4 de febrero 2011 - 10:31

Lluvia de dólares complica más al Gobierno de Dilma

• El real apenas perdió un 1% en lo que va del año.
• Pero el Banco Central gastó u$s 15.000 millones

Guido Mantega
Guido Mantega
El panorama cambiario en Brasil se complica cada día más. Nadie duda que la herencia económica y social del Gobierno de Lula da Silva es la envidia de cualquier sucesor. Pero tampoco puede soslayarse que el tipo de cambio heredado es uno de los mayores dolores de cabeza de la administración de Dilma Rousseff.

Ayer, el dólar en la plaza paulista cerró en 1,67 real. Avanzó un 0,11% y en lo que va del año apenas ganó un 1,1%.

Para el Gobierno de Cristina de Kirchner no deja de ser una buena noticia, porque le quita presión en la carrera por mantener la competitividad del peso frente al real.

La fortaleza de la moneda brasileña parece no tener dique de contención, a pesar de la batería de medidas lanzadas a lo largo del año pasado y comienzos de este. Es uno de los temas claves en las últimas reuniones del Planalto, sede del Ejecutivo en Brasilia.

En las mesas de cambio paulista estiman que el ente monetario dirigido por Alexander Tombini ya intervino en el mercado este año con casi u$s 15.000 millones. Si bien las reservas crecieron solo 7.300 millones el mes pasado, por compras en el mercado de contado, el Central también intervino vía operaciones de swap con más de u$s 3.000 millones y otras operaciones en el mercado de futuros. Los analistas advierten que de no haber intervenido el dólar hoy en Brasil cotizaría por debajo de los 1,56 reales.

Todo esto no resulta gratis para las arcas fiscales, pero admás la dinámica permite vislumbrar que el panorama, lejos de atenuarse, empeorará. La avalancha de divisas al vecino país no se detiene. En enero, el superávit comercial solo aportó u$s 750 millones. En cambio, el canal financiero dejó un saldo positivo de u$s 11.622 millones cuando en enero de 2010 fue de u$s 1.215 millones y en enero 2009 hubo un déficit de u$s 3.550 millones.

Esto significó que el flujo de divisas fuera positivo en enero pasado, en u$s 12.371 millones. El año pasado, este superávit fue de u$s 1.075 millones.

Hay que recordar que Brasil triplicó el impuesto a las operaciones financieras de extranjeros (IOF) del 2% al 6% (hubo un paso previo al 4% pero la dosis pareció insuficiente por el entonces Gobierno de Lula). También subieron encajes para desalentar las operaciones de posiciones vendidas de cambio de los bancos (que en diciembre llegaron a un récord histórico de u$s 16.784 millones) que son apuestas a la apreciación del real. Pero en su primera decisión crítica, Dilma priorizó la lucha contra la inflación (del 5% anual) y subió la tasa de interés de referencia, Selic. Lo que fortalece el atractivo de los rendimientos de los activos brasileños, y por ende, el ingreso de capitales.

Si bien la estrategia de acumular reservas del Gobierno de Lula tuvo sus frutos y al día de hoy el Banco Central de Brasil ostenta nada menos que u$s 300.000 millones, esto tiene límites por el costo cuasi fiscal. Se estima que el año pasado le costó cerca de un punto del Producto. Solo basta señalar que cada vez que se aprecia el real frente al dólar, hay un impacto negativo por el lado de las reservas.

Quienes consideran que Dilma va a devaluar subestiman no solo al mercado, que ya ha dado contundentes pruebas de campear cualquier situación, sino también la lluvia de divisas que llegarán de la mano de varias colocaciones de deuda de bancos y empresas aprovechando el bajo costo de financiamiento. A esto se sumarán importantes ofertas de colocación de acciones que traerán más recursos financieros a la plaza paulista. No hay muchas opciones para Dilma y su ministro Guido Mantega. Por un lado, el ajuste del gasto público, sin dañar el programa de inversión en infraestructura, será un pilar; también habrá nuevas subas en los impuestos a la inversión financiera externa junto con nuevas medidas impositivas que ayuden a la competitividad de los exportadores. Claro que todo esto enmarcado en una fuerte intervención del Banco Central en el mercado contado y futuro.

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