16 de mayo 2014 - 00:12

LIBREAR: Un anuncio que no vio la luz

Diciembre de 2012. El Gobierno había transcurrido un año económicamente difícil, pero igual surfeaba los beneficios políticos de haber ganado 13 meses antes las elecciones con el 54% de los votos. La oposición estaba aún atomizada y los economistas "opositores" le advertían al Ejecutivo, sin mucho éxito, que la combinación déficit fiscal, inflación y retraso cambiario era difícil de sostener en el mediano plazo. Un ya opositor Hugo Moyano encontraba una autopista para presionar con la falta de actualización del Impuesto a las Ganancias durante ese 2012, hit que luego tomaría también Sergio Massa. Igualmente, nada parecía molestar el avance oficial en todas las áreas posibles. Sólo había que detectar el sector donde se podía poner un pie, establecer una cabecera de playa y desde allí avanzar sin que nada ni nadie se lo impidiera. Lo esencial para todo tipo de propuestas, el dinero público, escaseaba menos que ahora.

Fue así como nació, ese día, la empresa pública LibreAr, una compañía dependiente del paraguas de ARSAT y que se convertiría en la nueva y prometedora proveedora de telefonía móvil, en competencia de igual a igual con Movistar, Personal y Claro. La idea oficial era que, con el tiempo, la principal empresa fuera la pública. Para esto tenía cautivo el gran tesoro de la tecnología de las comunicaciones vía celular: la próxima licitación de 4G, donde LibreAr operaría solo, sin los molestos cortes de señal de los móviles de las compañías privadas. Luego, con la consolidación de la empresa pública como la única con buen servicio, el desplazamiento de los privados sería cuestión de años. Quizá muchos. Pero el futuro sería inevitable para los prestadores que no fueran públicos y que se canibalizarían dentro de la atestada autopista del 3G.

La nueva operadora utilizaría el 25% del espectro radioeléctrico que, según el Gobierno, había sido devuelto por Movistar tras adquirir Movicom en 2004, y que originalmente se iba a licitar entre las operadoras de telefonía móvil existentes y nuevos jugadores del mercado que pedían pista. Esa alternativa de más actores privados quedó cancelada con el anuncio de aquel día, y desde el Gobierno se prometía que ese rol lo ocuparía LibreAr por intermedio de cooperativas y pymes, con un rol de proveedor mayorista de servicios de telefonía móvil e internet.

Incluso se aventuraban inmediatos acuerdos con compañías como Fecotel Fecosur y la Cámara de Telefonía IP (CATIP), todos miembros de Cámara de Cooperativas de Telecomunicaciones y presentes en el acto del conurbano bonaerense.

No pudo ser. Aparentemente hubo errores de cálculo originales sobre el costo real de la empresa pública sobre el sistema 4G. En el mejor de los casos, se comprobó en el tiempo, el sector público debería haber invertido de manera directa unos 2.000 millones de dólares en un primer tramo (levantamiento de la infraestructura para comenzar a operar la banda), y luego otros 2.000 millones posteriores para el desarrollo de la tecnología necesaria para operar. A su vez, se debería lograr el interés de los fabricantes de celulares (especialmente los de Tierra del Fuego) para que acompañasen la cruzada. Los primeros 2.000 millones de dólares debían invertirse además en un primer año (esto es, hasta diciembre de 2013), mientras la otra suma demandaría desembolsos parciales hasta diciembre de 2016. Obviamente, era un plan para el muy largo plazo, que superaba la actual gestión de Cristina de Kirchner, pero que incluía a su sucesor o sucesora, que en esos días de fin de 2012 sería con altas probabilidades de signo kirchnerista.

Dos factores atentaron contra la quijotada. En primer lugar, la caída en las reservas del Banco Central, ya con una economía en pleno cepo, conspiró contra las intenciones expansivas de un programa altamente demandante de dólares. Fue Mercedes Marcó del Pont quien cerró la puerta a varios funcionarios interesados en LibreAr.

Mientras se discutía la salida de dólares para estos fines, apareció el segundo jaque. En agosto del año pasado, el Gobierno perdió las PASO, la demanda de decisiones económicas se concentró en la suba del mínimo de Ganancias y en el combate contra la inflación, y ya nadie se acordaba de LibreAr. El entierro definitivo de la idea se concretó el pasado martes 13, cuando el Gobierno anunció la licitación para el sistema de 4G a los operadores privados. La necesidad de dólares para fortalecer las reservas (el llamado aportará no menos de u$s 1.000 millones) y la utopía de contar con los dólares para semejante inversión pública hicieron que la idea se archivara. No se sabe bien dónde.

@cburgueno

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