20 de julio 2015 - 00:00

Lavelli: “No veo teatro argentino”

Jorge Lavelli presentó en Aviñón “No lo esperábamos”, del sueco Larsson. Pese al éxito de la escena nacional en ese festival, el veterano director dice que no lo ve.
Jorge Lavelli presentó en Aviñón “No lo esperábamos”, del sueco Larsson. Pese al éxito de la escena nacional en ese festival, el veterano director dice que no lo ve.
Aviñón - El director argentino Jorge Lavelli, presente en el Festival de Aviñón, defendió en una entrevista con la agencia AFP su visión del teatro, habló del proyecto de transformar en ópera una obra de Copi y lanzó duros comentarios sobre su experiencia el año pasado en el teatro Colón, cuando vino a montar "Idomeneo" durante la gestión anterior a la actual en el teatro. Y dice que no ve teatro argentino.

"No lo esperábamos": el título de la obra del sueco Stig Larsson (literato y cineasta casi homónimo con el autor de la trilogía "Millennium") parece una ironía de Lavelli, que desde 1967 acumuló el récord de diez obras en el programa oficial y reaparece a los 83 años en el "off" de Aviñón. El director que reveló a Francia y al mundo la obra del polaco Witold Gombrowicz o del argentino Copi, hoy deplora que el teatro ya no sea tan audaz.

Periodista: ¿Por qué eligió una obra de Stig Larsson?

Jorge Lavelli:
Hacía mucho tiempo que tenía esta obra en mis manos y no me decidía a montarla. Esta pieza siempre me quedó rondando. Me interesó porque me evocaba mucho a August Strinberg: la familia mirada y escrutada de muy cerca.

Vi en ella una dramaturgia que me convenía para hacer mi trabajo con actores, en profundidad. Cuando me decidí a montarla, decidí no respetar la edad de los personajes, porque los actores de 50 años tienen una cantidad de vicios acumulados: los del teatro comercial o de bulevard, de la televisión o el naturalismo de los actores de cine, que a mí no me interesa para nada como producto teatral.

P: ¿Cuál es entonces su visión?

J.L.:
Me gusta la teatralidad en el teatro, la implicación absoluta del intérprete en la dramaturgia. Es decir, que no diga un texto que se sabe de memoria, sino que domine el sentido de lo que está diciendo. No me interesa para nada el naturalismo. Ni como espacio, donde prefiero una utilización global, ni como estética. Sea cual sea la escena que monto, nunca pongo un florero o un arbolito para completar un rincón. Eso plantea dificultades al actor, pero también riquezas, si tiene los elementos suficientes para adquirirlas, dominarlas e ir hacia lo más fuerte e inesperado.

El teatro no es hablar, lo que tiene importancia para el actor es expresar, significar algo, entrar y salir de un mundo complejo, pero siempre sorprender. Yo sería capaz de poner en escena la guía telefónica, pero siempre pasando por la intensidad del espectáculo ya sea del amor, la violencia o incluso la elegancia.

P.: ¿Cómo fue su relación con Jean Vilar, fundador del Festival?

J.L.:
Éramos muy amigos. La gente decía: 'Vilar es un hombre inabordable', pero yo le tenía admiración y él a mí una gran simpatía. Comprendió que yo dominaba el espacio y me dijo: 'Usted será mi invitado permanente'. Es cierto que el espacio es mi arma, trabajo en el espacio. Y eso le interesó mucho, porque era su problema. En 1971, Vilar murió y me afectó tanto que durante diez años no regresé por Aviñón.

P.: ¿Cuál es su mirada sobre el nuevo teatro argentino?

J.L.:
No lo veo porque rara vez voy para allá. Estuve el año pasado en el Teatro Colón para montar la ópera "Idomeneo" de Mozart y me topé con un verdadero desastre: el país, la organización, todo. El teatro en sí sigue siendo magnífico porque durante cinco años un equipo de italianos lo restauró por completo. Pero está mal administrado, con una enorme burocracia y cargos políticos. Me quedé furioso después de aquella experiencia, fue como un sabotaje: toda esa gente jugó en mi contra.

P.: ¿Cuáles fueron los mejores momentos de su carrera?

J.L.:
Me he involucrado a fondo en todas las cosas que hice. Uno de los recuerdos más grandes es haber introducido a Gombrowicz en Europa. Y Copi, por supuesto. Monté casi todo su teatro. Es alguien a quien quise mucho, tuvo más éxito después de morir que en vida. También lo dirigí como actor dos o tres veces: a él le encantaba. No era un actor y actuaba de manera muy inesperada.

P.: ¿Y los críticos?

J.L.:
Tuve ataques terribles y ahora estoy un poco inmunizado contra esa gente. Algunos también hablaron bien de mí, felizmente, no sólo hay imbéciles entre los críticos. En la prensa también hay gente profunda y conocedora del teatro.

P.: ¿Proyectos de futuro?

J.L.
: En este momento estoy trabajando en una ópera con un liberto basado en una obra de Copi, "La sombra de Wenceslao", es una de las que había escrito en español. Ocurre en el interior. Es un viaje, con una parte de los personajes que viven cerca de Paraná, en medio de las inundaciones y las tormentas de la pampa. En esa familia hay una chica que sueña con Buenos Aires. Sueña con la gran ciudad y escucha tangos cantados por Tita Merello. Esta obra tuvo mucho éxito en el teatro y tuvimos la idea de convertirla en ópera, con música del argentino Martin Matalon. Se va a estrenar en Rennes en octubre de 2016 y se presentará después en otras nueve ciudades francesas.

Agencia AFP

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