15 de agosto 2011 - 00:00

Los músicos emergentes tienen dónde foguearse

Actuación de Cata trío. Con Ariel Gutiérrez (voz, guitarra), Román Peusner (violín) y Manuel Heredia (percusión). (Al Escenario, 13 de agosto).

Buenos Aires es una permanente caja de sorpresas, inclusive para quienes están acostumbrados a recorrer la copiosa cartelera. Y a ese surgimiento constante de nuevos lugares y propuestas, hay que agregar una vieja casona inteligentemente reciclada, en pleno corazón del barrio de La Boca (a pocas cuadras de la Vuelta de Rocha y Caminito pero a la vez distante del circuito turístico más habitual), abierta hace poco menos de un año, con una oferta gastronómica sencilla, que cada fin de semana se convierte en una muy interesante vidriera para artistas jóvenes. La idea de programación, en ese sentido, es bien original: por un acuerdo que hicieron con el grupo Apolo (un colectivo de estudiantes de diferentes carreras de arte del IUNA), es posible encontrarse con músicos, actores y cantantes, entrenados profesionalmente pero todavía sin el cartel de las figuras consagradas. Eso permite simultáneamente dos cosas: trabajar con gente que está en una etapa de creatividad y entrega «casi pura» y, al mismo tiempo, permitir una circulación de público -amigos, parientes, colegas- que redunda en beneficio para todos. Regenteado por un matrimonio francés que hace ya años vive en nuestro país y vive de otras actividades, Al Escenario está bien equipado en términos de luces, aunque por decisión estética -así lo manifiestan y suena creíble considerando el resto del equipamiento técnico- no hay amplificación de sonido, obligando a los intérpretes a llegar al público sin otra intermediación que la potencia de su voz o de sus instrumentos.

La noche que asistimos, el protagonista era el Cata trío, un conjunto cuyo puntal es el catamarqueño -de allí el nombre- Ariel Gutiérrez, el cantante del grupo y autor de buena parte de los temas. Desde arreglos sencillos de guitarra, violín y percusión, Gutiérrez se hace más interesante en los temas folklóricamente más potentes (chacareras, huaynos, cuecas, escondidos, vidalas, chayas), en una mezcla que combina composiciones de su propia cosecha con piezas conocidas como «El puente carretero», «Del tiempo i mama», «Vidala de la copla», «La alabanza», «El escondido», «La sachapera», etcétera. Su voz, en cambio, encuentra dificultades en los agudos (verbigracia, «Doña Ubenza») y su expresión se hace más previsible en temas que apuntan a lo sensible, como en la canción dedicada a su madre. Con eficiencia y la apoyatura rítmica y melódica necesaria, lo acompañan Román Peusner en violín y Manuel Heredia en percusión.

R.S.

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