“Le Parc Lumière”: tecnología básica, calidad altísima

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Río de Janeiro. La Casa Daros acaba de inaugurar la muestra "Le Parc Lumière", su segunda exhibición desde que en marzo de este año, abrió las puertas de un bello e inmenso edificio neoclásico con aires coloniales en el barrio de Botafogo. El tema de la muestra es la luz en movimiento. El universo que Julio Le Parc creó a partir de la década del 60 depara experiencias intensas: la luz surge de la oscuridad cargada de vibraciones y termina por deshacerse entre destellos y reflejos ante los ojos del espectador.

A través de cuatro maquetas y 32 instalaciones pertenecientes a la Colección Daros Latinoamérica de Zurich, la exposición recupera la producción de un período revolucionario. Si bien las obras cuyo protagonista es la luz tienden a desmaterializarse en un mundo que ha dejado de ser sólido y estable, las ideas de Le Parc forjadas hace media centuria mantienen desde entonces su vigencia.

Nacido en 1928 y radicado en París desde 1958, nuestro artista impulsó desde entonces la llamada "democratización del arte". Sus obras y sus teorías acerca del sentido del arte coinciden desde entonces con precisión. Junto con sus pares del Grupo de Investigación de Artes Visuales (GRAV), redactó manifiestos que dejaron atrás un arte quieto y estático, abrió paso al cinetismo, incorporó al espectador como protagonista activo y realizó obra múltiple, para tornarla accesible al público masivo.

Las obras se mueven pero el espectador debe participar de ese dinamismo. Este principio rector marcó el rumbo de un artista tan preocupado por la estética como por la ética, por la producción y la recepción.

Con estos principios, en 1963 Le Parc llegó con el Grupo Grav a la Bienal de París que le otorga el primer premio al trabajo colectivo. En 1966 ganó individualmente el Gran Premio de la Bienal de Venecia. Hoy, lúcido, alto y delgado como un junco, cuenta con humildad sus hazañas, pero también con orgullo. Consultado sobre qué cambiaría en la actualidad con las posibilidades de acceso a las nuevas tecnologías, Le Parc destaca: "Lo importante es el resultado, mucho más importante que los medios utilizados. Cuando hice estas obras no tenía dinero para comprar motores, fueron hechas a mano y la maquinaria utilizada para realizarlas es muy simple, es básica". Estas palabras adquieren su genuina dimensión al ver la muestra: la tecnología es baja pero la calidad es altísima.

El proyecto, según relató el curador Hans-Michael Herzog, "comenzó hace 12 años en el atelier de París, frente a una serie de piezas que si bien todavía no brindaban una imagen de su resolución final, resultaron suficientemente atractivas para iniciar el trabajo de restauración". La tarea estuvo a cargo de KTMthe Walter, la eximia curadora técnica de Daros, y contó con la pericia del artista.

Así, a lo largo del recorrido, es posible constatar que las instalaciones conservan todavía su factura manual, mientras la suavidad de las luces levemente amarillentas delata la época y el contexto en el cual nacieron las obras. La restauración ha sido respetuosa. Las fantasmagorías de Le Parc, sus juegos con la luz no aspiran a la espectacularidad de sus seguidores contemporáneos, como el inglés Anthony McCall, que se puede ver en el Faena y que utiliza como un bisturí la luz tajante del laser para cortar la oscuridad.

El espíritu de los tiempos se percibe en la muestra de la Daros. Herzog, evidentemente satisfecho con el trabajo, destacó con inocultable alegría el viaje que se inicia al penetrar en la oscuridad de las salas. "El espectador se pierde en el tiempo y en el espacio, ingresa en un nivel que está más allá de lo físico y que puede percibirse como trascendental".

Ese universo de espejismos y ensueños tiene un profundo sentido político. Herzog subraya la conciencia social, la voluntad del artista de crear un arte para el disfrute y el placer de todos y no sólo para una elite de entendidos. En "Le Parc Lumière" la gente debe interactuar con las obras, desde apretar un pedal que hace girar una superficie roja, circular y alucinada, hasta ingresar en el vendaval de unas cintas voladoras o perderse en un laberinto de espejos que reproducen la imagen al infinito.

En el catálogo que publicó Daros Latinoamérica, hay un texto donde el artista señala: "Si una persona entra en una exposición como la mía, para mí es suficiente si sale con una sensación de haber sido parte de una experiencia, ya sea por el movimiento, las luces, ya sea porque tiene que participar en algunas obras como los juegos, las encuestas, ya sea porque la presencia frente a una obra va provocando cambios". Le Parc expresa su ambición de modo directo. Aspira a que la gente se apodere de la energía que emana su obra y agrega, "a lo mejor puede proceder de otra manera en otro frente de su vida con esa energía ganada". Además invita al espectador a tomar posición, a adoptar una actitud reflexiva y valorar o no el arte que está mirando. "Si un espectador se da cuenta de que es tomado en consideración por las obras expuestas, que le dan algo, quizá pueda decir después: '¿Por qué en otros lugares yo no recibo esto?'", sugiere el artista.

Al finalizar la jornada, embriagados con la experiencia visual y disfrutando el menú de cocina fusión mendocina y francesa, donde los "dois mundos" de Le Parc "se misturam", se habló de las tratativas de Herzog para llevar la muestra a la Argentina. En el año 2000 los argentinos conocieron el estímulo de un arte que no habían visto nunca, cuando las obras del mendocino llegaron al Museo Nacional de Bellas Artes donde había chicos y jóvenes interactuando con ellas.

Se dijo entonces que el Museo de Arte Moderno porteño no posee obra de Le Parc, y el artista respondió: "No es buena política donar. La obra que doné al Museo de Bellas Artes apareció rota en la década del 80". De este modo salió a relucir el tema de la obra que posee el Teatro General San Martín, valuada en un millón de dólares. "Desplazamiento" permaneció en el olvido hasta que, luego de ser restaurada y emplazada en el lobby, padeció destrozos durante la reciente, indeseable y violenta toma del Centro Cultural San Martín. Yamil Le Parc, hijo de Julio, cuenta que una obra similar, de la misma serie, fue el mayor atractivo de la exitosa y antológica exhibición del Palais de Tokio de este año. Para el brindis con vinos franceses y mendocinos, Yamil adelantó que la firma Hermès está interesada en producir diseños Le Parc.

Finalmente, la muestra inaugural de la Casa Daros en Río de Janeiro, "Cantos Cuentos Colombianos" atrajo 55.000 espectadores. La presencia de la colección suiza ya está consolidada, en toda Latinoamérica; creada en el año 2000 por Ruth Schmidheiny y Herzog, cuenta con 1.200 obras de 119 artistas de nuestra región. Para los postres, la brasileña Isabella Rosado Nunes, directora de arte y educación de Daros Latinoamérica y el teórico cubano Eugenio Valdés Figueroa junto a su equipo, les dieron una excelente noticia a los argentinos que acompañaban a Le Parc. "En marzo del año próximo, Daros presentará otro argentino, el rosarino Fabián Marcaccio", anunciaron.

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