11 de julio 2017 - 00:00

Macri volvió del G-20 y se hizo cargo de la campaña con Vidal

La definición de las listas bonaerenses fue un anticipo de la estrategia que seguiría el oficialismo. El Presidente confirmó que habrá nacionalización de la campaña. Curiosa decisión en una legislativa.

“Las hijas de Eva”. Macri y Vidal visitaron a mujeres de una cooperativa en Pilar en un gesto al electorado peronista que todavía no capturó Cambiemos. Carrió desembarca en provincia de Buenos Aires la semana próxima.
“Las hijas de Eva”. Macri y Vidal visitaron a mujeres de una cooperativa en Pilar en un gesto al electorado peronista que todavía no capturó Cambiemos. Carrió desembarca en provincia de Buenos Aires la semana próxima.
El regreso de Mauricio Macri de la convulsionada cumbre del G-20 confirmó las estrategias de campaña que Cambiemos fijó en el último mes. Cuando el Presidente decidió que la lista bonaerense estuviera encabezada por Esteban Bullrich para el Senado y Graciela Ocaña en Diputados, todo el oficialismo supo que la campaña se controlaría directamente desde la Casa Rosada. La batalla bonaerense con Cristina de Kirchner a la cabeza del peronismo nunca quedó a medida de Bullrich y Ocaña, sino más bien de Macri y María Eugenia Vidal.

Debe reconocérsele a la gobernadora el temple de mantenerse orgánica ante decisiones que no comparte. En el armado de listas algo de eso hubo, sobre todo en las negociaciones finales en las que intervino directamente Marcos Peña.

Una curiosidad política envuelve a todo este proceso. Macri se sube a la campaña y con eso, aunque no guste reconocerlo a Cambiemos, nacionaliza la batalla. Es decir, siempre que un presidente pone la cara en una puja electoral, está poniendo también en juego su gestión que siempre se evalúa a nivel general (sería imposible pretender otra lectura) y no por el distrito en el que se desarrolla la pelea.

Macri le pone así la cara a la campaña, especialmente en el distrito más complicado, y se arriesga a no poder evitar que el resultado le sea mostrado luego como un referendo sobre su Gobierno, un efecto al que se arriesga todo mandato en la elección de renovación legislativa de medio término, aquí o en cualquier otro lugar de la Tierra. El problema es que, normalmente, los presidentes intentan evitar ese efecto y no buscarlo.

En el caso de Cristina de Kirchner, la situación es absolutamente distinta. La expresidente desaría poder hacer nacional la campaña, pero no puede. Cada PJ provincial se ha definido por mantenerse alejado de la puja bonaerenense; es decir, de reconocer a la expresidente como cabeza del peronismo. Sea cualfuese el resultado, los caciques provinciales del peronismo ven con preocupación que Cristina se siente en el Senado y desde allí siga alimentanto la polarización con el Gobierno que también Macri acunó desde el principio de su mandato como estrategia esencial de supervivencia. No hay gobernadores peronistas hoy que parezcan dispuestos a sentarse a tomar un café con la expresidente. Tampoco con Florencio Randazzo o Sergio Massa. Esa es discusión para otro tiempo.

Macri visitó ayer Pilar junto a Vidal. Aterrizó en la Cooperativa las Hijas de Eva "Ellas Hacen", acompañados también de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. Bajo la lluvia llegaron Macri, Vidal y Stanley, quienes tras dialogar con las cooperativistas supervisaron la producción de mesas de madera pintadas. Tipica actividad de campaña que estaba prevista desde antes que se marchara a Hamburgo para la cumbre del G-20.

Desde allí Macri marchó a la residencia de Olivos para encabezar a partir de las 15 una reunión de coordinación de Gobierno.

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