ganancias por $ 56,5 millones. Durante los últimos seis meses de 2008 la empresa facturó $ 678,5 millones y consiguió una ganancia de $ 34,2 millones, sustentada fundamentalmente en una fuerte presencia en el mercado interno, a través de las hamburguesas Paty, casi un genérico.

La industria de la carne de Brasil se desarrolló en los últimos 10 años modernizando la comercialización (no se venden medias reses) y adaptando con inteligencia el apoyo financiero del Banco Nacional de Desarrollo, que impulsó la internacionalización de las empresas del país. Si bien algunas voces argentinas indicaban que los brasileños llegaban a la Argentina con el fin de posicionar su carne en el mundo (mezclando marcas y origen), los empresarios han demostrado que sus pretensiones exceden el oportunismo (de hecho, algunas plantas se pagaron a valores muy altos, que excedían la rentabilidad y racionalidad del negocio) y que van por más.

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