9 de marzo 2012 - 00:00

La trama secreta de los códigos Exocet en 1982

El programa «Document» de la BBC, emitido en la víspera, revela que un equipo técnico de los constructores franceses del sistema avión Super Etendard-misil Exocet estuvo durante la Guerra de Malvinas de 1982 en el país mejorando el funcionamiento de los misiles y se hace eco de una nota de reciente aparición en la revista francesa Le Marin con el testimonio de uno de los técnicos, a quien identifica con las iniciales C.L. (Christian Larrieu).

El diario Ámbito Financiero, en la edición del 2 de abril de 2002, oportunidad del 20° aniversario de la recuperación de las islas, reveló la trama de una historia que incluyó el amor entre uno de los técnicos galos y una profesora de francés, oriunda de Bahía Blanca, con quien más tarde se casó y viven en la actualidad en París.

El jefe de esa misión, Hervé Colin, del grupo Dassault-Breguet, junto a Pierre Guiminot -el francés que quedó prendado de la profesora argentina- de la empresa Thomson CSF, además del ingeniero Christian Larrieu, de la firma Sagem, trabajaron codo a codo con los aviadores navales y técnicos en la base Comandante Espora para poner a punto las aeronaves.

Luego del pedido de Margaret Thatcher a François Mitterrand para que el Gobierno galo impidiese a los argentinos la operación del letal avión Super Etendard y su misil Exocet (pez volador, en francés), la presión se hizo sentir y todos los técnicos, salvo Guiminot, de Thomson, retornaron a Francia.

La contratista Thomson era clave, proveía los circuitos de la interfaz que permite el «diálogo» de los sensores del avión (el radar) con el complejo mecanismo de guiado del misil hasta el blanco.

El fabricante del misil, la empresa Aeroespatiale, fue la primera en cortar los contactos con la Aviación Naval argentina, pero Guiminot, aunque pertenecía al conglomerado Thomson, conocía el sistema tanto como un especialista de Aeroespatiale y ayudó al éxito de la misión de puesta a punto.

El centro de la operación de adquisición del programa HUUK, nombre código de la compra de los aviones Super Etendard y sus misiles AM-39, era el entonces capitán de fragata Carlos Testa, un ingeniero en armas y control de tiro, que se destacaba por su tenacidad para resolver dificultades técnicas, quien años más tarde de la finalización de

la guerra, en 1993, fue designado agregado naval en la embajada argentina en Francia. En simultáneo con los esfuerzos de los técnicos y mecánicos de la base aeronaval Comandante Espora para «sintonizar» el avión con el lanzador y el misil Exocet, Testa afilaba sus contactos en París para dar con los números códigos que requería la puesta a punto del sistema avión-misil. Dos suboficiales, el «Mingo» Ibáñez y Banegas, pasaron días con noches interminables entre cables, valijas de prueba, computadoras portátiles y datos de los preciados «códigos», los números que en determinada secuencia permitían ajustar todo el conjunto de las señales de posición, la telemetría, el radar y el sistema de puntería del misil, dijo a ese diario un técnico que prefirió no dar su nombre.

La culminación con el éxito en las maniobras de puesta a punto llegó por el rol casi de James Bond cumplido por Testa, quien recibió los ansiados «códigos» directamente de una de las empresas francesas involucradas en la construcción de los Super. La información partió hacia la Argentina en manos del comandante de una aeronave de Aerolíneas Argentinas. Los datos coronaron el esfuerzo de equipo y las pruebas dieron luz verde al lanzamiento del misil que el 4 de mayo se mostró al mundo como el arma más letal en el combate antisuperficie con el hundimiento del destructor Sheffield.

Las maniobras de inteligencia británicas se agudizaron tras el ataque exitoso del binomio Super-Exocet y el alto mando inglés concibió una operación extrema: el sabotaje a los aviones en Río Grande y la eliminación de los pilotos navales. Fracasó por la pérdida del factor sorpresa, los viejos radares SPS 40 de los destructores Piedrabuena y Bouchard detectaron el helicóptero Sea King de la Royal Navy que transportaba a los comandos de las SAS encargados de esa misión casi suicida. Las tropas de elite se replegaron vía Chile tras incendiar el helicóptero.

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