Macocos: cuando el circo recrea la memoria histórica

Edición Impresa

Daniel Casablanca, histórico integrante de Los macocos, concibió junto a sus compañeros la nueva obra del grupo, «Todo a la basura» que se estrena el 14 de julio en el Teatro de la Ribera. Pero por su dedicación full time al éxito del año, «Toc Toc», tuvo que dar un paso al costado y hace, según sus palabras, el «apoyo logístico». El elenco de «Todo a la basura» está integrado por Martín Salazar, Gabriel Wolf (Los macocos) y Dan Breitman (el reemplazo de Casablanca) bajo la dirección de Ricardo Talento (director del grupo Catalinas Sur).

Casablanca aparece en TV junto a «Los macocos» en el ciclo de Paka Paka y expresa: «Nos gustaría seguir investigando ese lenguaje porque sentimos que a veces el humor está faltando en TV, un humor con contenido».

Periodista: La obra combina a varios «Carlitos» y se sitúa en un futuro donde todo es un basural ¿cómo se desarrolla?

Daniel Casablanca: Está basada en «El inmoral», que se sitúa en el año de la muerte de Gardel, en 1935, en una función de circo criollo. Todo lo que hicimos nosotros en la adaptación fue trasladarla al 2935, cuando el mundo es un basural y una compañía de circo intenta reconstruir la memoria y el mito de Carlos Gardel. No se habla de él directamente sino que se alude a «El Gran Carlitos», con todo lo que esto significa en el futuro: se dice que fue corredor de autos, se le asigna la frase «Que gusto tiene la sal», se recuerda que fue presidente, es decir, todos los Carlitos emblemáticos. Pero sobre todo hacemos énfasis en el que «cada día canta mejor».

P.: ¿Tiene tono apocalíptico?

D.C.:
Es cierto que cualquier obra ubicada en el futuro siempre es medio apocalíptica; menos «Viaje a las estrellas», todo. A partir de Bradbury, hablar de futuro es pesimista. Pero no sólo por la podredumbre o la destrucción del hombre por el hombre sino también la pérdida de la memoria, que también está un poco en «Farenheit 451». Se plantea que existe algún poder superior, un jefe que decide destruir los microchips o todo tipo de información que pueda haber del pasado, porque eso permite mayor capacidad de poder y de menor rebelión. Todo esto ubicado en el corazón de Buenos Aires, en La Boca.

P.: Siempre sitúan sus obras en el pasado y nunca en la actualidad, ¿Hay alguna razón para ello?

D.C.:
Tal vez en algún sainete podemos traer a cuento determinado episodio informativo de la actualidad, pero desde la dramaturgia nunca nos centramos en el presente. Nos interesa saldar deudas con algunos episodios de nuestra historia que nos tuvo ausentes en su momento, simplemente porque eramos muy jóvenes pero también muy tontos. Por ejemplo la obra sobra Malvinas, sentimos que fue una suerte de tributo de «Los macocos» a una generación.

P.: Cuando estrenó «Toc Toc» ¿creyó que para esta época podría participar, como siempre, con Los macocos?

D.C.: Claro, yo palpité tres meses de funciones con «Toc Toc» y nunca imaginé tal fenómeno que me encuentra hoy con ocho funciones por semana, que me consume horarios. Son seis horas por día en el teatro y sigue hasta fin de año. Así que con Los Macocos pensamos en Dan Breitman para la actuación, que está brillante, y contamos con músicos impresionantes en escena, además de los acróbatas. Son esas cosas que nos permiten las coproducciones con teatros oficiales.

P.: ¿Cómo alternan en «Los macocos» el trabajo con el teatro oficial y sus producciones independientes, más chicas?

D.C.:
Es interesante porque podemos hacer un espectáculo grande y luego uno chiquito, de cámara. Aunque los chiquitos son comerciales porque estrenamos en sala comercial, no en el circuito off, aunque se trata de una producción nuestra. Y los grandes involucran artistas invitados, bailarines, danza, canto comedia musical, acá hay acróbatas y proyecciones. Algo que sólo se puede hacer a través de un ente oficial porque sino para nosotros no tiene mucho sentido.

P.: ¿Cómo asimila el éxito de Toc Toc, que agota entradas ni bien salen a la venta?

D.C.:
De repente uno ensayó, estrenó, hizo una temporada, y eso es el teatro comunmente. Pero nos dimos cuenta de que estábamos en un éxito que va mas allá de lo teatral, lo artístico, la evaluación técnica, la dirección o dramaturgia. Esto tiene que ver con algo que sucede y que le pasa a la gente. Y hay que estar psicológicamente preparado para aceptar ese nivel de demanda, porque función que ponemos se vende, estamos por llegara a la 200.

P.: ¿A qué atribuye el fenómeno?

D.C.: Buenos Aires es una ciudad muy teatrera y el tema terapéutico y psicoanalítico pega mucho. La producción decidió que no se hiciera con actores mediáticos sino con artistas que conocen su profesión. Y la gente lo acepta y esta muy bien hecho. Si le suma el éxito y la locura de gente de conseguir entradas, es todo un fenómeno.

P.: A algunos de los actores les afectó esto de los trastornos obsesivos compulsivos en la vida cotidiana, ¿fue su caso?

D.C.:
Por suerte no, aunque soy un hipocondríaco, siempre hay una posibilidad para morirse, sobre todo cuando uno hace función todos los días, es una pequeña batalla diaria, entre la vida y la muerte. Uno entra en una situación medio mágica y los TOC aparecen, están siempre aunque uno muchas veces no le pone palabras.

P.: ¿En qué otros proyectos trabaja?

D.C.:
Macocos va por la segunda temporada en Paka Paka, que se estrena en octubre y con ganas de una tercera experiencia el año que viene. Siempre quisimos hacer TV, que de por sí es difícil, pero antes hicimos teatro y hasta libros, pero la TV se postergaba, Y también para este año llegará «Don Quijote de La Pampa» para el Cervantes, dirigida por Omar Calicchio.

Entrevista de Carolina Liponetzky

Dejá tu comentario