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Macri visita la AMIA con reservas
Macri vio deteriorarse su vínculo con parte de la comunidad judía a partir de las escuchas sobre Sergio Burstein, uno de los integrantes del grupo Familiares y amigos de las víctimas del atentado contra la AMIA, y que involucraron al jefe de la Policía Metropolitana Jorge «Fino» Palacios.
Sin embargo, sólo cosechó aplausos en sus apariciones recientes en actos comunitarios: los aniversarios de los clubes Hacoaj y Macabi, el encendido de las velas de Janucá de las dos corrientes religiosas más importantes, el premio que recibió su jefe de asesores Claudio Avruj por parte de Sociedad Hebraica por su rol y el de Macri en la «liberación» de un terreno que tiene esa entidad en el Bajo Belgrano, bloqueado su uso por un juez durante más de dos décadas por razones poco claras.
Seguramente con estos antecedentes en mano Macri se decidió a regresar al edificio de Pasteur 633. La única oposición conocida a su presencia allí fue la del propio Burstein, quien en declaraciones a la agencia AJN dijo que esperaban que las autoridades de la casa le impidieran al jefe de Gobierno colocar una ofrenda floral en el monumento que recuerda a los muertos en el atentado. Burstein dijo que no concurrirá a la casa porque confía en que las autoridades harán cumplir su deseo.
El grupo que encabeza Burstein es hoy el que mantiene posturas más cercanas al Gobierno de Cristina de Kirchner, después de que ésta -cuando era senadora y ya como Presidente- tuviera a otro grupo, Memoria Activa, como su preferido en el tema del atentado. La situación dio un giro copernicano, y Memoria Activa (que fue cofundada por Sergio Bergman, hoy totalmente alejado del grupo) tuvo duros conceptos contra el ministro de Justicia, Julio Alak, por haber prometido a Donzis una pronta sanción de una ley que permitirá que los sobrevivientes del atentado reciban una reparación económica.


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