6 de octubre 2010 - 00:00

La obsesión K por abortar relato de una dura derrota

Néstor Kirchner, junto a Gustavo López, durante el acto de los neo- forjistas desde donde hizo su descargo por fallo de la Corte.
Néstor Kirchner, junto a Gustavo López, durante el acto de los neo- forjistas desde donde hizo su descargo por fallo de la Corte.
Néstor Kirchner dominó, en público, el «panic attack». A horas del fallo de la Corte Suprema sobre la ley de medios, que el kirchnerismo sintió como una puñalada, el patagónico evitó la estridencia y se abrazó a los tramos favorables del dictamen supremo.

Cauto, a contramano de las críticas que el planeta K descargó contra los cortesanos, Kirchner destacó que se ratificó la vigencia de la ley y sobre la cautelar que congela el artículo 161 -gema del plan oficial- prefirió elogiar que se fijó un plazo de resolución.

Fue, en la traducción optimista del fallo, un paso más lejos: «Estoy seguro -afirmó- de que el año que viene podremos ver el fin de los monopolios». De ese modo, Kirchner buscó refutar el criterio según el cual la Corte clausuró la nueva ley de medios hasta 2012.

En rigor, unos segundos antes, aceptó que le hubiese «gustado» que el tribunal haya establecido un plazo puntual, y expeditivo, para que se resuelva la cautelar y no planteó, genéricamente, la idea de «plazo razonable» que a simple vista sugiere dos años.

Entre el mediodía, cuando trascendió el texto, y el atardecer, cuando habló en la Biblioteca Nacional -invitado a un encuentro de radicales K que reeditan el jauretchiano sello FORJA- Kirchner se sumergió en una secuencia de consultas sobre el alcance del fallo.

Como siempre en materia jurídica, abrumó con preguntas al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, que antes se había encerrado con Aníbal Fernández para desmenuzar el fallo. Transmitió, luego, la orden de no interpretar el dictamen como una derrota.

Ofició él mismo como el vocero de esa decodificación esperanzada y en vez de apuntar contra la Corte -con la doctrina Hebe de Bonafini-, recordó su integración independiente y transmitió una mirada desprovista del dramatismo que invadió al kirchnerismo apenas trascendió el fallo.

La matriz de esa lectura es lineal: evitar que la intervención de la Corte se refleje como un fracaso del Gobierno y, por lo tanto, como un triunfo del Grupo Clarín. Esa mirada está, en esencia, pensada para la tropa propia que lo padeció como un retroceso.

No es el único foco: el mensaje derrama, también, sobre la corporación judicial. El criterio de una Corte rebelde contra los deseos K podría sembrar, sumado a que perderá el control del Consejo de la Magistratura, una rebelión masiva en la Justicia.

Por eso, además de valorar el fallo -aun con su objeción de que «lo ideal hubiera sido que aceptara el recurso extraordinario» del Gobierno- enfatizó que no se trató de una resolución unánime. Error: hubo dos dictámenes, pero los siete jueces fallaron del mismo modo.

La intención de Kirchner, que luego expandieron los voceros K, de publicitar que el fallo es un «ni» que «más que dañar al Gobierno daña a Clarín», en un tono de no confrontación con la Corte, marcha junto al mandato del patagónico para reactivar el acto de este viernes en Río Gallegos.

Esa cumbre es la contracara de la cautela -más allá de sus estallidos contra Héctor Magnetto y las «corporaciones»- que ayer expuso el ex presidente que quiere que el PJ en pleno, y en particular los gobernadores, lo escolten pasado mañana en el show donde pretende mostrar el peronismo K sin fisuras.

La excusa es el fallo de la Corte Suprema que ordenó al Gobierno de Santa Cruz reponer como procurador a Eduardo Sosa. El plan era respaldar a Daniel Peralta ante esa «intromisión» que se contagió en el Congreso con un pedido de intervención promovido por la oposición.

La cumbre, que se planeó como un show nacional, se había ido licuando hasta reducirse, aun con la presencia de Kirchner, en un episodio provincial. Un gesto, explicó Peralta, para ratificar la «postura de la provincia» respecto del expediente Sosa (ver Ámbito Nacional).

Ayer, a horas del fallo de la Corte sobre la ley de medios, se reactivó el operativo para convertir ese acto en la vidriera donde la plana mayor del peronismo, más los actores adicionales del universo K, se muestren junto a Kirchner para respaldar la ley de medios.

La matriz original se reconfiguró: de un respaldo a Peralta, situación ante la que la mayoría de los gobernadores se presenta solidaria, mutó a un desfile de dirigentes para mostrarse junto a Kirchner en su batalla con Clarín y, de rebote, contra la Corte Suprema.

El último antecedente es brumoso: cuando Cristina de Kirchner presentó el informe sobre Papel Prensa, la concurrencia de gobernadores fue mínima.

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