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Los demócratas redefinen su dirección tras la derrota
La discusión interna pasa por diseñar un plan que capte el apoyo del electorado blanco sin traicionar a las minorías.
IMPOTENCIA. Una mujer abraza a su hija mientras escuchan, doloridas, el discurso de Hillary Clinton el miércoles en Nueva York.
"Toda la campaña estuvo mal manejada desde el principio", dijo uno. Y consideró que la situación en el centro-oeste, donde Trump logró una sensacional victoria en estados como Wisconsin, fue mal evaluada. La conexión entre la central de campaña, el partido y el círculo cercano de Clinton no funcionó, se necesita una renovación, apuntó otro.
Las elecciones representaron también un rechazo a la política de Barack Obama. Después de ocho años en el Despacho Oval, el actual presidente cuenta con cifras de aprobación mejores incluso que las del icónico Ronald Reagan, claramente por encima del 50%.
Pero a la otra mitad parece haberla olvidado. Y esa gente no quería una continuación de la política de Obama. Al menos no a través de Clinton. ¿Cuánto tuvo que ver la persona y cuánto la política en concreto a la hora de la elección? Sólo se puede especular.
"Obama y su legado político se convirtieron en los mayores perdedores del martes", aseguró Josh Kraushaar en The National Journal. The Washington Post lo expresó más brutalmente: "La pesadilla de Obama se hizo realidad".
¿Y cuáles son las alternativas para los demócratas una vez que su plan de continuidad política fracasó? ¿Están los demócratas en Estados Unidos ante el mismo dilema de los socialdemócratas de Alemania o Reino Unido? ¿Está la izquierda lejos del espíritu de la época y los conservadores pueden hacerlo mejor? Lo que está claro es que tras el fracaso de Clinton, los demócratas deben reinventarse. A nivel personal y programático. Y debe ser rápido.
En 2018 son las próximas elecciones, para la Cámara de Representantes y para el Senado. Y esa vez habrá más bancas de ambos partidos a disposición, por lo que hay mucho que perder. Si los demócratas especulan con sacar ventaja de un posible voto de castigo por la decepción de los primeros años de Donald Trump, deben actuar rápido.
Deben decidir si tiene futuro su programa, considerado de izquierda para los valores de la sociedad estadounidense y adoptar un plan para volver a captar al electorado blanco sin dejar de lado a las minorías.
Y deben llegar nuevas caras, aunque probablemente no tengan el nombre Obama. El hecho de que la primera dama Michelle haya recibido tantos elogios por su inteligente apoyo a Clinton en la campaña llevó a muchos en los medios y las redes sociales a debatir si se convertiría en la salvadora de los demócratas.
Pero la abogada y madre deberá pensar detenidamente si se lanzará a la aventura política, más aún con un resultado incierto. Por el momento no hay indicios serios para pensar que sí.
Y no hay nadie más que se llame especialmente la atención, aunque a un partido como el demócrata no le faltan miembros talentosos, como la alcaldesa de Baltimore, Stephanie Rawlings-Blake, o el senador afroamericano por Nueva Jersey, Corey Booker, un gran orador. En cualquier caso, el tiempo apremia.
| Agencia DPA |


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