12 de enero 2018 - 23:09

La reedición de la coalición de Merkel dejará a la ultraderecha en una posición privilegiada

• LA XENÓFOBA AFD QUEDARÁ COMO LA PRINCIPAL FORMACIÓN OPOSITORA, POR LO QUE RECIBIRÍA BENEFICIOS
La Alternativa por Alemania se beneficiará si se confirma el relanzamiento de la alianza entre la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) , ya que la legitima como adversaria de la política tradicional. Su ascenso surge cuando la agrupación radicaliza su discurso.

La reedición de la coalición de Merkel dejará a la ultraderecha en una posición privilegiada
Con el probable acuerdo entre la CDU/CSU de Angela Merkel y la socialdemocracia para reeditar la "gran coalición" que mantienen desde 2013, la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) ascendería al puesto de principal partido de la oposición, lo que le otorgaría beneficios en el Bundestag y reforzaría su posición ante la sociedad como opción frente a los partidos tradicionales.

Si la alianza de Gobierno se confirma en los próximos días, la organización islamofóbica y euroescéptica logrará el control de la comisión de Presupuesto de la Cámara baja, será la primera fuerza en tomar la palabra cada vez que la canciller brinde alguna exposición y se beneficiará con mayores recursos económicos para su maquinaria. En resumen, su voz cobrará fuerza en los debates transcendentales del país a costa de un sistema que repudia.

"Es uno de los escenarios en los que puede sacar más provecho. Una nueva 'gran coalición' sería una posibilidad para que la AfD reedite una pieza fundamental de su discurso contra la política tradicional: 'son todos lo mismo'", explicó a Ámbito Financiero, Franco Delle Donne, autor del libro que estudia el fenómeno del ascenso de esta agrupación, Factor AfD.

La socialdemocracia y la democracia cristiana "gobernaron juntos durante tanto tiempo que perdieron la capacidad de mostrarse como proyectos alternativos", agregó. "Lo relevante es que la AfD logra un impacto mucho más grande ya que efectivamente se presenta y se legitima como la adversaria de los partidos mayoritarios", agregó el experto.

Pasados cerca de cuatro meses de las legislativas, Merkel usa contrarreloj su última carta para conservar el cargo antes de verse obligada a acudir nuevamente a elecciones, una posibilidad que las encuestadoras adelantan sería perjudicial tanto para su partido como para el SPD. En cambio, la Afd, liderada por Alice Weidel y Alexander Gauland, resultaría beneficiada: de acuerdo con un sondeo publicado por el diario Der Spiegel, obtiene el 14,7% del respaldo, superior al 12,6% de los sufragios que le otorgaron 92 escaños en el hemiciclo.

Lo cierto es que el ascenso de la AfD como tercera fuerza parlamentaria todavía tiene a Alemania con la boca abierta. Hasta ahora, la principal potencia europea había esquivado la ola de extrema derecha que ya echó raíces en otros países del continente, y su tropiezo, por demás estrepitoso, dejó flotando una pregunta: ¿es este del regreso del nazismo?.

"No considero que la AfD sea un partido neonazi por dos motivos. En principio, la agrupación no usa o llama sistemáticamente a la violencia. En segundo lugar, la AfD no es antidemocrática y es integrada por ideologías variadas", afirmó Job Janssen, periodista y politólogo especializado en el estudio del populismo de derecha en Alemania, a Ámbito Financiero.

En ese sentido, el partido movilizó a votantes de todo el espectro político, desde la coalición democristiana CDU/CSU y la socialdemocracia SPD cerca de un millón y medio de sufragios-, además de captar a quienes históricamente optaban por la abstención. No obstante, en vista a la mutación de los últimos años, su composición podría radicalizarse, advirtió el experto. "Desde su fundación en 2013, su eje ideológico fue torciéndose desde una agrupación antieuro a una prédica antiislam. Ahora que el AfD tuvo éxito electoral con un curso nacionalista, el flanco de extrema derecha salió fortalecido. Por lo tanto, no sería raro que la AfD pueda avanzar aún más en esa dirección", explicó a este diario.

Sin embargo, los últimos síntomas demuestran que el nuevo cambio de piel ya comenzó. No hay semana que los miembros de la agrupación no reciban apercibimientos o desaten una catarata de condenas por sus comentarios xenófobos en las redes sociales.

En medio de las celebraciones de fin de año, la diputada de la formación en Berlín, Beatrix von Storch, se quejó públicamente de los mensajes que la Policía había emitido en árabe. "¿Qué carajo pasa en este país? ¿Por qué la policía publica ahora mensajes oficiales en árabe?", lanzó la política. "¿Se dirige así a las hordas de hombres bárbaros, musulmanes y violadores para intentar engatusarlos?", escribió en referencia a los abusos que sufrieron varias mujeres durante la Navidad de 2016. Otra de sus integrantes, Franziska Lorenz-Hoffmann, representante de la AfD para el distrito de Neukölln, en Berlín, compartió en Facebook un cartel de propaganda del Tercer Reich. "¡Mujer alemana! Conserva la pureza de tu sangre. Los extranjeros no te tienen que tocar".

Siegbert Droese, el líder de AfD en Leipzig y diputado electo, hizo campaña con un automóvil cuya patente era "AH 1818", en referencia a las iniciales de Adolf Hitler y la ubicación de esas letras en el alfabeto, un código común utilizado por los simpatizantes del genocida. También Alexander Gauland, dirigente del partido y quien se postuló para suceder a la canciller Angela Merkel en los comicios de septiembre, dejó entrever una simpatía hacia el nazismo al reivindicar el papel del ejército local durante la Segunda Guerra Mundial: "Si los franceses están orgullosos de Napoleón y los ingleses de Churchill, nosotros tenemos derecho a estar orgullosos de nuestros soldados". Y la lista de quienes cruzaron la línea roja se extiende.

Ya no se trata de deslices involuntarios, sino de una convocatoria directa al electorado de extrema derecha para sumarse a sus filas, con la que se rompen barreras tan delicadas como cuestionar la responsabilidad en el Holocausto

En ese sentido, el Dr. Josef Schuster, presidente del Consejo Central Judío en Alemania afirmó a este diario poco después de los últimos comicios que "atualmente, la AfD se centra en los musulmanes. Pero esa agitación puede transformarse fácilmente en propaganda contra los judíos si les parece oportuno", afirmó en una entrevista. "Las inhibiciones se desvanecen cada vez más para expresar puntos de vista racistas o antisemitas. Tenemos que invertir más en educación política y democrática para detener este fenómeno", aconsejó.

La expectativa está ahora en la conducta de la AfD frente a este nuevo rol y en la respuesta de la sociedad a una agrupación que coquetea con los peores demonios.

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