12 de mayo 2010 - 00:00

Liberales optaron por los “tories” y Cameron ya es premier británico

David Cameron y su esposa, Samantha, al ingresar a Downing Street 10, residencia del primer ministro en Londres. Los conservadores vuelven al poder después de trece años para reformar una economía en crisis.
David Cameron y su esposa, Samantha, al ingresar a Downing Street 10, residencia del primer ministro en Londres. Los conservadores vuelven al poder después de trece años para reformar una economía en crisis.
Londres - Tras vuelcos «dramáticos» en las negociaciones para formar Gobierno en el Reino Unido, el conservador David Cameron se convirtió ayer en el nuevo primer ministro, al alcanzar un pacto con los liberaldemócratas, que consagraron a su líder, Nick Clegg, como subjefe del Ejecutivo. El saliente Gordon Brown presentó su renuncia, lo que puso fin a trece años de Gobierno laborista en la segunda economía de Europa.

En una hora electrizante, Brown anunció su paso al costado, y Cameron concurrió al Palacio de Buckingham a cumplir con la formalidad de que la reina Isabel II le encomendara formar Gobierno. Habían quedado atrás cinco días de vaivenes, en los que se barajaron todas las opciones políticas, luego de que los comicios del jueves pasado dejaran al Partido Conservador como claro ganador, con un 36% de los votos, pero sin las bancas suficientes para formar Gobierno sin aliados (305 sobre 326 necesarias).

Anoche, la canciller alemana, Angela Merkel; y el presidente estadounidense, Barack Obama, se comunicaron con el nuevo primer ministro, y ya abordaron un diálogo sobre cómo enfrentar la crisis global.

Cameron, que con 43 años es el premier más joven en dos siglos, pronosticó que será un «trabajo duro y difícil» gobernar en coalición, algo inusual en el Reino Unido, en contraste con Europa continental, pero agregó que el país tiene urgencias que afrontar, como un déficit fiscal de casi el 12%. La alianza entre los conservadores de Cameron y los «LibDem» de Clegg será el primer Gobierno de coalición del país desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

En sus primeras declaraciones frente a Downing Street 10, la residencia del premier en Londres, Cameron, junto a su mujer, Samantha, se arriesgó a decir que «los mejores días están por venir», mientras cientos de curiosos se apiñaban del otro lado de las vallas, algunos para vitorear y otros para abuchear.

«Tenemos algunos problemas profundos y apremiantes: un déficit enorme, problemas sociales profundos, un sistema político que necesita reformas. Por esas razones, mi meta es formar una coalición plena y apropiada entre los conservadores y los liberaldemócratas», dijo Cameron.

«Nick Clegg y yo somos líderes políticos que queremos dejar a un lado diferencias partidarias y trabajar duro por el bien común y en el interés nacional», dijo Cameron.

Negociadores de ambos partidos cerraron su acuerdo en momentos en que Cameron y Brown visitaban en turnos separados a la reina, lo que da la pauta de cómo se aceleraron las negociaciones.

Por su parte, Brown, acompañado por su esposa, Sarah, había deseado «lo mejor» a su sucesor. El ex líder laborista, que seguirá siendo diputado, dijo haber «amado este trabajo, no por su prestigio, sus títulos y su ceremonia, que no me gustan en absoluto». «No, amé este trabajo por su potencial de hacer más justo este país que amo, más tolerante, más verde, más democrático, más próspero, auténticamente una Gran Bretaña más justa», se jactó, pese a que un 71% de los votantes no piensa lo mismo, a la luz de los resultados electorales.

Luego de su breve declaración, el dirigente laborista, de 59 años, que fue premier desde 2007 y ministro de Finanzas durante los diez años previos, caminó de la mano de sus pequeños hijos John y Fraser por Downing Street hasta el auto que lo esperaba para ir al palacio real.

El laborista estuvo 15 minutos con la reina y poco después llegó a la sede central del Partido Laborista, donde fue recibido con aplausos y muestras de cariño de los miembros de su staff. Harriet Harman será la nueva líder laborista interina hasta que se celebren elecciones internas.

El vertiginoso giro sepultó la versión que había crecido el lunes de una «coalición de derrotados» entre liberaldemócratas y laboristas, dado que éstos se mostraban más propensos a modificar el régimen electoral para la Cámara de los Comunes, transitando desde el voto por circunscripción uninominal hacia un sistema proporcional, que sería altamente contraproducente para los conservadores.

El riesgo de consagrar un Gobierno con problemas de legitimidad producto de una alianza entre dos partidos derrotados, que sacaron un 29% y un 23% de los votos, respectivamente, fue decisivo para el paso atrás de los liberales en su pacto con los laboristas, en momentos en que se necesita un Ejecutivo fuerte para hacer frente a la crisis.

En cuanto al futuro del Gobierno, varias son las incógnitas, dadas las importantes diferencias entre los socios. Anoche se confirmó que Clegg será viceprimer ministro. Pero la casi segura designación del conservador William Hague como titular de Relaciones Exteriores marcaría un rumbo claramente euroescéptico, en las antípodas de lo pregonado por Clegg. (Ver aparte.)

Agencias EFE, ANSA, AFP y DPA

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