En la entrada del barrio de Tawaré, bastión de los islamistas radicales en el campo de Ain Helué, en el sur del país, ondea además el estandarte negro del grupo Estado Islámico (EI), dirigido por Bagdadi. Los habitantes aconsejan a los periodistas evitar esta zona, donde incluso los grupos palestinos armados se quedan afuera.
Abu Hajer, un yihadista palestino de unos veinte años, explica vía Skype sus idas y venidas del campo al frente de batalla en Siria, donde combate contra el régimen de Bashar al Asad en las filas del Frente al Nusra, rama siria de Al Qaeda. "La primera vez permanecí tres meses en Siria", explica. "Luego regresé a Ain Helué debido a una herida en el brazo izquierdo", confía. "Voy y vengo", agrega, confiando hacer realidad su sueño de convertirse en "mártir". Buscado por las autoridades libanesas, Hajer afirma utilizar documentos de identidad falsos
e ir cambiando su aspecto físico, afei-tándose o llevando una gorra.
Ain Helué es el mayor de los 12 campos de refugiados palestinos en Líbano, de 1 km². Se trata de un laberinto de calles estrechas, donde viven hacinados 55.000 habitantes, según la ONU, a los que se añadieron 6.000 palestinos que escaparon de Siria.
Este lugar siempre fue tierra fértil para el radicalismo, y con el conflicto sirio, los servicios de seguridad libaneses detectaron al menos a 46 jóvenes que partieron con destino a Siria, además de los que van y vienen.
"No hay una presencia oficial del Frente al Nusra ni del EI en el campo", afirma Jamal Hamad, un islamista radical entrevistado en el barrio de Safsafé, contiguo a Tawaré. "Pero algunos muestran simpatía por Al Nursa, otros por el EI". Hamad es un dirigente de la "Juventud musulmana", a la que define como un "mosaico de jóvenes yihadistas" nacido con el conflicto sirio.
Según un responsable de los servicios de seguridad libaneses, esta formación reagrupa a islamistas radicales, criminales o personas buscadas por la Justicia por atentados en Líbano. Son sospechosos de entrenarse en el campo.
Hamad defiende el "derecho a la yihad en Siria", si bien no admite abiertamente que los miembros de la "Juventud musulmana" combatan en ese país.
Consultado por la prensa, el responsable de la seguridad del Al Fatah palestino en Líbano, el general Sobhi Abu Arab, estima que el fenómeno sólo afecta a una "minoría". "Algunos regresan poco convencidos o decepcionados" de Siria.
Munir Maqda, jefe de las fuerzas de seguridad palestinas en Líbano, asegura que "los que viajan a Siria no tienen más de 17 años". "Es una generación inconsciente", dice.
Confinados en zonas miserables, los jóvenes palestinos apenas tienen salidas en Líbano, donde se les prohíbe ejercer numerosas profesiones. En las entradas del campo, el ejército libanés inspecciona los autos, y las mujeres soldado registran a las mujeres con niqab.
El auge de la influencia yihadista preocupa a los habitantes del campo, que ya se encuentran marginalizados. "Vivimos momentos de tensión, y no tenemos ni para comer", lamenta Fadi en su choza. "Se van a Siria para ganar dinero", lanza Rafé, de 23 años.
A estos refugiados les inquieta además que puedan darse combates similares a los que en 2007 dejaron centenares de muertos y destruyeron el campo de Nahr al Bared (norte de Líbano), donde se enfrentaron el ejército y un grupúsculo islamista.
| Agencia AFP |


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