Los “dedazos” de Cristina, un simulacro para disfrazar límites

Edición Impresa

José Manuel de la Sota se paseó el jueves por Capital. Esperó una cita a solas con Cristina de Kirchner que jamás ocurrió. Regresó a Córdoba luego de dos encuentros con Carlos Zannini. Envalijó unos vetos -hipotéticos- y la promesa de respaldo explícito.

El cordobés será proclamado este mediodía, seguramente sin competencia, como el candidato a gobernador del PJ. Como su vice anoche se perfilaba Alicia Pregno, alcalde de Laboulaye, delasotista pura. Flotaban, de todos modos, otros nombres.

Carlos Verna visitó dos veces Olivos con 10 días de diferencia. Cristina de Kirchner le ofreció exclusividad si unificaba al peronismo. El fin de semana, el pampeano terminó de acordar con Rubén Marín que la fórmula se completará con Norma Durango, su exvice.

Este jueves, Verna -exsenador y exgobernador- anotará su boleta sin la amenaza de colectoras que dividan el voto peronista y puedan tener como efecto directo la derrota del PJ en la provincia. La ausencia de listas bis fue un mandato de la Casa Rosada.

Daniel Filmus festejó, el viernes, la bendición presidencial para ser el candidato K en la Capital. Asimiló que Carlos Tomada sea su compañero de fórmula de una manera infinitamente mejor que el peronismo y el sindicalismo, que lo sostuvieron, absorbieron su desplante.

Además de la simultaneidad temporal -en Capital se inscribieron el sábado, en Córdoba hoy y en La Pampa el jueves-, los tres episodios tienen una matriz familiar: la Presidente pulseó, midió y, con pragmatismo, al final optó por figuras y esquemas autónomos.

Para darle entidad a ese simulacro, demoró decisiones, interpuso condiciones y amagó con castigos y exclusiones. Pero antes del precipicio, la Presidente recurrió al método clásico: bendijo a dirigentes que la anteceden. Y que tienen, sobre todo, juego y votos propios.

Consiguió, en ese trámite, que los tres se reporten, con cierta sumisión, ante su trono. De la Sota y Verna para pacificar un pasado cargado de tensiones y rastrear si en sus potenciales futuros Gobiernos tendrán a la Casa Rosada como aliada o como enemiga.

Lo de Filmus tuvo un costo mayor: no pudo opinar sobre su compañero de fórmula ni sobre las boletas de legisladores que llevará colgadas el 10 de julio. Además, el PJ porteño y UPCN, las cofradías políticas que lo cobijaron en este trance, fueron relegadas.

El castigo a las estructuras porteñas se registró en todos los renglones: en las comunas, vía Carlos Zannini y Juan Abal Medina, premió la adhesión del ibarrismo y el sabbatellismo, y entregó territorios a La Cámpora, que encabezará 4 listas de comuneros.

En Córdoba y en La Pampa, esa variable es difusa. En rigor, la fórmula mediterránea era, hasta anoche, delasotista. Avanzó, ayer, una alternativa para ubicar a Alejandra Vigo, esposa de Juan Schiaretti, y rondaban dos o tres ofertas de pertenencia K. En ambos casos, el armado responde a una lógica local.

La propuesta inicial del Gobierno fue que ese casillero lo ocupe la rectora de la Universidad de Córdoba, Laura Scotto, quien expuso reservas. Sonó, también, Ider Peretti, de la Sociedad Rural de Morteros, conocido por sus palabras frente al féretro de Néstor Kirchner.

La última esperanza K es el intendente de Leones, Fabián «Pipi» Francioni, cuya terminal es Julio De Vido, pero que nunca purgó su histórica pertenencia a De la Sota. Pregno, en esa grilla, sobresale por un beneficio de género: la Presidente pidió una vice mujer.

Verna, en su disputa ancestral con Marín, manoteó ese argumento y revivió la fórmula con la que gobernó entre 2003 y 2007: completó el binomio con Norma Durango, una marinista que expresa un equilibrio entre las dos líneas históricas del PJ provincial. En las dos provincias, las boletas locales estarán salpicadas con candidatos K. Las concesiones, por otro lado, tienen una cláusula gatillo: las listas de diputados nacionales serán, aseguran los operadores K, redactadas por Cristina de Kirchner. El tiempo lo dirá.

Por sus propios límites, el kirchnerismo no pudo inocular en Córdoba y en La Pampa el mecanismo del comisariato con el que ejecutó a Filmus al ponerle de segundo al ministro Tomada, que ahora deberá duplicarse entre una campaña agitada y las discusiones paritarias.

¿Qué modelo aplicará la Presidente en el armado de la provincia de Buenos Aires? ¿El del comisariato o el del líbero? De esa intriga esencial dependen las chances de los nominados a la vice. El primero excluye, por caso, a Baldomero Álvarez; el segundo, entre otros, a Julián Domínguez.

La fórmula del consenso, que agita Daniel Scioli, asoma como un paso intermedio. El gobernador planea ofrendarle a Cristina de Kirchner un nombre para que ésta lo acepte. Cristina Álvarez Rodríguez, ministra de Infraestructura, es la carta de ese plan.

En Balcarce 50 refutan la versión de que la Presidente conoce a la sobrina nieta de Eva Perón. Relatan, incluso, que cuando un funcionario la sondeó sobre Álvarez Rodríguez ella solicitó precisiones y reportes sobre su desempeño y sus vínculos políticos. El régimen rígido de imposiciones que ensayó en Capital no se agotaría solamente en las grandes ligas. La semana pasada, la Presidente recibió en Casa Rosada a Guido «Kibo» Carlotto, candidato a intendente de La Plata, y rival con sello K de Pablo Bruera.

Son contados los casos en que, a solas, la Presidente se fotografió con candidatos. (Otro fue el radical K Horacio Tellechea, competidor en Necochea). Lo de «Kibo» tiene otro matiz: el malestar acumulado de Cristina de Kirchner con Bruera y la consideración presidencial hacia Estela de Carlotto.

De hecho, Gabriela Alegre, segunda en la lista K porteña, fue ubicada en ese escalón por pedido expreso de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo.

Dejá tu comentario