7 de junio 2010 - 00:00

La simpatía K por “Ricardito” ahora se convierte en recelo

Raúl Alfonsín
Raúl Alfonsín
Un mes atrás, un mensajero llevó a Olivos un pedido de Ricardo Alfonsín para que el peronismo lo ayude a «fiscalizar» la interna radical. Néstor Kirchner disfrutó al escuchar el planteo: el placer de saber que su poder se expande, incluso, a otros partidos.

«Ayúdenlo», dijo esa tarde y habilitó un encuentro entre el hijo del ex presidente y un operador K que, juran al lado del ex presidente, jamás se concretó. Sin embargo, la estructura del radicalismo que tributa al Gobierno jugó, abierta o veladamente, con Alfonsín. Con los días, de todos modos, al Kirchner lo asaltó una duda que ayer, cuando se conoció el triunfo del diputado nacional, adquirió un volumen inesperado. La interna implicó un golpe, quizá terminal, para Julio Cobos pero, en paralelo, alimenta el fantasma Alfonsín.

El razonamiento que circuló en Olivos la última semana y que impuso al Gobierno a moderar su intervención a favor del ganador de anoche fue que Cobos, su enemigo más despreciado, está en una etapa de caída mientras Alfonsín está en un ciclo ascendente.

El supuesto, que ayer mutó en realidad, es que un triunfo de «Ricardito» aunque dañara las chances de Cobos podría dar un impulso al hijo del ex presidente hasta convertirlo, de cara a 2011, en una figura tan o más peligrosa que el propio vicepresidente.

En esencia, aunque la elección movilizó a poco más de 130 mil radicales -era cerrada, sólo de afiliados-, el resultado sirvió no sólo para poner en duda la eficacia de los aparatos para garantizar triunfos sino que además reflejó que dentro de la UCR Cobos tiene más rechazo que adhesiones.

En definitiva, la elección se planteó como un duelo entre el mendocino y Alfonsín Junior por lo que, más allá de los eufemismos y la preservación que se intentó luego, el vice fue el gran derrotado de ayer. Su propio partido, lo castigó con contundencia.

Un dato -entre tantos- sirve para ilustrar ese fenómeno. Mar del Plata es el territorio del jefe del cobismo bonaerense, el diputado Daniel Katz. Allí Alfonsín obtuvo 953 votos y la lista que apadrinó el cobista rasguñó 418. Un doble mensaje: perdieron Cobos y el «aparato».

La autopsia de la elección, que certifica el derrumbe del bloque histórico de la UCR bonaerense que conforman Leopoldo Moreau y Federico Storani, barre a Gustavo Posse -ayer cayó la cotización de su sueño de ser candidato a gobernador- y potencia a Alfonsín sin techo predecible.

Si eso ocurre en el futuro, y el hijo del ex presidente se posiciona como un rival temible para los Kirchner, el patagónico se arrepentirá de la contribución que hizo para su triunfo en la provincia. Puede, también, que en un año celebre lo que hizo si Alfonsín, tras herir a Cobos, también queda en el camino.

Por lo pronto, el radicalismo K, jugó ayer al lado de «Ricardito». El eje que pasa por Olivos y que preserva, todavía, cargos y bancas -entre ellos Gustavo López y Silvia Vásquez- colaboró. Entre ellos, los intendentes de San Isidro, Enrique «Japonés» García y de Marcos Paz, Ricardo Curutchet.

Pero también otras terminales ligadas al Gobierno como Ricardo Ivoskus, de San Martín y José Eseverri de Olavarría aportaron a la victoria de Alfonsín aunque, en rigor, los motivó más la posibilidad de darle un golpe de gracia a Moreau y Storani. Así y todo, ni ellos creían que era posible el zarpazo de ayer.

Tampoco Kirchner que expresaba por «Ricardito» una simpatía proporcional al desprecio que siente por Cobos y que disfrutó cuando Alfonsín asistió a Casa Rosada para el acto del Bicentenario del que expresamente fue excluido el vicepresidente. La cepa que Kirchner ayudó a inocular al radicalismo para fulminar la «enfermedad» Cobos podría convertirse en el germen de una nueva fiebre. Quizá la última maniobra, esta vez posmorten, angelada, de Raúl Alfonsín.

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