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Las bondades perdidas del shock
Sólo recuerdo dos ejemplos cercanos de programas de estabilidad exitosos. El primero fue el Plan Austral, durante el Gobierno de Alfonsín, implementado en junio de 1985, por el ministro Sourrouille y su equipo. Juan Vital Sourrouille fue el segundo ministro de economía de Alfonsín. El segundo programa exitoso fue la Convertibilidad, implementada en abril 1991, presidencia de Menem, por su ministro Domingo Felipe Cavallo. Tampoco Cavallo fue el ministro de economía inicial de esa administración. Pareciera que gobernar es más difícil de lo que los funcionarios se imaginan. Gracias a la estabilidad, Menem fue el primer presidente, desde 1952, en terminar su mandato. Y encima resultó reelegido por amplio margen.
Ambos programas se apartaron de las recetas del FMI, que promociona enfoques gradualistas con tipo de cambio flotantes y ajustes pausados en el tiempo. Tanto el Plan Austral como la Convertibilidad se basaron en una paridad fija con el dólar, una fuerte adecuación fiscal y monetaria. En concreto ambos fueron programas de shock para atacar de cuajo las expectativas inflacionarias. En los dos casos, la economía tomó fuerte impulso, con gran crecimiento del PBI, los precios se estabilizaron, y el Gobierno ganó las elecciones, pues la gente quiere precios estables para mejorar su desempeño. Por supuesto, la estabilidad duró hasta tanto las autoridades cumplieron los requisitos fiscales y monetarios. La Convertibilidad, además, sufrió la caída record de los términos de intercambio, cuando las materias primas cayeron a valores mínimos, y tras el default ruso y la negativa del FMI de apoyar al Gobierno. En ese entonces prevalecían en Washington iniciativas como el "hair-cut" para que los tenedores de bonos argentinos sufrieran pérdidas por supuestas ganancias extraordinarias.
Por qué fijar el tipo de cambio. Para los argentinos el dólar es la unidad de cuenta del patrimonio y transacciones importantes. Por eso, las expectativas inflacionarias sólo se calman rápidamente estableciendo una paridad fija. Número fácil de vigilar por la gente. Y para asegurar esa paridad fija, no puede haber emisión monetaria para financiar crédito interno. Para asegurar el tipo de cambio fijo, el BCRA sólo puede emitir comprando dólares, esto es una transacción voluntaria decidida libremente por los agentes económicos. Y sólo puede retirar pesos vendiendo dólares a las empresas y particulares, otra transacción voluntaria. Como es un sistema transparente y fácil de entender, la gente lo adopta enseguida pues sabe que con una paridad fija los precios no se escapan, luego de las adecuaciones iniciales. Pero claro, el Estado tiene que garantizar que no se emitirán pesos para financiar sus actividades ni para otorgar crédito a particulares o empresas.
Una regla sencilla que todos comparten y entienden.
Este programa de estabilidad, ajustando rápidamente las cuentas fiscales y monetarias, y un tipo de cambio fijo, para abatir la inflación inmediatamente, se vería fortalecido con la salida del default conseguida por las autoridades y gestión del equipo económico. Con estas decisiones, la Argentina establecería las bases para un desarrollo acelerado, en tanto complete una reestructuración de sus instituciones y reglamentaciones. La población apoyaría a sus gobernantes con entusiasmo al verificar mejorías en las situaciones de cada persona.


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