- ámbito
- Edición Impresa
“Las mujeres ya no estamos condenadas a una única temática”
Guelfenbein cree que el éxito actual de las escritoras “se debe a que las mujeres están más en sintonía con lo que está ocurriendo a su alrededor, están más alertas y más inmersas en su tiempo. Al narrar tienen un vínculo más estrecho con sus lectores porque no están en el limbo”.
Periodista: ¿Por qué será que quienes escriben best sellers en Chile son tres mujeres: Isabel Allende, Marcela Serrano y, últimamente, usted?
Carla Guelfenbein: Es una pregunta que se están haciendo los escritores hombres, y se la están haciendo hace mucho rato [Se ríe], porque no sólo en Chile sino en varias partes del mundo estamos tomando los lugares que durante mucho tiempo han tenido los hombres. Fíjese en la lista de los libros más vendidos y se va a encontrar con escritoras que se volvieron multimillonarias con sus libros. Y en los más diversos géneros narrativos. Las escritoras ya no están condenadas a una única temática. Creo que el éxito acaso se debe a que las mujeres están más en sintonía con lo que está ocurriendo a su alrededor, están más alertas y más inmersas en su tiempo. Al narrar tienen un vínculo más estrecho con sus lectores porque no están en el limbo.
P.: ¿Usted cree en un creciente predominio femenino en esa conexión autor-lector?
C.G.: Esa forma de escribir no es patrimonio exclusivo de nosotras, también hay hombres muy conectados con sus lectores que escriben sobre las relaciones entre las personas y con la época en que han vivido, sobre los miedos, las carencias, los abandonos, las frustraciones. Esos escritores son hoy los más reconocidos. Pienso en Coetzee, al que conocí en una reunión de escritores en Islandia, en Ian McEwan, en Barnes, y en varios otros, sobre todo anglosajones.
P.: Usted ha comentado que todas sus novelas surgen de una imagen que la intriga, ¿fue así también en "Nadar desnudas", su nuevo libro?
C. Guelfenbein: Todas mis historias me han surgido de una imagen. Así como "El resto es silencio" nació de la imagen de un niño que está debajo de una mesa y escucha una conversación entre adultos, que es como comienza la historia. En "Nadar desnudas" quería explorar una historia de amistad y, de pronto, vi a dos chicas que nadaban desnudas. Entonces me pregunté: ¿quiénes son? Esa es una de las preguntas que me hago cuando se me aparecen imágenes así. Me interesó saber su historia. Por otro lado, tenía claro que quería emplazar una novela durante los convulsionados años setenta en Chile. Era un tema que no me había atrevido a tocar hasta ahora porque es un tema que a mí me resulta muy sensible, y también a mucha gente. Mi madre estuvo presa. Tuvimos que salir de Chile. Sabía que al tocar ese tema estaba tocando la sensibilidad de muchas personas. Para poder abordarlo necesité de mucha distancia. Pero, como en todas mis novelas, lo que está en primer plano son las historias personales, íntimas. Y en este caso es la historia de un triángulo muy especial, en cierta manera.
P.: ¿Especial porque trata de dos jóvenes mujeres, que no son adolescentes lolitas, una de las cuales tiene relaciones con el padre de la otra?
C.G.: Lo verdaderamente transgresor es que son dos amigas que se conocen, porque habitan en el mismo edificio, en un momento de su vida en que una para la otra es enormemente importante. Para Sophie, una chica de 18 años, su amiga Morgana representa una tabla de salvación a una historia de vida muy conflictiva. De pronto encuentra la posibilidad de una amistad, de tener confianza en otra persona, algo que por distintas razones ha perdido. Sophie está desarraigada, es mitad chilena y mitad francesa. Y de pronto se encuentra con Morgana, una española que también tiene su desarraigo, es la hija de un diplomático franquista que ha estado en diferentes lugares del mundo. Morgana tiene todo eso de lo que Sophie carece: vitalidad, confianza en la vida. Por otra parte, Sophie tiene lo que Morgana no tiene, talento creativo. Morgana es una gran conocedora de la poesía española pero tiene formación de tipo académico, bordea la poesía a través del aprendizaje, en cambio Sophie tiene en bruto un extraordinario mundo imaginario. Se complementan, y eso las une de manera entrañable. Entonces ocurre lo que no tenía que ocurrir. La española Morgana se enamora de Diego, el padre de Sophie. Es un triángulo que no es el más tradicional.
P.: Si es por la diferencia de edad, eso se ha vuelto prácticamente convencional, se lee a cada rato en las revistas del corazón.
C.G.: Morgana tiene 23 años y Diego 45. Viven etapas diferentes de la vida. Él es un politólogo que tras estudiar en París, casarse y tener a su hija Sophie, vuelve a Santiago de Chile para participar en el gobierno de Salvador Allende. Morgana ha vivido bastante y es suficientemente desprejuiciada como para que Diego vaya a tener que hacerle conocer el mundo o la sexualidad. Lo transgresor es que Diego se enamora de la íntima amiga de su hija, algo que Sophie siente como la gran traición.
P.: Uno puede sospechar que en realidad la traición es porque ha habido una relación pasional, íntima, sexual entre las dos chicas.
C.G.: No lo sabemos. Hay alusiones. Están siempre juntas, tienen proyectos en común, nadan desnudas. Ahí hay una exploración de cómo son las relaciones de amistad entre las mujeres. Las mujeres tenemos relaciones con nuestras amigas mucho más estrechas que las que tienen los hombres entre ellos, sin necesariamente ser lesbianas, sin necesariamente tener deseos sexuales, pero donde hay un afecto que se manifiesta físicamente. Cuando yo era niña dormía con mis amigas en la misma cama, y nos reíamos, y por la mañana nos peinábamos, y nos metíamos juntas a la ducha. Hay una naturalidad respecto al cuerpo, sin llegar a más. Los hombres suelen ver en eso una ambigüedad. Pero en este caso, además, no está claro lo que Sophie siente por Morgana, y yo tampoco lo sé exactamente. Como usted dice, ella nunca se casa, tiene un problema con el sexo no resuelto, que acaso pueda originarse en algo que ella nunca asumió, pero eso no está dicho. Y eso a mí me gusta mucho. Decirlo sería traicionar su intimidad.
P.: Si no se entiende así, la traición de Diego, tendría que ser con su mujer, no con su hija.
C.G.: Es que de la madre está separado hace años. Y "Nadar desnudas" no es el cliché de un hombre que se va con una jovencita, que es una historia aburridísima que ya se ha contado mil veces. Me parece poco interesante y no gastaría mi tiempo en eso. Y no es lo que yo quería contar. Me interesó el momento del quiebre, el instante en que la relación se rompe cuando Sophie se entera que su amiga está embarazada de su padre. Y ese conocimiento coincide con el golpe a Salvador Allende. La historia personal de los personajes va siendo un espejo de la Historia. La historia de Chile es un ruido que comienza a crecer lentamente hasta que se produce un cruce completo entre lo personal y lo histórico. La ferocidad histórica se cruza con la ferocidad personal. Tienen que pasar 30 años para que Sophie y Morgana se vuelvan a encontrar. Es con la caída de las Torres Gemelas, con los trágicos sucesos del 11 de septiembre de 2011 que Sophie, que es una consagrada artista plástica, remueve los recuerdos que la llevan a regresar a otro 11 de septiembre, aquel en que se truncó aquella amistad y la vida de su familia, de la que ella no quiso saber nada más. En la novela Sophie trata de recobrar y comprender lo perdido. La historia comienza en el exilio en 1973, y vuelve a dos años antes para contar la trabazón de los personajes, lo ocurrido en el breve gobierno de Allende y el golpe de Estado. Así podemos ver que en ese momento crucial se producen traiciones de todo tipo que van a trastrocar la vida de las personas, aun de aquellas que no han querido tomar conciencia de lo que está sucediendo.
P.: ¿Ahora qué está escribiendo?
C.G.: Una quinta novela. Ocurre en el 2003, y trata de una escritora judía, ya mayor, que relata su vida. Está basada en ciertos aspectos de Clarice Lispector. Y eso es todo lo que puedo adelantar por ahora.
Entrevista de Máximo Soto


Dejá tu comentario