6 de julio 2011 - 00:00

Makowicz: “No hay límites entre lo clásico y lo popular”

Makowicz: “No hay límites entre lo clásico y lo popular”
Adam Makowicz nació en en 1940, en el seno de una familia polaca, en Hnojník, una localidad que ahora pertenece a la República Checa. El final de la guerra lo obligó a emigrar a Polonia con su familia y allí hizo su primera formación como pianista. A contrapelo de lo que indicaba su entorno, se entusiasmó con el jazz, y desde muy joven abordó por igual el género afro-norteamericano y la música clásica europea. Con una sólida carrera en Europa y los EE.UU., hace unos años se radicó en Toronto. Su enorme historia con el instrumento y la composición, lo han llevado a grabar una gran cantidad de discos, a compartir escenarios con orquestas sinfónicas y solistas ilustres, a dar centenares de conciertos y hasta a ser comparado con su admirado Art Tatum. Makowicz llegará por primera vez a la Argentina para tocar en el teatro 25 de Mayo el próximo viernes, con entrada gratuita, con el auspicio de la embajada de Polonia. Dialogamos con él.

Periodista: Siendo que usted trabaja por igual en los territorios de la música clásica y de la popular. ¿Considera que se van perdiendo los límites entre ambos?

Adam Makowicz: Siento que no hay límites para absorber las distintas clases de música, combinarlas con las ideas y luego crear un lenguaje propio. Los artistas de hoy escuchan todo tipo de música: moderna, pop, country, clásica, folk, jazz, jazz contemporáneo, etc. Y esta diversidad es una fuente muy importante para mejorar la calidad musical. Compositores como Debussy o Ravel estuvieron muy influidos por el jazz. Al igual que otros solistas clásicos como Yo-Yo Ma. No importa qué tipo de jazz toquen, ellos crean melodías que son originales y representativas de sus propias ideas. En la improvisación hay otro trabajo, en la creación de distintas versiones de la melodía original, y no hay límites para eso.

P: Cuando improvisa sobre la música clásica, ¿trabaja ese material como se hace tradicionalmente con los «standards»?

A.M.: Es difícil explicar por qué, por ejemplo, a Chopin lo improviso de distintas maneras, pero por lo general tengo mucho cuidado de que no se pierda el modo en que está escrita la composición. Esto tiene más que ver con la audiencia y lo que desean escuchar y el tipo de público que se presenta; Chopin va más dirigido al público de música clásica, que es distinto al público específico de jazz.

P.: ¿Qué lo llevó a instalarse en América para continuar su vida y su carrera?

A.M.: En Polonia yo tomaba clases de formación de música clásica, pero siempre había estaba fascinado por el jazz, sentía mucha curiosidad. El jazz estaba prohibido a principio de los 50 en forma pública y para aprender y poder tocarlo con los mejores, había que ir a los EE.UU., a los lugares donde nació esta música: Nueva Orleans, Chicago, Nueva York. De hecho, los mejores artistas de jazz viven allí. Nueva York siempre había sido mi sueño cuando vivía en Polonia y finalmente en 1978 me mudé, y allí recibí la mejor formación de jazz. Aprendí también cómo sobrevivir en un lugar difícil.

P.: ¿Por qué entonces la mudanza posterior a Canadá?

A.M.: De hecho, yo vivo en dos ciudades: Nueva York y Toronto. Hace cinco años, durante una gira, conocí en Toronto a una hermosa mujer con la que me casé tres años después. Así es que pasamos la mitad del año en Nueva York y la otra en Toronto.

P.: Sabemos que en Buenos Aires tocará junto a un trío de Jorge Navarro. ¿Qué sabe de este músico argentino?

A.M.: No lo conozco personalmente porque nunca he estado en Argentina, pero sí lo he escuchado mucho por la web y puedo decir que es un pianista maravilloso, y disfruto escuchándolo tocar con su banda. Estoy ansioso porque llegue el momento de conocerlo y compartir el concierto en Buenos Aires.

P.: ¿Qué información tiene sobre la música y los músicos de nuestro país?

A.M.: Sé que el tango se toca bien sólo en Argentina y por músicos argentinos, por el sentimiento inigualable. Allí se lo toca desde el alma. Conozco bien a Astor Piazzolla, por poner un nombre muy popular en Europa y EE.UU. Sé también de un guitarrista extraordinario, Juanjo Domínguez; lo escuché haciendo «Adios Nonino» y su interpretación sobrepasó mi imaginación, al ver cómo un instrumento podía sonar tan maravillosamente. Me encantaría ir a visitar los lugares donde nació el tango, y tocar y bailar allí. Tendría que escuchar, observar a la gente cómo baila y sentir esos clubes o lugares que seguramente son pequeños. Ojalá puede hacer algo de eso.

P.: En lo profesional, ¿cómo espera este debut argentino?

A.M.: En principio diré que será un viaje largo de unas 16 horas: primero voy a Florida, luego estaré 13 horas cambiando de avión, y de ahí en más cualquier cosa puede suceder. Para mí, lo importante es el piano y el lugar del concierto. Necesito ver cómo responde el piano, cómo está el sonido, probar la acústica del teatro y básicamente estoy preparando algo de música clásica como Chopin, y algunas de las más hermosas canciones de algunos compositores norteamericanos populares como Gershwin o Cole Porter, y me encantaría cantar una de esas canciones bien conocidas en la Argentina. Querría agregar que invité a Jorge Navarro a tocar juntos algunas canciones, y vamos a tener dos pianos en el escenario.

P: ¿Puede dar más precisiones sobre su repertorio?

A.M.: No en detalle. Como le decía, la mayor parte está basado en canciones populares y algunas composiciones clásicas. Con los músicos argentinos tocaremos juntos «standards» conocidos por ambos, pero la parte más importante de la música es cuando improvisamos y entonces tenemos que escucharnos unos a otros y crear juntos algún tipo de tensión. Eso es lo emocionante del jazz.

Entrevista de Ricardo Salton

Dejá tu comentario