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Llamas, cada vez más atractivas

Esto, en parte, responde a los resultados que viene logrando un grupo de jóvenes criadores que van por más y, con los pies bien puestos sobre la tierra, y apoyándose en el fuerte impacto social de los camélidos, a la recuperación de las especies, y a la integración de las distintas etapas de la cadena productiva, hasta llegar a los hilados, o el plato, según se trate de fibras o de carne.
El trabajo enfoca, básicamente, cuatro especies, dos silvestres -la vicuña y el guanaco-, y otras dos domésticas -las alpacas y las llamas-, cada una con sus valores y especificidades, aunque con realidades muy distintas.
Por caso, mientras la vicuña (el más pequeño de los camélidos, y el de fibra más fina), básicamente desarrollada en el Noroeste Argentino, se encuentra protegida internacionalmente, como especie que corre riesgos de eventual extinción, con el guanaco en la patagonia pasa prácticamente lo opuesto. Su multiplicación excesiva, en algunos casos, llega a competir con la producción ovina sin que, hasta ahora, se pueda encontrar -y adoptar-, un esquema de aprovechamiento racional.
El caso de las especies domésticas es algo distinto. Por un lado, porque hay muy pocas alpacas (aunque su fibra tiene un gran potencial), mientras que la "llama argentina", es considerada casi una "marca" debido a sus singularidades, ya que por su región de origen habría absorbido muchas de las características de sus "primas" (las alpacas) en cuanto a atributos de la fibra, lustre, rizo, etc., sumándole volumen, además de capacidad carnicera, y de gran calidad, al punto que hoy la demanda de carne, aún chica, se concentra en los restaurantes más sofisticados de la región. Allí se valora la delicadeza de la textura, el sabor suave, lo magro, etc.
La fibra
Pero, por supuesto, la "estrella" es la fibra. Y, para tener alguna noción de lo que se trata, hay que saber que cada llama hembra, da menos de una cría por año, ya que su período de gestación es de casi un año (350 días).
Por su parte, cada esquila anual, promedio, de un ejemplar adulto deja unos 2,5 kilos por animal, equivalentes a alrededor de 1,8 kilo de hilado. Y esto representa aproximadamente 2 ponchos, o 5 chalinas, según los criadores.
Por supuesto que los valores en cada etapa varían sustancialmente. Así, mientras el kilo bruto de lana clasificada ronda actualmente los $ 40, ya la lana hilada asciende a $ 200, cifra que aumenta exponencialmente si se trata de una prenda. Por caso, un poncho de 600-700 gramos cotiza unos $ 1.500.
Y este es, probablemente, el punto central de la cuestión "camélido" en la Argentina, para poder transformar la actividad desde la mera producción de subsistencia, a una actividad económica plena, con gran integración transversal y de fuerte impacto social.
A su vez, es la clave, sin duda, para achicar la brecha respecto a la mayoría de los países de la región, como Chile, Bolivia, o Perú, especialmente, donde están, al menos, dos décadas por delante de la Argentina, con un desarrollo textil super sofisticado (que incluye los tejidos más delicados, y todo tipo de prenda), que se asienta, incluso, en la exportación a nivel mundial. Para verlo, basta revisar algunos de los sitios web chilenos o peruanos sobre la actividad.
Localmente, sin embargo, aunque el potencial está, y las posibilidades son, incluso, superiores a las de varios de los países vecinos, hay algunos cuellos de botella que es imprescindible remover para lograr el despegue. Por caso, es necesario tener un "programa" a nivel nacional, del que se desprendan planes provinciales, según las especies. Sin embargo, solo basta ver el nivel de actualización de la información oficial sobre el tema (en general, de 2002/2003) para caer en la cuenta de que, a pesar del impacto social de los camélidos, es poco o nada lo que se proyecta para ellos a nivel oficial. En las provincias, incluso, excepto Catamarca que tiene desde hace años un área específica en su Dirección de Ganadería (que se llevó casi todos los premios por ejemplares machos y hembras en esta muestra ganadera de Palermo), tampoco se ve demasiado trabajo al respecto.
A pesar de eso, el entusiasmo "privado" no decae, y los "Proyectos-llama" siguen multiplicándose, no solo en el NOA, sino también en Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba, Chubut y Santa Cruz, como destaca la Asociación de Criadores de Camélidos de Argentina (ACCA).
A nadie escapa, de todos modos, que la falta de una política productiva específica, por un lado, y la ausencia de la infraestructura para lograr el desarrollo industrial estratégico (lavaderos, hilanderías, energía, caminos, etc.) bloquean cualquier posibilidad cierta de transformar estructuralmente a los camélidos, de una ganadería de subsistencia en una verdadera producción agroindustrial, más allá de algunos alentadores emprendimientos individuales cuyo éxito no alcanza, sin embargo, para arrastrar al conjunto, sin que medie un programa nacional al respecto.


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