El Gobierno no planea eliminar la prohibición de volar de México a la Argentina mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) no baje de 5 a 4 el grado de alerta de la gripe porcina. Por su parte, México no considerará superado el conflicto diplomático actual hasta que Cristina Fernández de Kirchner no dé marcha atrás en su decisión. Ante este panorama, los problemas entre los dos países, cuya relación hasta el estallido de la crisis sanitaria era más que positiva, persistirán. En tanto se desató ayer la polémica entre la ministra de Salud, Graciela Ocaña, y el embajador argentino en México, Jorge Yoma.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
«Lo peor que nos puede pasar es que aparezca un contagiado en el Gran Buenos Aires. Prevenir eso justifica cualquier decisión». Así contestó ayer Néstor Kirchner ante una consulta directa sobre la actitud que debía tomarse ante la escalada del conflicto entre los dos países por las prohibiciones de los vuelos de México a Buenos Aires. La conclusión fue que las restricciones deben sostenerse al menos por 48 horas más. En este tiempo, el ex presidente quiere conocer cuáles son las garantías sanitarias locales para que no haya contagiados dentro del territorio local. El propio Kirchner ordenó sostener la restricción, ya que además la situación local provoca un efecto secundario: el público y los medios se concentren en la gripe A, generada en otros países y ante la que la Argentina debe defenderse, y dejan en parte de lado el dengue, de absoluta responsabilidad de las autoridades locales. La Presidente oficializó luego la decisión, y las prohibiciones de los vuelos continuarán hasta nuevo aviso. Esto cambiaría cuando la OMS baje un grado el código de prevención, lo que a su vez dependería en parte de las garantías que México le dé a la organización internacional sobre cómo está manejando el problema y su evolución.
La decisión cayó como un balde de agua fría en el Gobierno de Felipe Calderón, considerado un amigo cercano de los Kirchner a nivel internacional. Desde este país se habló directamente de «discriminación injustificada». En Buenos Aires, el cónsul mexicano, Juan Manuel Ponce, habló ayer de «sorpresa» de «medida inconsulta» y de situación «injustificable». Aclaró, además, que la crítica no se refería a las primeras restricciones, aunque igualmente provocaron enojo en su Gobierno, sino a la extensión de la prohibición por causas relacionadas directamente con cuestiones políticas a los ojos de los diplomáticos mexicanos. Incluso algunos referentes de la embajada de ese país en Buenos Aires aseguraban que otros funcionarios del gabinete nacional explicaban, extraoficialmente, la necesidad de sostener políticamente las restricciones pidiendo la comprensión azteca. Desde la embajada no aceptaban la explicación argentina y hablaban de «sorpresa» e «injusticia». Comentaban igual la poca efectividad de la prohibición, ya que los viajeros que llegan a la Argentina provenientes de México pueden concretar el viaje en estos días pasando por Miami, Santiago de Chile, Panamá o San Pablo sin que haya restricciones para estos vuelos. Mencionaban también que el Gobierno mexicano le había garantizado al argentino que todos los pasajeros que partían de aeropuertos de ese país estarían absolutamente controlados y con la garantía de que ningún potencial afectado dejaría ese territorio. Desde Buenos Aires, a partir de las declaraciones de los 203 argentinos que fueron repatriados por la Cancillería argentina el lunes, se dudaba de esta efectividad.
En medio del complejo panorama diplomático bilateral, ayer continuó la tormenta entre el embajador Yoma y la ministra Ocaña. El riojano siguió hablando de «declaraciones desafortunadas» de la funcionaria, que había calificado a México de «hermano enfermo». La ministra mantuvo ayer el silencio al respecto, pero prometió dar más datos del conflicto el 29 de junio.
Dejá tu comentario