Las acciones argentinas bajan en torneo parisino

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Quedaron lejos aquellos tiempos de gloria sobre el polvo de ladrillo parisino, cuando la bandera celeste y blanca la portaba una nutrida tropa de argentinos. Al margen de la consagración de Guillermo Vilas, en 1977, y la más reciente de Gastón Gaudio, en 2004, nuestro país siempre se caracterizó por brindar numerosos jugadores al cuadro principal de Roland Garros en la última década. En promedio, unos 10,9 por año. Pero ese cociente de dos dígitos maquilla el peor aporte en la historia albiceleste. En 2010, sólo cinco tenistas criollos figuraron en el main draw: Juan Ignacio Chela, Juan Mónaco, Eduardo Schwank, Horacio Zeballos y Leonardo Mayer, quien llegó hasta la tercera ronda y tuvo la mejor labor. Hasta el momento, apenas seis serán parte de la edición 2011, cifra que podría elevarse a siete si avanza Mayer, el único sobreviviente de los 10 que jugaron la qualy.

Si se compara con las temporadas 2007 y 2008, representan apenas la tercera parte. En aquellas oportunidades hubo 15 argentinos en el cuadro principal, la mayor cantidad en la historia. Pero, ¿a qué se debe el decaimiento de los últimos años? Una de las explicaciones estriba en la mejor predisposición de la reciente camada de jugadores para las superficies rápidas en detrimento de las canchas lentas. Con el paso del tiempo, los torneos sobre cemento y sobre superficie sintética fueron desplazando a los de polvo de ladrillo. Por tal motivo, incluso algunos argentinos que antes se sentían más cómodos sobre arcilla, como Juan Mónaco, cuyos tres títulos los obtuvo en ese terreno, modificaron su juego bruscamente para adaptarse a las nuevas reglas del circuito.

Ni hablar de David Nalbandian y de Juan Martín del Potro, semifinalistas de Roland Garros en 2006 y en 2009, respectivamente. De los 11 torneos que suma el cordobés en sus vitrinas, 7 los conquistó sobre canchas duras. El último festejo sobre polvo de ladrillo data de 2008, cuando se quedó con el ATP de Buenos Aires. La misma sintonía desanda la Torre de Tandil, que de las 9 coronas, 6 se las adjudicó sobre cemento, entre ellas la más trascendental de su carrera: el US Open de 2009. Tal vez la excepción a la regla sea Juan Ignacio Chela, el último de los mohicanos, cuyos 6 gritos se produjeron todos sobre arcilla. Los que dio en Bucarest y en Houston, en 2010, cortaron la sequía nacional de casi dos años sin gloria sobre canchas lentas.

Al igual que el año pasado, Roland Garros volverá a contar con pocos representantes albicelestes. Si bien Del Potro confirmó el martes que será de la partida, su delicado físico impide proyectar con cierto grado de certeza hasta dónde puede llegar. Más rezagados en consideración aparecen Mónaco y Chela, aunque la buena tarea que están desempeñando en Düsseldorf invita a esperanzarse. El resto, es decir, Carlos Berlocq, Máximo González y Brian Dabul irá como punto al Bois de Boulogne. Dependerá de la suerte que les toque a la hora del sorteo del cuadro. De todos modos, es poco previsible que algún resultado cambie la certeza que engloba a esta última década: el tenis argentino se ha vuelto cada vez más alérgico al polvo.

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