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La reforma de salud de Obama avanza con prebendas a aliados
Barack Obama
También muchos medios estadounidenses se rindieron a los superlativos. La CNN tildó de «crucial» la decisión, en tanto que otro medio habló de un «paso de enorme alcance».
A muchos norteamericanos, sin embargo, les suenan a chino los procedimientos que ahora debe asumir el Senado, que requiere una mayoría de 60 votos para abrir y cerrar debates. Y en el extranjero más de uno se pregunta qué tiene de histórico el hecho de que vaya a debatirse sobre un proyecto de ley de un partido mayoritario.
Con independencia de eso, las estimaciones de la Casa Blanca y también de los medios reflejan las dificultades a las que se enfrenta Obama para hacer realidad el proyecto más destacado de su política interna.
Lo importante es sortear obstáculos. Pero Obama, sin duda, se ha vuelto lo suficientemente realista como para saber que aún se encuentra ante una auténtica carrera de obstáculos hasta que pueda hacer entrar en vigor el proyecto de reforma, con suerte antes de su primer discurso sobre el estado de la unión, que tendrá lugar en febrero en el Congreso.
Lo que entonces podría firmar como ley tal vez difiera en muchos aspectos de lo que deseaba en un principio. Los expertos ya descartan prácticamente por completo que el borrador definitivo vaya a incluir un seguro médico estatal como alternativa a los seguros privados. Sin embargo, muchos consideran que un sistema médico estatal sería precisamente la clave para poner en caja a la industria de los seguros médicos e inducirla a reducir su costo.
Amargo
Obama volvió a aprender a la fuerza que sobrestimó la necesidad de armonía en el país y en el Congreso tras la profunda división de la era Bush. Especialmente amargo debe ser que el presidente no sólo tenga que lidiar con el fuerte rechazo de los republicanos, cuya antipatía hacia lo que consideran un «rumbo socialista» parece rozar con el más puro odio, sino también con más voces críticas que lo esperado entre sus propias filas.
Aunque junto con dos independientes los demócratas cuentan con 60 votos en el Senado -en realidad, suficiente para evitar un bloqueo del proyecto de ley por medio de las constantes protestas de la oposición-, el número no es tan mágico como parece.
Sólo mediante concesiones financieras a los estados de los respectivos senadores demócratas el jefe de partido, Harry Reid, pudo asegurar que el proyecto fuera a ser discutido en la Cámara alta. Y ya ahora está claro qué sucederá en las próximas semanas: un regateo similar al de un mercado de ganado. Un puñado de demócratas determinará junto con el independiente Joe Lieberman, quien ya ha amenazado con bloquear la iniciativa, el corte de la reforma.
«Cuando todo esté terminado, los millones para Louisiana parecerán una ganga (para quienes den el sí a la reforma)», comentó The Washington Post en alusión a la considerable suma que aseguró la senadora Mary Landrieu para su estado como contrapartida a su «sí» en el debate.
Eso, y en general el hecho de que los 60 votos del sábado se lograran con lo justo, demostró «el partidismo y la permeabilidad» de la política moderna.
Las experiencias cosechadas hasta ahora ponen en entredicho si Obama logrará el debate «productivo» que tanto espera, de acuerdo con un comunicado de la Casa Blanca. Todo indica que lo más probable es que se dé una fea batalla.
Agencia DPA


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